domingo, 27 de julio de 2008

LA "GRINGUIDAD" COMO BANDERA PELIGROSA

Por Flavio Dalostto
"Somos gringos", "Yo también soy gringo", son algunas entre las tantas expresiones que se escucharon durante el período más hostil del conflicto entre el agro-poder y el gobierno nacional. Estas expresiones que parecen anecdóticas, esconden un racismo solapado, muchas veces inconciente, en vastos sectores rurales y de la clase media argentina.
En el fondo, por tradición cultural, por instrucción sarmientista, estos sectores en mayor o menor grado sienten desprecio por las otras raíces culturales que han construido y construyen la nación argentina. Un desprecio expresado minimizadamente en chistes, refranes (la viveza siempre es "criolla"), los payasos disfrazados de gaucho en los festivales folklóricos, en las jineteadas, en los programas de televisión (la paraguayita de "Bella y Benny), que solo mueven a risa cuando todo el país está "en armonía"; pero cuando los "gringos" (no los indios) pintan sus tractores para la guerra, el criollo y el indio se convierten en la cara desfigurada de todo lo que no es deseable en la Argentina. Cuando estos ruralistas y clasemedieros están diciendo "Soy gringo (laburante)", por descarte, también te están diciendo "No soy Criollo (vago)", "No soy Indio (haragán)".
En Bolivia (siempre hay que mirar a Bolivia), hace unos tres años no se había manisfestado abiertamente el racismo virulento que hoy padece ese país. Fue en ese poco tiempo que los líderes autonomistas de Santa Cruz, empezaron a sembrar la famosa antinomia "collas-cambas", autodesignándose a sí mismo como modernos "cambas" frente al atrasado "colla", culpando a estos últimos como los responsables de todos los males de Bolivia. Un sector de la gente cruceña tilda a los "collas" como "estorbo, pérdida de tiempo, flojos, sucios, desordenados, cobardes, torpes, llorosos, moscas, bestias, brutísimos animales irracionales bípedos humanoides, hediondos, feos, miserables, desesperados, inútiles, inoperantes, piojentos, cochinos, asquerosos y malditos". Estos grupos anti-colla han desarrollado organizaciones juveniles abiertamente racistas que utilizan símbolos y saludos nazis, como la "unión juvenil cruceñista" y "nación camba", y agreden a los pobladores que tengan algún aire altiplánico. Estos grupos exaltan su condición regional "camba" como si fueran una raza superior, más europea que indígena. Lo real es que estos "cambas" son tan indios como los collas, pero una enorme negación hacia sus orígenes, fue transformado en odio racista por los líderes autonómicos y los medios de comunicación bolivianos.
No. no es exageración, porque hace solo tres años, la oposición camba-colla, también estaba (como en Argentina la gringo-criolla) circunspecta a chistes, cargadas "inocentes", refranes, burlas en programas cómicos. Solo era parte del folklore donde se humillaba "humorísticamente" al que pertenecía a otra provincia o etnia. Solo tres años más tarde, se convirtió en una fuerza odiosa capaz de matar al otro solo porque lleva un gorrito "a lo chavo del ocho".
Como decía "el principito", la mala hierba se arranca cuando es chiquita. Los ruralistas que exiben la "gringuidad" como bandera de superioridad, deberían saberlo también.

viernes, 25 de julio de 2008

LA GUERRA GAUCHA, EL RACISMO Y EL "NEGRO" FONTANARROSA

Enviado por Melina Alfaro
Autora: María del Rosario Solá
Echeverría también estigmatiza de salvaje a la indiada en La Cautiva. Inodoro:-Los indios estuvieron siempre ahí, blancos de cal, comiendo choripanes, haciendo la pesada de la hinchada, poniendo el gas en la vereda.
La reaparición de la indiada En un país en donde todavía se utiliza la palabra negro como insulto importa recordar que Inodoro Pereyra, el gaucho inocente y sus visitantes, los escuálidos indios derrotados y posmodernos fueron una silenciosa, delicada y desperdiciada invitación a la fraternidad. Mesiánico, el Negro, había tratado de coser esa herida de desprecio, reinstalando a comienzos del siglo XXI a los viejos caciques. Silenciosos, reciclados, de taparrabos, escuálidos y a la vez panzones como corresponde a la gente que come mucho y mal, de a poco, de la nada, en el desierto pampeano aparecía nuevamente la indiada. Venían tomando gaseosa, escuchando radio, con anteojos negros, haciendo un tour, vendiendo ¿dónde estaban? Los indios estuvieron siempre ahí. Fontanarrosa los veía pasar por el centro de Rosario desde la ventana de El Cairo mientras tomaba café con los muchachos. Indios urbanos, blancos de cal, comiendo choripanes, haciendo la pesada de la hinchada, poniendo el gas en la vereda, vestidos de canas, de gendarmes rasos, con gorras de raperos, con claritos, con piercing con tacos y minifalda, de a dos de a tres de a cien, y a veces mirando minas en su propia mesa por las sucias vidrieras de El Cairo, entre los tanos, los turcos y los rusos . Y él, que casi no conocía el campo, les armó un malón. La guerra de la literatura Hernández y Fontanarrosa, en nombre del gauchaje , se llevaron el premio de otra guerra. Dice Javier Cercas de los escritores del franquismo, que ganaron la guerra civil pero perdieron la guerra de la literatura. Algo así pasó con los gauchos. Aunque Sarmiento es uno de los grandes escritores del XIX por el esplendor del "Facundo", leerlo nos convence poco acerca del progreso que provendría de regar la pampa con sangre gaucha. Por el contrario, como ha dicho Pedro González, es de su "hospitalidad con los antagonismos" y no del triunfo de la "civilización sobre la barbarie" de lo que se alimenta la vigencia de un libro que contradice las teorías de su autor. Esteban Echeverría, en cambio, la otra pluma brillante del XIX, romántico a la europea y por lo tanto en línea con la reacción melancólica frente a la revolución industrial, se ensaña con la incipiente clase obrera argentina representada por los mulatos de los mataderos, portadores para su autor de todos los defectos estéticos, morales y políticos imaginables, historia matriz de nuestro seudo- progresismo racista. Echeverría también estigmatiza de salvaje a la indiada en La Cautiva, aunque le parece más digna de estilización romántica. Pero si las cosas podían ser peores en materia de derrotas para los gauchos lo fueron y a fin del siglo XX los descendientes de los gauchos y de los indios se degradaban en una marginalidad irrespirable en donde a los bienes materiales perdidos se sumaba la dignidad y la sabiduría olvidadas. Tan genial como Hernández, Fontanarrosa, en medio de un fin de siglo cruel, pone en escena un antihéroe, mucho más inocente que Homero Simpson pero a la intemperie. Solo, lejos de la civilización, en un mundo que de tan vacío a veces no tiene ni horizonte, el Inodoro es un fantasma afectuoso, desconcertado, amable, sin la amarga lucidez, ni las agallas, ni la belleza de Fierro, sin la tristeza errante de Santos Vega, pero también sin la sicología del quebrado que cultiva el Vizcacha, precursor del menemismo. Pereira es un hombre desgarbado y narigón que insiste en no comprender el mundo y nos trasmite la fantástica idea de que a la posmodernidad es preferible tomarla en joda hablando con los loros, el perro, el sauce y las hormigas o bravuconearla a facón. Como Fierro, este gaucho derrotado y hecho a plumín se gana la guerra de la literatura. Fontanarrosa no conocía el campo Dicen algunos que Roberto Fontanarrosa apenas conocía el campo. Es verdad. Pasó gran parte de su vida mirando rosarinas desde las vidrieras de El Cairo. ¿Tiene importancia?. Borges ya explicó esto con lucidez y dice respecto a la literatura gauchesca "Derivar la literatura gauchesca de su materia, el gaucho, es una confusión que desfigura la notoria verdad."..."Las guerras de la independencia, la guerra del Brasil, las guerras anárquicas, hicieron que hombres de cultura civil se compenetraran con el gauchaje; de la azarosa conjunción de esos dos estilos vitales, del asombro que uno produjo en otro, nació la literatura gauchesca." Esto es hermoso y clave: " del asombro que uno produjo en otro ".¿qué nos ha quedado de ese asombro?. La guerra gaucha Asistimos en estos meses a la supuesta guerra que llamaron gaucha en la cual los descendientes de los gauchos no estaban. Tanto racismo vimos por TV y en nuestras oficinas que me ha dejado la sensación de que lo que nos estuvo diciendo el Negro, mientras nos hacía llorar de risa, había sido inútil. Me pregunté muchas veces durante estos días tan paradójicos qué hubiera pensado Fontanarrosa y porqué cornos no estaba, justo ahora. Pero se algo. Si el Negro hubiera estado vivo y dibujando y hubieran llegado los piquetes de los ricos en sus cuatro por cuatro, con los tractores y los rayban al rancho de Inodoro, y el Mendieta, nos habríamos reído tanto, tanto y Lanata y su gente hubieran tenido pudor y no se hubieran atrevido a llamar a esta cruzada por dinero, guerra gaucha.
El Correo-e de la autora es Maria del Rosario Sola mariadelsola@gmail.com

TESTIMONIOS: 12 ARGENTINOS MUERTOS POR ERROR

Gustavo Mondini, es un personaje de Las Flores, simpático,afectuoso, trabajador, bombero y comerciante, ex soldado combatientede la guerra de Malvinas, con el grupo de Artillería de Defensa 601de Mar del Plata.En el Norland nos trajeron encerrados todo el viaje, veníamos tresen camarotes de dos camas.Me pusieron con un cabo y un PM, ante la duda agarré la cama dearriba. (Risas) Cada dos horas nos pasaban 3 cigarrillos por debajode la puerta, en esta había una cartulina verde y un papel quedecía : - Quiero ir al baño - Necesito un médico. - y otras frasesescritas en Español e Inglés.Recuerdo que me dolía una muela ; pasé la tarjeta verde por lapuerta y al guardia que caminaba por el pasillo le dije necesito unmédico. Me llevaron a enfermería, era como una Clínica Privada deBs. As. ; el dentista me echó un atomizador y hasta el día de hoyjamás volvió a dolerme.Con el tema de los gurkhas, ellos usaban unas pastillas rojas quenosotros le diríamos antidesangrantes se las ponían en las heridasde balas y dejaban de sangrar.Soy Perito Mercantil y había estudiado 4 años de Inglés y Francés,así que algunas palabras manejaba.El oficial inglés a cargo del piso nuestro, me contó que tenía mujery tres chicos y que a la mujer le faltaban 6 días para tenerfamilia, me dio una tarjeta personal con su dirección, me dijo quesi andaba por Inglaterra lo visitara.Recuerdo que en el pasillo jugábamos al policía y ladrón. Me dio suarma y pidió que lo apuntara. Lo tomé y ante mi sorpresa, dio unavuelta en el aire, me quito la ametralladora y quedo apuntándome;luego me abrazó.Tendría 40 años y decía que podíamos ser sus hijos mayores connuestros 19 años.Otra de las cosas que nos llamó la atención fue cuando caímosprisioneros en la Isla; Nos llevaban en grupo y había que limpiar laciudad de las cosas que habíamos tirado para correr más rápido.A los soldados nos ordenaron sentarnos y hacían trabajar a lossuboficiales y oficiales. Los cabos gritaban soldados vengan y losingleses ordenaban: ¡sentados! Llegó un momento que parecíamos todossoldados porque algunos zumbos se sacaron las tiras para no hacerlescaso.En mi grupo teníamos un solo oficial, el Teniente Ferrer comopersona una barbaridad, como militar para mí dejó mucho que desear,tanto, él como los suboficiales.Anécdotas estúpidas, como estar armando la casamata y al escucharexplotar una bomba sin saber de donde venía, nos tiramos cuerpo atierra, y un cabo 1° gritarnos : ¡soldados cagones ! ¡Soldadoscagones !, Hay que tirarse al suelo cuando la bala pegó en lostalones y nos bailó como 10 minutos.Tal es así que un rato después cayo otra bomba. Permanecimos todosparados y el cabo 1° estaba en el suelo y un loco de atrás legritó ; ¡cabo 1° cagón! Al ver que estábamos parados, de bronca nosbailó igual.Una noche matamos una vaca, para comer alguna vez carne. La fuimospreparando, la trajimos y le gritamos ¿¡ alto, quien vive!? Y claro,la vaca no contesto y la hicimos fleco. El Teniente se enojó y se laregaló a los de Infantería de Marina; dijo que lo habíamos hecho apropósito. (En eso estaba en lo cierto).Al otro día le fuimos a pedir a los infantes algo de la vaca, ya quela habíamos matado nosotros.Nos ayudó el cabo Orellana, por esa acción lo degradaron en Malvinasy lo pusieron en calabozo de campaña.Recuerdo en otra oportunidad. .. Nos daban una charla y yo melevanté, el cabo 1° Salas me dijo, que le pasa soldado ¿tienemiedo? - Le respondí que no, pero, pero para que me voy a bajonearhablando de muerte y bombas que no le hace bien a nadie.Además, en la montaña yo hablé con Dios y me dijo que me quedaratranquilo que no me iba a pasar nada. Que a mí me iba a matar uncolectivo. Bueno como en la isla no hay colectivos me dejó 3 días deguardia sin ir a la pieza de artillería.En fin, son experiencias que no te las olvidas nunca. Cómo cuando elradar dijo enemigo por el corredor aéreo ¡fuego! Y le tiramos, loaveriamos y cuando el avión pasó vimos el triángulo amarillo quellevaba en la cola, era argentino, es mas, el piloto se dirigió almar evidentemente para eyectarse y el otro grupo de artillería queestaba dentro de la ciudad, pensando que habíamos errado, ledispararon y lo bajaron.Teníamos orden que después de las 18 hs, todo aparato en vuelo quepasara se le tirara así viniera con la foto de Galtieri en latrompa, porque podía ser el enemigo camuflado o un aparatosecuestrado.Por esa orden bajamos un helicóptero comando con 10 soldados y 2oficiales, también argentinos. Fue terrible, muy malo, muy duro.La desinteligencia militar, la desinformació n, la desobediencia,sabiendo que después de la 6 de la tarde no debían volar en esesector, encima recibimos felicitaciones de un Teniente Coronel.Para mí tantos los curas como la Iglesia dejaron mucho que desear enMalvinas. No puede ser que dos países no se ponen de acuerdo parahacer o terminar la guerra, y que un Papa y otro país que no tienenada que ver decidan si la guerra continúa o no. Aparte los curas enMalvinas te vendían mercadería por dinero; y ellos no deben venderya que están con la caridad del señor. A partir de lo que vi allá,nunca más fui a una Iglesia. Creo en Dios, le agradezco a Dios y ala Virgen el día que me tocó vivir. Y todas las noches les rezo yles pido por mi nueva familia, (señora y dos niños) y por mamá, papáy hermano. Ninguna noche duermo sin rezarles un Padre Nuestro y unAve María.Cuando la guerra terminó sentí por un lado alegría, por otro unagran lástima ... y vergüenza. Una vergüenza que nos embargaba anivel general, sobre todo por esa gente que hizo su cruzadasolidaria, dando algunos hasta lo que no tenían.Yo calculo que de aquí de Las Flores me enviaron más de 30encomiendas, para que estuviéramos bien. No recibí ninguna. Mas tedigo, lo mas cómico fue cuando volvimos a Mar del Plata, fui abuscar mi bolso civil, con la sorpresa que me lo habían robado, tuveque ir a una batería que tenía bolsas con donaciones y buscar ropaque me quedara para volver a Las Flores. En mi grupo éramos 350, delos cuales 347 vivían en Mar del Plata, un chico en Dolores, otro deGral. Belgrano y yo de Las Flores.Fue fantástico el recibimiento de los marplatenses, kilómetros devías de ferrocarril con carteles, gomas quemadas, gritos de apoyo,gritos de ¡ARGENTINA! ¡ARGENTINA!.Me impactó un matrimonio de 50 a 60 años, que me preguntaron si meesperaba alguien, les respondí que no, que era de Las Flores. Metransmitieron su inquietud por hacerme partícipe de la bienvenida,me llevaron a cenar y ellos mismos me trajeron al cuartel, eso fuealgo que me llegó mucho, ni me preguntaron de la guerra...Recuerdo que quería volver a casa, y cuando me pagaron el sueldo desoldado de guerra (calculo 10 0 12 veces más que un soldado normal),no me alcanzaba para llegar a Balcarce. Se portaron muy bien loschoferes de la empresa "El Rápido", les expliqué que no teníadinero, les ofrecí el reloj y cuando les pagara me lo devolvían. Nolo recibieron y me llevaron igual, pero el micro iba a Junín, as queme dejaron en Azul, allí ellos hablaron con choferes de "LaEstrella" y estos me trajeron a Las Flores, saliendo de su hoja deruta me dejaron en la puerta de mi casa. Cuando mamá me vio (yasufría de ciática) les puedo asegurar que corrió más rápido que yopara abrazarme... en fin ..Fue todo muy emocionante. Mas tardecuando el Intendente me vio me llevó a la Municipalidad a saludar alos funcionarios, la Directora del Colegio a recorrer las aulas...volver con mis amigos.Para mí lo que se hizo en Malvinas fue en vano, había muchachos queen vida jamás habían empuñado un arma.Lo que más me indigna es la cantidad de gente que murióinjustamente, lo que más me duele es el olvido de otra gente por losque fuimos a Malvinas, y sobre todo por los muertos que allá quedaron
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miércoles, 23 de julio de 2008

PARTE DE LA VERDAD

Fuente: Alicia Ester
Fernando Falco (En Página 12)
En Brasil como en la Argentina, la derecha esconde en el discurso de forma el verdadero y real contenido; la estrategia de la derecha argentina es colocar a Lula como un estadista, un hombre que a pesar de ser de izquierda concibe un país que apoya al campo con créditos y políticas específicas, pero ésa es parte de la verdad;
la mayoría de los productores del campo están dentro de la UDN (lo que sería una sociedad rural) una organización que contiene lo más viejo y rancio de la política brasileña.
En Brasil, la lucha por la tierra es feroz; por año los muertos se cuentan por docenas, los terratenientes cuentan con ejércitos particulares para cuidar de sus tierras de los mismos pobres que ellos generan con la presión sobre los pequeños productores.
El MST (Movimiento de los Sin Tierra) es producto de este conflicto y de esta injusticia secular.
Los productores agrícolas en Brasil son los mayores deudores del Banco do Brasil, su deuda llega a más de 90 mil millones de reales, préstamos que son refinanciados constantemente con nuevos créditos, tasas exiguas y casi siempre impagas... (que paga la sociedad).
Brasil distribuye más de 11 millones de planes sociales (qué diría la derecha aquí) y las causas que generan la enorme desigualdad social que mantiene más de 50 millones de pobres siguen intactas, la violencia se lleva solamente en Río de Janeiro la vida de 6 mil jóvenes pobres y negros, la escuela y la salud pública están en coma hace décadas y, a pesar de los avances concretos del gobierno de Lula, poco se ha podido tocar la renta de los grandes grupos económicos que se benefician de los créditos baratos del Estado.
Una buena señal... Cuando cursé la universidad en Brasil en mi clase sólo había un negro, solamente uno y en la “favela” de la vuelta de casa no había un solo blanco de origen europeo;
cuando el gobierno de Lula aprobó la ley que creaba vacantes específicas para los grupos sociales de menor oportunidad como los negros e indígenas, los medios y la derecha en peso lo condenaron y condenan por acabar con la desigualdad de oportunidades y atacaron la ley con una violencia inusitada... ¿No les suena conocido?
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martes, 22 de julio de 2008

DE LOS TRAIDORES

Por Juan Sasturain / Página 12
En esta época tan devaluada que nos toca vivir –y parafraseando al viejo y querido De Quincey– podemos decir que asistimos a una auténtica decadencia (también) en el arte de traicionar.
No porque esta antigua disciplina, llevada a la perfección por Brutos romanos imperiales y algún selecto adocenado cristiano fundador, haya dejado de ejercitarse sino por lo contrario: es tanta la banalización de la traición que –confundida con la generalizada cobardía, el módico cálculo oportunista y la práctica del simple cagador– se ha ido desdibujando en su esencial naturaleza. Porque cagador es cualquiera, pero traidores que merezcan genuinamente el calificativo hay pocos.
Para que nos entendamos con respecto a de qué estamos hablando, cabe recordar un diálogo ejemplar de El Siciliano, una penosa película del malogrado Michael Cimino –el mismo que hizo The Deer Hunter (rebautizada acá increíblemente El francotirador) , obra maestra absoluta– basada en el libro homónimo de Mario Puzo sobre Salvatore Giuliano, el bandido siciliano.
En memorable secuencia, un indigerible Christopher Lambert en el papel de Giuliano sostiene que Picciotta –su hombre más cercano, compañero de siempre, John Turturro en el film– lo traicionará. Los que están a su lado tratan de disuadirlo de esa sospecha o convicción argumentando, básicamente, que no puede ser porque Picciotta es su amigo. Y ahí está la perla: “Precisamente: sólo traicionan los amigos”, dice Giuliano-Lambert con una línea impecable que justifica la película entera.
Ahí está la cuestión: la traición no está al alcance de cualquiera. Para poder traicionar algo o a alguien, primero hay que haberlo querido, amado, valorado, hecho carne.
Una traición no es un mero engaño (aparentar una cosa y ser otra) sino una mudanza violenta que implica rotura, desgarro (a veces) mutuo de las partes, cierto drama resultado de un conflicto interior.
La traición rompe con algo que existía antes (un vínculo, un ideal, un pacto de convicciones) y para eso ni siquiera es necesario que haya otro de por medio para que se produzca, pues bien se puede hablar de alguien que traicionó sus (propios) sueños.
Así, según la brillante y acérrima definición de Giuliano, sólo aquellos que han construido vínculos genuinos, fuertes, de compromiso sincero como la amistad verdadera merecen –ante la inconsecuencia ajena– la afrenta de sentirse heridos, de ser traicionados.
Y, a la inversa y desde Judas, sólo aquellos que han sentido el desgarrón interior y pese a ello han roto con lo que les fue más amado desde de motivaciones más oscuras que circunstanciales, merecen el nombre y el hondo destino dantesco de traidores.
Por lo cual, y volviendo al presente discepoleano de lodo y manoseo, sólo la entendible furia y la habitual ligereza calificativa que campea en nuestras discusiones pueden hablar de traición para calificar lo que no es sino un gesto más, un avatar más del devenir inconstante de votos y opiniones, del oportunismo político, en suma.
Acá no se trata de un duelo entre totalitarios (sic) y traidores (sic), según las respectivas descalificaciones, sino de un juego lábil entre eventuales aliados y potenciales cagadores en el que las convicciones profundas no tienen intervención, ni relevancia. No están ahora porque no estaban antes.
Moraleja uno: si a la hora de acumular (votos, alianzas, porcentajes) no importaron las afinidades profundas sino las meras conveniencias mutuas, no se debe esperar consecuencia alguna a la hora de la crisis.
Moraleja dos: si a la hora de tomar decisiones no se contemplaron las opiniones (o los intereses) del conjunto de los heterogéneos aliados, tampoco se puede esperar consecuencia alguna a la hora de la crisis.
Así entonces, en casos como éstos que nos toca ventilar, como no se trata de una amistad preexistente, de un vínculo (ideológico, político) genuino, no se puede decir que te traicionan. Simplemente, te cagan.
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lunes, 21 de julio de 2008

INTELECTUALES

Fuente: CRÍTICA DIGITAL
Pablo Alabarces / 21.07.2008
Hace más de veinte años, en un asado de mi entonces familia política, uno de los convidados celebró un brindis por el país de democracia reciente, cosa que no lo desvelaba especialmente: diría más bien que la democracia lo tenía muy sin cuidado. El país, en cambio, “estaba condenado al éxito”, decía el tipo, mientras hilaba todos los lugares comunes del patrioterismo banal: todos los climas, un pueblo educado, la unidad étnica, el granero del mundo. Pero la causa de todos los males del país, afirmaba como corolario del brindis, eran los intelectuales. Y para colmo, puedo asegurarlo, me miraba.Yo venía de leer a Gramsci por primera vez, era docente en el CBC de la UBA, había escrito mi primera ponencia, leía hasta por los codos, usaba convenientes anteojos de miope y fumaba cigarrillos negros que se me antojaban coherentes con el personaje. El sacudón no consistía en que la frase me demostrara mis poses –para eso estaban los amigos, claro–, sino en que no podía entender cómo alguien podía decir semejante simpleza. Era 1987: veníamos de la dictadura y del terrorismo de Estado, veníamos de la sublevación de Rico y de la –primera– traición de los radicales. Entre los culpables de tantos fracasos, los intelectuales no ocupaban ningún lugar, prominente al menos.Una de las ventajas de los intelectuales consiste en que hacemos de la reflexión sobre nosotros mismos y de la autocrítica consiguiente casi un ejercicio cotidiano. Voy a exagerar mucho, pero podría decir que el gesto intelectual consiste en mirarse cada día en el espejo y preguntarse: “¿En qué me voy a equivocar hoy?” Por eso es que llevo todos estos años empeñado en pensar por qué don Pepe podía decir lo que dijo ese mediodía nublado y marplatense. La respuesta es sencilla: porque había comprado una vulgata que en ese entonces comenzaba a desplegarse y volverse prometedoramente hegemónica; ese discurso de derecha que decretaba la muerte de las ideologías y erigía un presunto sentido común indiscutible –por supuesto, de derecha–, frente al cual los intelectuales éramos refutadores de leyendas y vendedores de cortinas de humo justamente, las ideologías. La realidad era transparente, según ese discurso, y la gente común –luego conocida como “la gente”– la comprendía sin dificultades, al contrario de los intelectuales, que no hacíamos más que complicar la vida haciendo interpretaciones invariablemente tomadas de los libros. Nunca el barro ni el barrio, nunca la realidad, nunca una fábrica. Nunca las “cosas sencillas de la vida”, a las que éramos impermeables, dominados por ese mundo de las ideas y las abstracciones que nos hacían aparatos hegelianos, penetrados por la dialéctica –hasta que un día los periodistas deportivos llamaron dialéctica a la retórica de Bielsa, y hasta sin eso nos dejaron–. ésa era la novedad derechista de los noventa; pero le debía mucho al peronismo, que había proclamado la calidad indiscutida del sentido común popular (“el pueblo nunca se equivoca”, no lo olvidemos), y que, Jauretche mediante, había decretado que los intelectuales sólo servían para darle la espalda al pueblo.Los intelectuales, puedo decirlo ahora después de dos décadas de ejercicio, somos algo bastante más complicado y a la vez más útil que esos estereotipos. Venimos a ser gente que debe mirar donde pocos miran, donde hay oscuridad (donde hay luz mira cualquiera); que debe pensar y criticar y cuestionar y proponer, todo a la vez, pero desligados de intereses, de supersticiones, de pasiones desmesuradas –es decir: no podemos ser como Macri, que cree en sus empresas, ni como Carrió, que cree que es el Espíritu Santo. Eso no significa abjurar de la pasión, pero sí de su desmesura. Y a veces nos sale, y a veces no. A veces parecemos seres socialmente útiles; muchas parecemos inútiles privilegiados.Pero tampoco somos un bloque: la crítica, la obligación de someter toda creencia al cuestionamiento, nos permite tener diferencias de toda laya y pelaje. Una de las mejores cosas que la crisis agraria nos ha traido no es el gorilismo de los ruralistas ni la obcecación kirchnerista: es la reaparición de los intelectuales como actores, como sujetos políticos que afirman sus convicciones y las exhiben públicamente y las despliegan, incluso, en las calles y en los medios.Pero sólo a condición de que esa exhibición sea apasionadamente tolerante. Cuando José Pablo Feinmann afirma que a la izquierda del kirchnerismo no hay nada, se vuelve intolerante. Y ciego: porque a la izquierda del kirchenerismo hay un lugar inmenso. Ocupado, también, por intelectuales, que estamos en todos lados, porque ésa es nuestra obligación.
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domingo, 20 de julio de 2008

ARGENTINA INSÓLITA

Fuente: El Blog de Luis Ammann
Luis Ammann
El gobierno se ha partido, la sociedad argentina está dividida. Es la percepción de mucha gente pero no necesariamente una realidad.
La ley sobre retenciones (un impuesto a las exportaciones) propuesta por el gobierno y resistida durante cuatro meses por los empresarios agrícolas, fue rechazada en el Senado. Hubo empate en la votación (36 a 36) y se recurrió, como establece la Constitución, al presidente de esa cámara, el Vicepresidente de la Nación. Este, inclinó la balanza en favor de la oposición. Dicho de otro modo, el Vicepresidente que representa al Poder Ejecutivo en el Senado votó en contra del gobierno que él mismo integra, produciendo así, un hecho insólito y una herida a la estabilidad institucional. A sólo siete meses de la decisión popular que consagró al gobierno actual en elecciones libres, la presidente propone algo y el vicepresidente decide lo contrario.
Hemos dicho y escrito que el conflicto comenzó siendo económico (ver 17 de junio) y se convirtió en político pero el tema de la renta que perciben los empresarios del agro estuvo presente como motivación en todo el accionar del sector contra el gobierno.
La oposición de lo que llaman “el campo” -eufemismo que cubre la realidad de una patronal agropecuaria que defiende su bolsillo- a la decisión del gobierno de aumentar las retenciones y limitar el cultivo de la soja, fue una discusión por mucho dinero.
Lo que se discutía era, simplemente, a dónde iba ese dinero: si al gobierno para hacer una distribución más justa de la riqueza, o si a los bolsillos de los empresarios rurales.
En ningún memento se pensó, ni habló, de los peones rurales, los que realmente trabajan la tierra por un salario miserable, sin seguridad social que les garantice una jubilación en el futuro ni asistencia médica en el presente.
El sector “propietario” de la tierra -propiedad discutible si la hay, porque viene de derechos otorgados por el poder sobre un bien que es común- es un sector que, según fue saliendo a la luz en este conflicto, explota a sus trabajadores, evade impuestos y especula con los precios de los alimentos. Es decir: si lo ponemos en el centro de un diagrama vertical de relaciones sociales, no respeta a quienes están abajo (trabajadores), a quien está arriba (el gobierno) ni a sus pares (el resto de la sociedad).
Estas grandes sumas se repiten dos veces al año con cada cosecha. Si se proyecta en el tiempo, por ejemplo, en los años que faltan para que la Presidente termine su mandato, la cifra es imposible de dimensionar por la mayoría de los trabajadores, que disponen de poco más de mil pesos por mes.
Por eso, por el dinero, estas personas han intentado, y logrado, desestabilizar al gobierno legal y democrático. No repararon en cortar las rutas e impedir el paso a ambulancias con enfermos; en derramar leche y tirar alimentos; en provocar desabastecimiento en las ciudades y el consiguiente aumento de precios en artículos de consumo diario desconociendo los derechos de los demás. También aseguraron que iban a desconocer la resolución del Congreso si no les resultaba favorable a sus intereses.
O sea, no respetaron la legalidad y tampoco les interesaba respetarla en el futuro si ese futuro no era el suceso de opulencia personal que imaginan. Como ganaron, pueden ahora recibir de sus asesores y darnos un discurso educado y hasta cortés.
IILos empresarios del campo saben, sin embargo, que el gobierno está intacto y el año próximo puede volver por sus fueros con una nueva ley de retenciones. Para impedirlo, cabe la posibilidad de que intenten golpear ahora con más fuerza.
En términos políticos reiteramos lo escrito en este blog y dicho ante los medios de comunicación a los que tenemos acceso: “el rumbo económico seguirá siendo positivo (…) y “si Cristina Fernández lleva a buen puerto esta gestión presidencial es difícil que Néstor Kirchner no sea elegido en cuatro años, llevando a 12 el mandato de los forjadores de este modelo. La percepción de esa posibilidad tiene una influencia directa en las acciones desestabilizadoras que se estuvieron implementando. (…) Cristina Fernández es el eslabón a cortar para evitar la “catástrofe” imaginada por los sectores que se benefician y propician el capitalismo “salvaje”.
Los humanistas hemos dado un apoyo puntual al gobierno en este tema de las retenciones y estamos dispuestos a seguir apoyando toda vez que lo intenten desestabilizar los sectores que desconocen la voluntad popular expresada en las urnas.
El país político fue dividido por los empresarios agrarios y los medios de comunicación que enfrentaron al gobierno en la suprema defensa de su bolsillo. Pero ese país no es el todo: hay mucha gente que se mantuvo al margen y sólo quería que este enfrentamiento terminara. Deben saber que sólo concluyó un capítulo.
Los ciudadanos que se desentendieron o estaban distraídos de este grave tema, ya no deberían seguir mirando para otro lado. Lo que exige este momento es reflexionar y actuar por sobre la división de los sectores para dar una señal nítida de que la mayoría silenciosa quiere estabilidad democrática y no va a avalar maniobras golpistas. Hay que tomar partido por la Argentina.
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sábado, 19 de julio de 2008

PASIONES POLÍTICAS


Jorge Sanmartino
17 de julio 2007
La crisis desatada en los últimos meses a raíz del lockout de la burguesía y la pequeño burguesía agraria, ha dividido a la sociedad argentina. No sólo a los contendientes en el campo político sino también las cenas familiares y las reuniones de amigos. No hubo lugar de trabajo o estudio que no haya sufrido los coletazos de semejante polarización. Asistimos al resurgimiento de las pasiones políticas. El carácter e incluso la intensidad de semejantes pasiones no son similares a las del pasado, aunque la fractura política no ha dejado de calar en las más diversas organizaciones sociales, para no hablar de los partidos políticos y sindicatos, como lo evidencia el debate en el propio partido de gobierno y en la CGT pero también en la izquierda y la CTA. Dos fuerzas principales se mueven bajo el suelo de la crisis actual: el ascenso de la fracción agraria que rompe el bloque dominante surgido en 2003 y su confluencia con tradiciones políticas y culturales de clases medias que se fueron inclinando hacia la oposición de manera creciente. Esa asociación de factores catalizó con el anuncio de las retenciones el 11 de marzo y permitió la alianza de la burguesía rural y la pequeño burguesía urbana que en estos cuatro meses de intensa polarización, ya tiene sus símbolos, líderes y programa. La coalición exitosa que el kirchnerismo había logrado conformar durante su gobierno, se fracturó por su costado derecho, hiriendo al modelo neodesarrollista y el sistema político concomitante sobre el que cabalgó la crisis pos 2001. Y se rompió definitivamente. El rechazo a la resolución 125 en la Cámara de Senadores es el corolario de ese proceso, mientras la derecha sale fortalecida y los ecos de aquellas jornadas del 19 y 20 de diciembre del 2001 se hacen más débiles todavía. El gobierno sufrió la primera pero abrumadora derrota política. Y lo hizo a manos de fuerzas conservadoras y reaccionarias. Una nueva etapa se ha abierto. Una derecha popularLos ruralistas y la oposición de derecha hace cuatro meses que saltaron del reclamo corporativo a la lucha hegemónica por ganar las mentes y los corazones de las mayorías. En su discurso el campo no representa ya los intereses sectoriales de la fracción agraria de la burguesía sino el interés general de toda la nación. El campo es la patria; . Entre el argot de argumentos, los líderes gauchos han elegido aquellos que los identifican con el trabajo duro, de sol a sol, y aquel según el cual el campo da de comer a la ciudad, mientras el estado parásito, con su corte de políticos corruptos y burocracia administrativa vive, como langostas, del trigo ajeno. Esta mezcla de anarquismo gaucho, anti-estatal y liberalismo mal disimulado, adopta como sus banderas por lo menos dos principios del conservadurismo liberal de Edmund Burke: profunda desconfianza hacia el poder del estado y libertad por sobre la igualdad. Se trata, claro, de la libertad de mercado sobre el plano inclinado del ascenso meteórico de los precios internacionales de materias primas. La cara libertaria siempre oculta la liberal, por eso ciertos sectores de la izquierda pueden confundirse cuando gente como Alfredo De Angelis denuncia que el gobierno quiere la plata del campo para pagar la deuda externa, y repartírsela entre los políticos. De esa confusión nació ese sublime disparate de ver imágenes de Lenin y Trotsky sobre la avenida Libertador, rodeados aquellos rusos atónitos, de lo más granado de las clases medias altas de la Argentina. Los héroes del moderno agrarismo y la oposición de derecha no se han privado incluso de denunciar la pobreza y la mala distribución de la riqueza, aunque sin capacidad para disimular su exigencia de base: Que el lomo lo paguen a 80 pesos, como dijo asaltado por un soplo de sinceridad el dirigente entrerriano. El liberalismo de tradición gorila, y en esto resulta como prender fuego sobre leña seca entre importantes estratos medios de Capital, no ha dejado de manifestar su rechazo racista a los negros acarreados, con los cuales contrasta el republicano de pensamiento autónomo, que vota con su propia cabeza y agita las banderas del campo por convicción. También han florecido alusiones a la condición montonera de la pareja presidencial, así como a su revanchismo. El heterogéneo conglomerado que clamó por la eliminación de la resolución 125, ha sido potenciado con la colaboración de la gran prensa argentina. Asistimos desde hace cuatro meses a una oleada reaccionaria que caló incluso en algunos estratos populares, que supo cabalgar sobre los errores, carencias y límites del modelo actual y su gobierno y se dispone a una batalla de largo plazo. La derecha política, que estuvo arrinconada y a la defensiva durante más de cuatro años, salió fortalecida, dividió al partido oficial y lanzará nuevos desafíos. La presión de la burguesía agraria entró dentro de los cánones convencionales del lobby económico y político. Se trata de un sector capitalista de creciente rentabilidad que puja por sus propios intereses, en un horizonte internacional de alza de los precios de las materias primas que parece se mantendrá por varios años más. Cuando en sus actos gritaba que el campo es el corazón de la patria, el campo es la nación, se daba expresión no tanto la realidad tal como es sino la que la burguesía agraria desearía que fuera, como a fines del siglo XIX y principios del XX. Y aunque todavía no se ha escuchado, la lógica consecuencia del lobby rural es la consigna contra la industria ineficiente. En esta puja intercapitalista transcurrió la historia argentina del siglo XX. Teniendo como corolario inevitable la reprimarización de la economía, la coalición sojera apunta a una reformulación de la estructura productiva que daría empleo sólo a un tercio de la fuerza de trabajo. El intento de equilibrio entre las fracciones capitalistas y entre ellas y las clases subalternas, asegurado por el crecimiento económico, llegó a su fin. No se rompió por achicamiento de mercado o recesión, sino al revés, por crisis de abundancia, por exceso de ingresos de una de las fracciones que, gracias a su alta productividad, puede retener con éxito la renta internacional generada localmente. La burguesía agraria no posee la fuerza social y estratégica que en tiempos pasados le dio un poder de desempate político esencial, cuando de ella dependía en exclusiva el ingreso de divisas en una economía cerrada. Por eso tampoco pudo arrastrar a otras fracciones del gran capital industrial o de servicios, pero retiene un poder, ahora acrecentado por el mercado internacional, de condicionar los ingresos, la política fiscal e incluso el patrón de producción basado en las ventajas comparativasdel suelo pampeano. En el debate Rodríguez Saa leyó, igual que Reuteman, una frase de Perón del año 73 en relación a los alimentos: Nosotros somos los ricos del futuro. Esa fuerza social introdujo una brecha profunda en las clases urbanas, donde el patrón de consumo de las clases medias y altas imita al de países centrales y la acumulación de renta es considerada fruto del éxito individual que reclama derecho soberano sobre cualquier otra consideración. El tópico liberal exhibido en la revuelta sojera, es el fruto de una derrota ideológica y política que los moderados cambios, ni siquiera reformistas, operados desde el 2001 no han podido modificar y que tiene sus consecuencias en un estado incapaz de ejecutar políticas públicas efectivas, desmanteladas desde hace mucho por la lógica del gobierno de la tecnocracia, sin ideología y de gestión. La ciudad de la soja. En la República, Platón habla de tres ciudades o constituciones políticas. En el tipo oligárquico, donde domina un selecto grupo de ricos, los deseos son absorbidos en la pasión exclusiva de las riquezas, domina allí el espíritu de codicia y avaricia. La pasión se duplica entre el odio de los ricos contra los pobres y viceversa. Los ricos no sólo honran la riqueza a la que se consagran plenamente sino que manifiestan con respecto a los pobres un sentimiento de rechazo. Alaban al rico, desprecian al pobre. A una estructura social desigual corresponde una estructura de las pasiones que la refuerza. La ruindad, el apetito desenfrenado, los peores instintos de apropiación se conectan con ciertas formas sociales. Platón enfoca la psicología de los ciudadanos a imagen de la morfología de la ciudad. Freud, Marx, Elías entre muchos, retomarán esta reflexión. El régimen que supimos conseguir es consecuencia de un largo proceso de mercantilización de todos los espacios de la vida. Se han privatizado no sólo los recursos naturales sino el seguro de retiro, la salud y segmentos crecientes de la educación. El sistema impositivo regresivo que nos gobierna refuerza las desigualdades y, en el país de las vacas y el trigo, segmentos de la población pasan hambre. La naturalización de la indigencia y la pobreza, el hambre y la desnutrición infantil en un país donde se consume con furor desde hace cinco años legitima la codicia sojera y vuelve sentido común el eslogan: dejen en paz al campo. El piquete y el corte de ruta, expropiado al saber de las luchas populares, se volvió un método genuino para que los nuevos ricos, despotriquen contra la expropiación fiscal, a la que consideran tan comunista, como en décadas pasadas lo era el impuesto a la renta presunta. El chacarero que tienen 200 hectáreas en Santa Fe o Buenos Aires, corazón de la protesta, y que obtienen una rentabilidad neta luego de las retenciones superior a los 260 mil pesos por campaña, exige que el estado no intervenga en la fijación de precios, abrazado a la posibilidad de legar una fortuna a su prole y aprovechar una oportunidad de excepción. El gringo exige que el estado saque sus manos del oro verde y cuando oye hablar de impuestos monta en cólera y se mofa de las sanguijuelas de la administració n pública de una manera que recuerda al farmer norteamericano del medio oeste denunciando al privilegiado y afeminado Departamento de Estado que mora entre lujos en Washington DC. El gaucho local apela a la tradición populista. El arquetipo no es Llambías ni Buzzi sino De Angelis, con el que las clases medias y altas de los centros urbanos que cacerolearon en Recoleta, Palermo y Vicente López, pueden sentirse parte del pueblo: si este no es el pueblo, el pueblo donde está. Ellos son un componente fundamental de la revuelta de los satisfechos, de los más beneficiados por las políticas kirchneristas. La argentina conservadora toma y tomará banderas populares, lenguajes corrientes y hará culto del sentido común, como lo hacen las clases dominantes en todas partes desde que la sociedad de masas exige que se gobierne no sólo con la fuerza sino también con legitimidad. Algunos segmentos progresistas identificaron por eso mismo los cortes de lucha con puebladas populares, a las que añadían el ejercicio de la democracia directa, confundiendo la forma asamblearia con el contenido reaccionario del propósito de la protesta. Opciones En Venezuela, una clase media enriquecida con el alza del precio del petróleo no ha dejado de golpear rudamente al gobierno de Chávez, a pesar de los gestos y medidas que el gobierno bolivariano ha tomado para desactivar esa furia opositora. Nada ha resultado. Aun así, en el país caribeño el gobierno posee en su haber una fuerza social movilizada y activa que le ha dado sustento frente a una derecha que lo intentó de todo, desde el golpe hasta la intervención electoral para desalojar un gobierno que no es el suyo y que siente ocupado por plebeyos peligrosos. En esa dinámica Venezuela y también Bolivia se han visto empujados, en mayor o menor medida, a recortar los derechos de las clases propietarias y a desvincular sus compromisos con fracciones enteras de las clases dominantes. Nada de eso ocurre hoy en nuestro país, a pesar de que se ha querido asociar a los Kirchner con aquel proceso. A su vez, proyectos como el tren bala o la destrucción del Indec empujaron a sectores progresistas al campo de la derecha, que es la que capitaliza semejantes desatinos y la artífice de la derrota gubernamental. Para desmontar la Constitución socio-política neoliberal de la ciudad de la soja; hace falta mucho más que retenciones móviles. En los hechos el modelo que lo puso en pie no estuvo, durante los 120 días de conflicto, en discusión. Se han comenzado a reclamar la eliminación del IVA a la canasta básica de alimentos e impuestos progresivos a las ganancias como primer demanda inmediata, urgente, además de subsidios universales para eliminar la pobreza y la recuperación de los recursos naturales, así como la revisión completa de la explotación minera y la aplicación de tributos a las ganancias y transacciones financieras. Queda pendiente también la orientación estratégica de la industria, los servicios y la agricultura. El triunfo de la coalición verde dólar sólo hará más viva y crispada la polarización. Después de semejante triunfo irán por más, mientras la oposición partidaria se preparará para arrebatarle al oficialismo en las elecciones legislativas del próximo año, la tenue mayoría parlamentaria. Para afrontar las pasiones políticas que desató la más amplia y dinámica pueblada de la derecha económica y política, de una envergadura sin precedentes y consecuencias aún incalculables, se requiere de medidas radicales y efectivas que puedan hacerle frente y sean capaces de activar el apoyo popular. La administració n actual parece obstinada en su política de alianza con las fracciones de la burguesía industrial y en cobijarse en el seno del aparato del PJ. La lucha de clases aparece de la forma más insólita, intrincada y laberíntica posible, mofándose de todos los esquemas que teníamos previamente. El equilibrio exitoso entre fracciones de la clase dominante y de ellas con las clases populares, incluidas ciertas concesiones democráticas y expansión del empleo, se logró en base a una economía en crecimiento y una base de poder reconstruida con epicentro en el PJ. La crisis política rompió ese equilibrio, que afectará al sistema político y a la estabilidad gubernamental a pesar de que la bonanza económica le deja márgenes todavía generosos. Para enfrentar consecuentemente a la derecha se requiere la activación política de masas, que sólo puede conseguirse mediante la ejecución de medidas de carácter popular, redistributivas y democráticas de fondo, algo que hasta el momento el gobierno no ha abordado. Algunos balances ya hablan de la “idiosincrasia derechista del pueblo argentino” sin reparar en que el gobierno ha sido incapaz de generar una identificación entre las masas populares porque nunca abordó una agenda social que rozara siquiera los logros del peronismo clásico. En todo caso las organizaciones populares, los sindicatos y movimientos sociales deben conservar su plena autonomía, no asistir pasivos a la impotencia oficial y no esperar de brazos cruzados el retorno triunfal de las fuerzas reaccionarias en ascenso. Políticas sociales, energéticas y de transporte ferroviario, de empleo, salario, creación de vivienda y obra pública entre otras medidas deben ser los ejes de una agenda democrática y anticapitalista a enarbolar frente a los agoreros del libre mercado. La crisis agitó como hace mucho no veíamos las pasiones políticas dormidas en un soporífero fin de las ideologías y una narcotizante administración de las cosas por una tecnocracia eficiente. Los movimientos sociales fueron los grandes actores de las luchas de resistencia del período previo, aunque la carencia de proyecto político disipó parte de sus fuerzas, repartidas entre una participación subordinada en el gobierno de Kirchner y un intento de autonomía que no pocas veces pagó con aislamiento e incluso pérdida del sentido de realidad. La crisis actual ¿permitirá que las pasiones políticas alimenten también un proyecto político autónomo, popular, anti-capitalista y de izquierda que parta de la situación política concreta, que pise el suelo seguro de la lucha que se debate hoy en día, para proyectar desde allí una alternativa superadora del tibio neodesarrolismo oficial y darle cauce y capacidad de poder a las aspiraciones populares y a un proyecto realmente transformador? Ese será el desafío del próximo período.
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viernes, 18 de julio de 2008

Humberto Sottile
Golpe que no quiebra la columna, sirve para enderezarla. Proverbio árabe.
En el campo nacional y popular acabamos de perder una batalla y no la guerra. Duele. Y duele mas porque perdimos por los de adentro mas que por los de afuera.
A lo largo de nuestra existencia hemos contabilizado quizás mas derrotas que triunfos, sin embargo jamás nos hemos dado por vencidos.
Todos los actores que comparten la idea de un país para pocos jugaron muy fuerte y con la vergonzosa y escandalosa alianza con los grandes medios de comunicación, que nos mintieron, ocultaron, jugaron con todo el poder que acumularon en el tiempo que impusieron sus intereses y también obligaron al pueblo a mirar en lo profundo para ver que era lo que realmente estaba en juego.
Y utilizo la palabra Pueblo porque de esta batalla perdida debemos anotar en el haber que hemos comenzado a revertir una derrota mucha mas dura, como lo fue la derrota cultural que sufrimos en manos de quienes instalaron a la política como algo sucio y ajeno del cual la buena gente debía apartarse.
Ningún otro gobierno democrático ha logrado los éxitos que este desde que la dictadura fuera derrotada. Y paradójicamente, los que fueron acusados de hegemónicos y autoritarios, acaban de dar un enorme ejemplo de democracia y pluralidad cuando un altìsimo miembro del gobierno define el conflicto de acuerdo a sus convicciones y no al cargo que ocupa. Que las señoras gordas vayan tomando nota.
Sin embargo amplios sectores beneficiados volcaron su opinión favorable a quienes se le oponen por muchas razones, algunas tan profundamente analizadas por Jauretche entre otros. Hay quienes creen que lukearse con bombachas de campo te convierte en ricos sojeros o creen que los sojeros los convierten en suyos.
Cuando los precios de los comestibles trepen, porque la suba de los precios internacionales de los alimentos también se reflejaran en el mercado interno,(al que necesitan deprimido y frió) en lo que será una nueva transferencia de sus sueldos al sector que apoyaron, repetirán que ellos no sabían.Esto es algo que se decide lejos de la Patria y que atraviesa también a Latinoamérica.
Esto es el no a Chávez y el autonomismo de los ricos bolivianos.
La lucha por la liberación implica confrontar con intereses y si hubo algún ingenuo que no supo donde pararse, esto es una clase practica.Esta derrota, este sufrido conteo uno a uno de los votos y la traición de quien yo vote para que acompañara la propuesta de la Presidenta Cristina Kirchner son consecuencias de las limitaciones del campo nacional y popular y particularmente del peronismo.
Las imágenes revulsivas de quienes vaciaron al peronismo de contenido ideológico y al país del patrimonio de sus empresas y lo pusieron al servicio de su enemigo histórico volvieron en estos días, mucho mas aterradoras que cualquier fantasía fílmica.No es el primer radical que defecciona, ni Cobos ha mejorado la postura aliancista de Sabatini, a pesar de la historia vivida.
Esa y no otra es la razón por la que el radicalismo desaparece a pesar de las cabriolas con las que consigue sus bancas.Ahora a aguantar. Habrá una fuerte explotación del triunfo para instalarlo mediaticamente como una aspiración de las mayorías, con la intención de debilitar y deslegitimar al gobierno popular y una disputa entre los dirigentes de la oposición para posicionarse.
Pero desde el campo nacional y popular estamos obligados a disminuir el costo social porque los mas afectados serán los mas débiles a quienes este sector le niega participar del beneficio del crecimiento a pesar de que también los mas pobres contribuyen al éxito económico.Estamos convencidos que si no hay redistribució n de la riqueza nacional no hay posibilidad de vivir en una Nación con justicia social, soberanía política e independencia económica.
Ahora como nos marco otro Arturo. amigo de Jauretche, Don Arturo Peña Lillo cuando nos dijo que este gobierno metió la política en la economía y provoco el rápido alineamiento de los adoradores del mercado, nosotros los que fuimos capaces de reinstalar el debate político y comenzar a revertir la derrota cultural estamos obligados a redoblar esfuerzos para superar las limitaciones, porque estas son patriadas y para ganarlas debemos acumular consenso y fuerzas, convencidos de la grandeza de nuestros objetivos y de que solo ganan los que jamás abandonan la lucha.
Que no nos quiebren.
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Fuente: TELAM
Para Ricardo Forster, la votación del Senado fue “un golpe fuerte contra el modelo del país”El catedrático, que firmó la "carta abierta en defensa de un gobierno democrático amenazado", junto a 750 personalidades de la cultura, dijo que la votación que rechazó el proyecto de retenciones, "ha sido un golpe fuerte de las corporaciones contra un modelo de país que propone una mayor justicia social".
En diálogo con Télam, afirmó que "el modelo agro exportador que intenta imponer la corporación agraria- mediática supone dejar fuera del sistema a millones de argentinos". "Lo más valioso de la votación del Senado es que quedó demostrada la falsedad, mediáticamente sembrada, de que se iban a comprar los votos necesarios para obtener un resultado positivo", agregó el filósofo. En cuanto al voto decisivo del vicepresidente Julio Cobos, Ricardo Forster sostuvo que si bien "no respondió a su compromiso de formar parte de una fórmula de gobierno votada hace seis meses", su opinión es "respetable" , y destacó que "la democracia funciona a través del debate y no de las cacerolas". En tanto, al referirse al sector de la clase media que acompañó el lock out del campo, dijo que "volvió a actuar contra sí misma defendiendo sectores que a mediano plazo la van a colocar en la situación de fines de los 90", aludiendo a la pérdida de su capacidad adquisitiva y de su "identidad socio-cultural" . Finalmente, al ser consultado sobre el rol de los intelectuales en los temas políticos, Forster dijo que "ahora más que nunca se trata de defender la democracia y la redistribución de la riqueza, reclamando un rol más activo y decidido, para intervenir en el debate de las ideas".

jueves, 17 de julio de 2008

GANAR O GANAR. SOBRE EL RESULTADO DE LA VOTACIÓN DEL SENADO


No. No hay línea divisoria entre buenos y malos en el Senado de la Nación. Sólo hay intereses económicos, políticos (de poder) e ideológicos. Ni todos los que votaron a favor del proyecto de retenciones móviles quieren distribuir la riqueza, ni todos los que votaron en contra son partidarios de la concentración económica.
Ganar o Ganar.
A las 4 entidades patronales no les importó que los apoyara Menem, y al gobierno tampoco le importó que los apoyara Saadi. Hay que contar los porotos.
Ganar o Ganar.
Y después de todo, ganar así, mitad a mitad no sirve de mucho, ni para un lado ni para el otro.
Es lógico que quienes quieren hacer prevalecer sus intereses económicos (los productores agrarios) o sus intereses políticos (el Frente para la Victoria), no rechacen apoyos, vengan de quien vengan, pero que bueno sería que un Proyecto Nacional y Popular se diera el lujo de rechazar ciertos apoyos, que ensombrecen cualquier victoria.
Ganar o Ganar.
Es tan lamentable que la oposición felicite a Luis Barrionuevo como gran lider anti-K, como que la esperanza del gobierno haya sido el voto de Ramón Saadi.
Ganar o Ganar.
Sería bueno que por una vez, los dirigentes argentinos hicieran una Alianza Profunda con el Pueblo Real, ayudandolo a esclarecer y tomar postura en base a información cierta, y no en base a slogan llenos de resentimientos, que terminan mezclando todo, y no ayudan a democratizar la opinión pública para nada. Entonces, la dirigencia argentina estaría segura de contar con el apoyo sincero de la población y no con el apoyo de ciertos dirigentes a quienes todos señalaron como responsables de los males del país, pero como conviene su voto, se los limpia un poco, se los airea y se los coloca como árbitros de las grandes ideas del país.
Estoy de acuerdo con el proyecto de retenciones móviles, y creo en mucho más para democratizar los campos (muchos de ellos feudales) de la Patria; pero también creo que las Alianzas se deben hacer con la gente, esforzándonos para que nos comprenda y haga suya nuestras ideas; y no con el diablo aunque no se canse de repetirnos "qué lindo que sos".
Ganar o Ganar.
A veces, perdiendo se gana.
Ganó la Democracia. Ganó el País. Y a seguir peleando por las ideas que creemos justas. Las retenciones móviles son una de ellas.
Flavio Dalostto

HAY FESTEJO, SÍ - Enrique Juan Box


Se acelerarán los desmontes, serán más rabiosos y crueles.
Perderemos los tambos, la apicultura, la avicultura, la ganadería, la forestación, la fauna, etc, etc.
Comeremos soja.
Pagaremos U$S 80.- por un kilo de falda, importada. El país del trigo, deberá importarlo. La leche también será brasilera, tal vez esto nos traiga un poco de esa alegría incondicional.
Se liberó el negocio.
Ahora no hay quien los pare.
Se inicia el éxodo rural, porque la soja no emplea, por lo tanto expulsa.
Prepárese Don Macri, porque el destino de todo argentino que se queda sin nada o del que nunca tuvo algo, pero se quedó hasta sin quien lo explote, o sea, en el más cruel de los desamparos que es la ruta, es invariablemente la Ciudad.
Nosotros criamos a nuestros propios enemigos, les mantuvimos el dólar a $ 3.- pagamos por ello. Todo para tener previsibilidad (algo inentendible en Argentina) y ahora tendremos que comer mierda, pero importada.
La inseguridad se incrementará en la Ciudad, por efecto de la carestía de los alimentos y por la inmigración de los expulsados de sus provincias de origen.
Los de las cacerolas que aplaudieron esta patraña, se quejarán más aun de la inseguridad y pedirán palos y pena de muerte.
Pero esto no es todo, porque estos serán los efectos de lo que nos hicieron creer que era el problema. Ahora los cipayos están insuflados y vienen por más. No se detendrán hasta lograr sus verdaderos objetivos y cuando eso ocurra, los más inocentes, agarrados del pincel se darán cuenta y será tarde.
La corona festeja, el humor inglés es así.
Enrique Juan Box.

lunes, 14 de julio de 2008

LOS MOCOVÍES DE RECREO, ENTRE EL ABANDONO Y LA INDIFERENCIA

En estos días todos nos sorprendimos cuando escuchamos al intendente de la ciudad de Recreo, Mario Formento y a los seis consejales de la ciudad, defender el proyecto de "Consulta Popular" para decidir si el lote A San José, ubicado en el límite norte del distrito, debía ser utilizado para construir un Parque Industrial o establecer un proyecto de desarrollo para la comunidad aborigen.
El lote, está asignado desde hace varios años para la comunidad mocoví de Recreo, por parte del gobierno provincial de Santa Fe, en acuerdo con el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. Pero, el intendente y los consejales de Recreo, desconocen estos hechos e ignoran los derechos de estas familias aborígenes.
El lote es provincial, y no municipal, así que es imposible que el gobierno de la ciudad de Recreo "consulte" sobre lo que NO ES DE ÉL.
Luego de esta infeliz resolución, que lógicamente está anulada desde el vamos, tanto el intendente Mario Formento como los seis consejales han tratado de excusar su actitud, haciendo "protestas" de su preocupación por las familias indígenas de Recreo.
En el fondo, muchas personas cultural y socialmente "gringas" -volvemos otra vez a lo mismo- no pueden concebir que se les entregue esas tierras a los indios (que no siembran), pudiéndo asentar alguna industria (esperemos que no las siembren de valiosa soja)
Y otra vez, tenemos frente a nosotros el choque de culturas o de identidades. En estos días de conflicto agrario, muchos sectores "gringos" y "clasemedieros", exibieron su origen étnico europeo como carnét de identidad superior, monopolio patriótico y hegemonía laboral (los únicos que trabajan son los gringos). Para muchos recreínos, que se identifican con "la cultura de la inmigración", la Tierra es una cosa que sirve para hacer plata, y es un desperdicio "dársela" a los indios, porque éstos ni la trabajan ni la "hacen producir". Mucha gente de Recreo debría empezar a entender que las sociedades aborígenes, aún con todas sus falencias organizativas, administrativas y de gestión, son sociedades no capitalistas y no acumulativas.
Lo que para muchos recreínos es un "desperdicio", como lo han manifestado en las radios locales, para los aborígenes es un "derecho", que va más allá de las posibilidades económicas, sin descartarlas tampoco. Es la posibilidad de un espacio de desarrollo comunitario integral, que los indígenas aprovecharán de la mejor manera posible de acuerdo a sus posibilidades y sueños.
Se escuchó bastante la famosa palabra "progreso". Sí, mucha gente cree que llenando de fábricas un lugar se obtiene "progreso" como si fuera una sustancia mágica. Las fuentes de trabajo son importantes, pero también la justicia y la armonía social. Si las fábricas garantizaran por si solas, "el progreso", no habría inseguridad ni violencia ni paco ni trata de blancas ni problemas ambientales ni mezqauindad social en ciudades como Rosario o Buenos Aires.
En Recreo hay trabajo rural en negro y trabajo infantil rural. Muchos aborígenes mocovíes, migrantes bolivianos, criollos del Norte y los gringos pobres a los que no les fue tan bien, lo viven desde hace años. Sería bueno, que además de la preocupación por el "Parque Industrial" que traerá "progreso", las autoridades se preocuparan por las condiciones irregulares en que trabajan cientos de familias.
Y de última, siempre existe la posibilidad de expropiar algunos campos particulares, con su justa indeminización para crear el Parque Industrial.
Es temerario que quienes son "autoridad" hayan manifestado ignorancia en este asunto.
Hace un par de años, la misma comunidad de Recreo se rebeló contra el intendente Mario Formento, quién tenía el proyecto de instalar un "basurero a cielo abierto".
Es fundamental iniciar un camino de armonía, donde se contemplen los intereses de todos, y en ese "todos" se incluyan a los mocovíes, que también son "recreínos".
Flavio Dalostto
http://pueblos-indios.blogspot.com/

CUANDO LAS PALABRAS NO SIGNIFICAN LO MISMO


En estos tiempos de conflicto agrario en Argentina, donde las palabras van y vienen, casi con impunidad lingüística; hay ciertas palabritas cotidianas que siempre he escuchado, aunque ahora con afirmaciones peligrosas.Una de las palabras más usadas por los que se encuentran a favor del paro y bloqueo agrario es la palabra "GRINGO". Expresiones como "yo también soy gringo", "somos gringos", como reafirmación de identidad, en medio de este conflicto entre productores agrarios y el gobierno, no es inocente. Y no es que tengamos nada contra "los gringos" (ya que muchos de nosotros lo somos o descendemos de los inmigrantes europeos que arribaron a estas tierras desde fines del Siglo 19 hasta principios del Siglo 20), pero si me preocupa esa especie de "afirmación étnica de identidad", porque pienso que en realidad esconde una afirmación clasista y cultural de superioridad.Cuando el productor agrario, con el cual se identifica gran parte de la clase media, afirma "Somos gringos" o "Yo también soy gringo", ¿Qué quiere decir en realidad?Es evidente que hay una asociación, muy grabada en la sociedad argentina, entre "gringo" y "trabajo". Expresiones como "los gringos son trabajadores" o "los gringos hicieron grande a la Argentina", impresas por décadas en los libros y en las mentes de millones de argentinos; esconden una afirmación/negación. Cuando esas personas dicen "gringo trabajador", también están queriendo decir "criollo vago" e "indio indolente"; como si el patrimonio del trabajo y el esfuerzo fuera únicamente de aquellos descendientes de inmigrantes europeos, que tuvieron la suerte de recibir la tierra gratuita que el estado argentino le robó a los pueblos indígenas, a sangre y fuego.En los textos escolares, con los que han estudiado varias generaciones de argentinos, se señala claramente que el inmigrante es trabajador, mientras el criollo es haragán y el indio es salvaje. Aún en los textos escolares modernos argentinos, donde de alguna forma se ha cambiado la visión sobre el indio, subyace un racismo clasificatorio sobre las virtudes y defectos de los diferentes sectores que han conformado nuestra patria. El gaucho "carnea" y el indio "caza, pesca o recolecta"; mientras el gringo "trabaja". Se ha establecido durante décadas que la única actividad que merece ser llamada "trabajo" es la actividad agrícola de tipo europeo o la del obrero fabril. En cambio se soslaya el carácter "laboral" de cazar un carpincho o pescar un sábalo o recorrer el monte en busca de un panal de miel. Yo pienso que todas estas actividades, las de los gringos o las de los criollos o las de los indios, son "trabajo". Recordemos también que durante años se machacó que los indios guaraníes o mocovíes "aprendieron a trabajar, gracias a los misioneros jesuitas"; con lo que se deduce que antes nunca trabajaron, o sea que vivieron del aire.Nadie niega el esfuerzo que "los gringos" han realizado en el campo argentino, durante décadas; pero tampoco se puede negar que han recibido su premio, mejorando las condiciones de vida de sus descendientes, con respecto a otros sectores más empobrecidos de la sociedad. En realidad, habría que señalar que el enriquecimiento/empobrecimiento de diferentes sectores argentinos, es inversamente proporcional a la poseción de la tierra: Mientras muchos "gringos" que recibieron la tierra "de arriba" se enriquecieron, muchos criollos y aborígenes a los que les quitaron la tierra "de abajo" se empobrecieron, hasta la miseria más extrema.Mucha clase media argentina, que vive en las ciudades, descendientes de gringos, también se ha identificado con los sectores agrarios en pugna con el gobierno de los Kirchner, por solidaridad de clase.Palabras RobadasOtras palabras que me han llamado la atención, es la utilización por sectores del periodismo y de los productores agrarios, del termino "campesino" para referirse a estos últimos. Es difícil asociar en la mente la palabra "campesino" con un productor rural argentino con su 4x4. Pienso, que, como ciertas palabras han caído en desprestigio social, estos "productores-campesinos", necesitan asociarse a palabras que siempre han sido extrañas y antagónicas y "zurdas", pero que hoy suenan "prestigiosas" o "románticas" . Es difícil, hoy autoproclamarse "terrateniente"; queda mejor "campesino".Se podrá decir que los productores agrarios tienen derecho a llamarse "campesinos" porque trabajan el campo. También podríamos decir que son "terratenientes" porque tienen tierra. Y así, confundiendo las palabras y las cosas, un rico productor agrario con 10.000 hectáreas, es un "campesino"; mientras que un villero que vive en un lote "de tierra" de 10 x 20 metros, es un "terrateniente".No me voy a detener en comentar el termino "proletario" utilizado por un productor agrario, para auto-identificarse; porque sobran los comentarios.Lo que sería bueno es que estos terratenientes "tenedores de la tierra" devenidos en campesinos "del campo" y proletarios "tienen muchos hijos", que han alcanzado prosperidad; legalizaran a los 700.000 trabajadores rurales que tienen "en negro", desde hace años, sin aportes jubilatorios ni obra social medicinal, o explicaran porqué miles de niños campesinos trabajan en las cosecha del campo argentino, en medio de las nubes venenosas con que se combate a los insectos.
Flavio Dalostto

LOS PEONES, "DE SOL A SOL"


Fuente: "Identidad Popular"
Ni jornada de ocho horas, ni extra por terminar la escuela, ni ropa de trabajo. A la hora de negarse a mejorar los términos de contrato del peón rural, las organizaciones “del campo” siempre estuvieron de acuerdo.
Por Andrés Osojnik
Las cuatro votaron contra la jornada laboral de ocho horas y a favor del trabajo “de sol a sol”. Las cuatro rechazaron otorgar un premio estímulo para que los trabajadores terminen la escuela. Las cuatro se opusieron a la entrega de ropa de trabajo para los peones. Las cuatro son las “entidades del campo”, aliadas ahora en la Mesa de Enlace contra las retenciones móviles y que llevan años de coincidencias a la hora de discutir las condiciones laborales de los trabajadores rurales. Así lo evidencia una recopilación de resoluciones de la Comisión Nacional de Trabajo Agrario, el ente que regula el trabajo en el campo y que integran empleados, empresarios y el Estado, en las que figura la oposición sistemática de las cuatro cámaras rurales a distintos avances en materia de derechos laborales. En los documentos, las cuatro apoyan en conjunto mantener las pautas del Régimen Nacional de Trabajo Agrario, sancionado en 1980 con las firmas de Videla, Harguindeguy y Martínez de Hoz.
Soja sí, libros no. Así podría interpretarse el voto de los empresarios del agro en contra de la resolución 62/2007 de la Comisión, que establece un premio por título, de carácter remunerativo “para todos los trabajadores permanentes que se desempeñen en explotaciones agrarias de manera continua o transitoria”. La norma fue firmada el 31 de octubre del año pasado para que rija en la provincia de Santiago del Estero.Entre los considerandos de la resolución consta que “luego de un amplio debate y analizado el antecedente respectivo, con el voto negativo de las entidades empresarias Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina, Coninagro y Sociedad Rural Argentina y con la sola abstención del representante del Ministerio de Economía y Producción, debe procederse a su aprobación”.Lo aprobado establece un plus de 38 pesos mensuales para quienes tengan terminada la primaria, y de 46 pesos para los que tengan aprobada la secundaria. El “premio” que rechazaban las entidades implica un estímulo para que los trabajadores terminen su escolarización.La Comisión Nacional de Trabajo Agrario (CNTA) es un ente autárquico, autónomo y tripartito conformado en el ámbito del Ministerio de Trabajo por representantes gremiales, de las empresas y el Estado, a través de la propia cartera de Trabajo, el Ministerio de Economía y la Secretaría de Agricultura. Tiene facultad normativa, es decir, que sus resoluciones son de aplicación obligatoria en el ámbito del trabajo rural. Y son publicadas en el Boletín Oficial. Los miembros discuten los distintos proyectos y luego los someten a votación. En el caso de las resoluciones que resultan aprobadas, el texto incluye los votos negativos, si los hubiera. De allí que en numerosas ocasiones aparece la mención a las cuatro entidades que ahora conforman la Mesa de Enlace. Obviamente, los trabajadores que quedan beneficiados por esas resoluciones son los que figuran en blanco. Una minoría en el campo argentino: apenas un cuarto del total.Una perla es la resolución 3/2007, que adopta medidas “en relación con la provisión de ropa de trabajo para el personal”. Esta norma fue aprobada el 21 de marzo de 2007 para las provincias de Chaco y Formosa. Establece como obligatoria la provisión de dos equipos de trabajo por año para los trabajadores con más de tres años de antigüedad:- A todo el personal permanente que se desempeña en explotaciones agrarias de manera continua o transitoria, los patrones deben entregar una camisa, un pantalón y un par de calzado adecuados a la actividad.- A los trabajadores que realicen tareas a la intemperie en condiciones climáticas de lluvia, rocío fuerte o suelo barroso, lo que deben entregar es una capa impermeable y botas para lluvia. “Este equipo será devuelto a la empresa luego de su utilización”, aclara la resolución.A la CRA, la Federación Agraria, Coninagro y la SRA, tanta indumentaria les pareció un exceso. Las cuatro votaron en contra, pero la resolución igual fue aprobada.De todos modos, la discusión que más debate despertó en el seno de la Comisión fue la resolución vinculada con la jornada laboral. El Régimen Nacional de Trabajo Agrario, vigente desde la última dictadura militar, no fija límites para el trabajo diario en el campo. Los reclamos de los trabajadores surgieron en las provincias de mayor poder reivindicativo. En la provincia de Córdoba el debate resultó sellado el 1º de octubre de 2002 y los considerandos de la resolución dan cuenta de los argumentos vertidos. Dicen:- “Que el Régimen Nacional de Trabajo Agrario no establece una jornada de trabajo limitada para los trabajadores rurales”.- Que incluso hay resoluciones que fijan jornadas “de sol a sol” o “conforme a las modalidades imperantes en la zona” o “ajustadas a usos y costumbres locales” (es decir, lo que el patrón de estancia quiera).- Que “los actuales indicadores sociales denotan la existencia de una importante cantidad de trabajadores rurales que desarrollan tareas en exceso de una jornada normal de trabajo, mientras que se advierte el predominio de formas precarizadas de empleo y un elevado índice de desocupación”.- “Que deben igualmente establecerse límites razonables a la utilización mensual y anual de horas extraordinarias”.Esos principios erizaron la piel de los empresarios y el último de los considerandos quedó expresado de la siguiente manera (el encomillado es un riguroso textual): “Que las entidades empresarias firmantes (Sociedad Rural Argentina, Confederaciones Rurales Argentinas, Federación Agraria Argentina y Coninagro) no acuerdan con el contenido de los considerandos que anteceden, ni con la resolución que se dicta en consecuencia, la que sometida a votación ha contado con el acuerdo de la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores (Uatre), el representante de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación y el Presidente de la Comisión Nacional de Trabajo Agrario”.Así, se estableció –a pesar de los dueños del campo– una jornada de trabajo que no podrá exceder las ocho horas diarias o 48 semanales, de lunes a sábado. Las horas extras, fijó la resolución, no podrán ser más de 30 semanales y 200 anuales, y “deberán ser abonadas con un recargo del 50 por ciento. Domingos y feriados se pagan al ciento por ciento”.Esa misma resolución fue fijada ese mismo año para las provincias de Buenos Aires y La Pampa, con los mismos votos en contra. En Santa Fe fue aprobada recién dos años después, en 2004. En ese caso, la oposición fue sólo de CRA y la SRA.El año pasado, la CNTA también determinó las remuneraciones para los cosechadores de algodón en las provincias de Chaco y Formosa. Fue el 6 de setiembre, en la resolución 50/2007. Se fijó un mínimo de 40 centavos por kilo cosechado. Un cosechador junta un kilo en alrededor de diez minutos. A 2,40 pesos por hora, un jornal de ocho horas sin parar suma 19 pesos con 20 centavos. A las cuatro entidades les pareció demasiado. Y votaron en contra.