lunes, 31 de agosto de 2009

FALSOBAMA SE HUNDE BAJO EL PESO DE PROMESAS INCUMPLIDAS Y CONFLICTOS QUE SE AGIGANTAN. EEUU EN ESTANCAMIENTO TOTAL

The Washington Post Writers Group
El otoño de descontento de Obama
David S. Broder


Espero que el Presidente Obama y su familia hayan disfrutado de su semana de vacaciones en Martha's Vineyard, porque lo que le espera a su vuelta a Washington es un verdadero infierno.

Obama se enfrentó a una situación desalentadora cuando asumió el cargo en enero, con un acusado declive económico y la amenaza real de crisis financiera. Pero por entonces estaba apoyado por el impulso de su victoria electoral histórica y la esperanza generalizada que desató - hasta entre aquellos que no le habían votado.

Puso en marcha una serie de iniciativas ambiciosas y, mientras que sólo el paquete de estímulo económico se hizo realidad, había una sensación palpable de energía. A finales del verano, la mayor parte de esa buena disposición se ha disipado, los electores se sienten impacientes e irritables, y la sensación de estancamiento ha regresado a la capital. Mientras tanto, dentro y fuera del país, los plazos agotados se acumulan de una forma que va a poner a prueba el flujo de capital político de Obama en caída libre.

Vence el plazo de cuatro grandes apuestas por lo menos. La primera es su programa nacional insignia, la reforma sanitaria. El Comité de Finanzas del Senado ha solicitado un aplazamiento hasta el 15 de septiembre para alcanzar su compromiso bipartidista, pero las probabilidades en contra de su éxito han aumentado considerablemente.

Me equivoqué de medio a medio al calcular la amplia reacción de la opinión pública en general a las tensas asambleas de congresistas en agosto. En lugar de despertar una reacción decidida en defensa de Obama, como había previsto, las asambleas amplificaron el mensaje de los canales del cable hostiles a veces y de los debates radiofónicos, difundiendo la inquietud con lo que tiene preparado el presidente. Y las respuestas didácticas y pacientes de Obama no han tranquilizado a la reacción, y mucho menos han sustentado nuevos apoyos a la reforma vitalmente necesaria de nuestro caro y disfuncional sistema de salud.

Con los Demócratas del Congreso cada vez más claramente divididos entre moderados nerviosos por la factura de la reforma y Demócratas izquierdistas que se resisten a realizar más compromisos, va a ser necesario un importante empujón presidencial para volver a encarrilar esta iniciativa. Pero en los primeros días del otoño Obama se verá más distraído con los acontecimientos cada vez más graves en Irak, Irán y Afganistán.

En Irak, las primeras etapas de la retirada progresiva de efectivos norteamericanos han llevado a un recrudecimiento de la violencia, despertando serias dudas de la capacidad de las fuerzas iraquíes de mantener la paz. Y a medida que se aproxima la fecha prometida por Obama de retirada de las tropas en septiembre de 2010, las facciones enfrentadas dentro de Irak se vuelven más audaces. El Primer Ministro Nouri al-Maliki se ve acosado por los retos, y el hombre en quien los Estados Unidos han invertido tanto podría no sobrevivir en el poder a las próximas elecciones parlamentarias.

Irán es un problema aún mayor. Obama ha dado a Teherán hasta el 15 de septiembre para responder a su oferta de conversaciones sobre sus ambiciones nucleares, pero no hay señales de que el gobierno radical de Mahmoud Ahmadinejad vaya a complacer a Obama ni a hacer nada más que buscar prórrogas mientras las centrifugadoras operan. Irán está alimentando los problemas y ganando influencia en Irak. Sus dirigentes claramente creen que el tiempo está de su lado.

Parece probable que Obama se vea obligado a montar una ofensiva diplomática de gran envergadura en Naciones Unidas, en particular con Rusia y China, para meter en cintura a los iraníes. Y no hay ninguna garantía de que pueda tener éxito.

Por último, está Afganistán. El resultado de las elecciones está en el aire, y Estados Unidos no tiene nada claro si esperar o no que Hamid Karzai, corrupto hasta las cejas, gane. El presidente del Alto Mando Conjunto ha confirmado que la lucha contra los Talibanes y Al-Qaeda va mal. El nuevo mando de Obama, el general Stanley McChrystal, solicitará probablemente aún más refuerzos para luchar contra los insurgentes, y la guerra de Afganistán, que hace mucho despertaba un amplio apoyo en el país, es cada vez más impopular.

Mientras tanto, una oposición Republicana oportunista que no deja pasar una saborea la esperanza de victoria en las elecciones extraordinarias a la gobernación de Nueva Jersey y Virginia.

Mientras Washington lamenta la muerte de Edward Kennedy, un presidente descansado pero sobrio se enfrenta al trance más difícil con el que se ha topado hasta el momento.