jueves, 24 de septiembre de 2009

HONDURAS: CAOS Y VIOLENCIA. EL PUEBLO ESTÁ REBELADO CONTRA EL RÉGIMEN. DICTADURA NO PUEDE ACALLAR PROTESTAS

LA NACIÓN (ARGENTINA)
El caos y la violencia se adueñan de las calles de Tegucigalpa
Hay saqueos, barrios en pie de guerra y crece el desabastecimiento; un muerto en un tiroteo

El caos se adueñó ayer de Tegucigalpa, con barrios levantados en pie de guerra, saqueos de supermercados y un malestar generalizado de la población por la falta de alimentos, medicamentos y combustible.

Los ánimos se caldearon aún más cuando se supo que una persona de 65 años había muerto por disparos de la policía durante la represión a las marchas de apoyo al presidente derrocado Manuel Zelaya, que ayer cumplió su tercer día de encierro en la embajada de Brasil en la capital hondureña.

Al gobierno de facto de Roberto Micheletti no le quedó más remedio que suspender por unas horas el toque de queda impuesto desde la inesperada vuelta al país de Zelaya. Pero la decisión originó un nuevo caos: el colapso total de supermercados y estaciones de servicio. El gobierno optó entonces por ordenar un nuevo toque de queda a las cinco de la tarde, esta vez por tiempo indefinido. A primera hora de la mañana, con un toque de queda que ya se prolongaba durante 36 horas, la capital hondureña amaneció otra vez semidesierta.

En los barrios de Bellavista, Kennedy y El Pedregal, entre otros, las calles todavía mostraban el furor desplegado anteayer por los zelayistas, que habían quemado mobiliario urbano y gomas de vehículos para levantar barricadas.

Los más descontentos por la falta de provisiones saquearon supermercados y otros negocios. Del caos generalizado se "beneficiaron" también los pandilleros, que aprovecharon la coyuntura para robar electrodomésticos y desvalijar cajeros automáticos. La policía no tardó en allanar varias casas en las que los ladrones habían guardado los equipos robados.

Desde las diez de la mañana de ayer, cuando el régimen suspendió el toque de queda, la capital recobró la vida de una forma convulsiva.

Miles de vehículos tomaron las calles para abastecerse de nafta en las estaciones de servicio, y los supermercados se colapsaron con colas interminables de ciudadanos en busca de provisiones. Los bancos no daban abasto.

"Así no se puede vivir, ahora no vamos a tener ni para comer y mire lo que hay que hacer para sacar dinero", denunciaba, al señalar la larga fila de clientes ansiosos por conseguir algo de efectivo para hacer la compra.

Para calmar los ánimos, en uno de los múltiples mensajes que el régimen de Micheletti emite cada día por radio y televisión, el ministro de Industria y Comercio, Benjamín Bográn, afirmó que el país cuenta con reservas de combustible para un mes.

Según Bográn, las empresas del sector tienen alimentos inventariados para al menos 14 días. "Pido calma a la población", dijo Bográn, al tiempo que informaba del desbloqueo de las fronteras terrestres.

Los aeropuertos, sin embargo, continúan cerrados desde que el lunes el gobierno de facto decidió sellar la entrada al país.

Según el sector empresarial hondureño, el toque de queda le cuesta al país más de 37 millones de dólares por día.

La agudización de la crisis hondureña ya se ha cobrado la primera víctima: Francisco Alvarado, un albañil de 65 años al que lo sorprendió anteayer una marcha de seguidores zelayistas en el barrio Flor del Campo, de Tegucigalpa.

Alvarado murió por los disparos de la policía antidisturbios cuando salió a comprar un refresco, según relató un hermano de la víctima.

La canciller de Zelaya, Patricia Rodas, informó anoche de un posible segundo muerto en los disturbios, un sindicalista.

Disparos y represión
Con la presencia de Zelaya en Honduras, la represión del régimen golpista se ha acrecentado.

Varios seguidores zelayistas fueron baleados ayer en el barrio Arturo Quesada de la capital, según relató a LA NACION Concepción Cruz Avila, un sindicalista que fue testigo de los disparos de varios policías antidisturbios contra un contingente sindical que se manifestaba por la restitución de Zelaya.

"Estábamos concentrados unas 500 personas, cantando pacíficamente, cuando varios motoristas de la policía dispararon a la gente con sus armas automáticas", dijo.

Cinco personas resultaron heridas de bala, una de ellas de gravedad, según confirmaron a LA NACION fuentes médicas del Hospital Escuela de Tegucigalpa. Pero las balas de la policía no amedrentaron a los manifestantes. Varios miles de zelayistas marcharon ayer desde la Universidad Pedagógica a la embajada de Brasil para apoyar a su presidente.

"La única ruta es sacar del país a este hijo de p...", coreaban los manifestantes, refiriéndose a Micheletti.

Las columnas zelayistas fueron nuevamente reprimidas por los efectivos antidisturbios cuando se acercaban a la sede diplomática brasileña.

"La movilización tiene que servir para que apuntalemos y fortalezcamos el diálogo entre los hondureños, para buscar una salida patriótica y digna para todos", declaró Rafael Alegría, dirigente del Frente de Resistencia contra el Golpe de Estado.

Mientras el país avanza hacia un callejón sin salida, el gobierno de facto sigue rechazando el diálogo.

El canciller Carlos López Contreras leyó anteayer un comunicado de Micheletti en el que éste se ofrecía a hablar con Zelaya, pero siempre y cuando el mandatario depuesto aceptara la celebración de elecciones bajo el statu quo actual.

Curiosamente, López Contreras leyó el comunicado en inglés (traducido luego al español por una asistente), como si el único destinatario fuera Estados Unidos.

Al mismo tiempo, invitó a una comisión de la Organización de los Estados Americanos (OEA) a visitar el país para reabrir ese diálogo.

La invitación cursada ayer a Zelaya era muy distinta: un salvoconducto para que abandone el país cuanto antes.

Para el mandatario derrocado, la estrategia de los golpistas sólo procura seguir ganando tiempo mientras persiste el acoso a la embajada brasileña.

Zelaya denunció ayer que los militares "están bombardeando con químicos" el edificio donde se refugia y dificultando las comunicaciones con "señales radioeléctricas".

Las fuerzas especiales del ejército desalojaron anteayer por la fuerza a todos los vecinos de las casas colindantes con la embajada brasileña.

Orieta Bidea, una vecina de 63 años, expresaba así su malestar: "Yo vivo aquí cerca a la vuelta de la embajada. Esto es insoportable, no podemos ni salir de la casa. Anoche había como un ruido, no sé qué es, pero no podía dormir".

El ministro de información de Micheletti, René Zepeda, salió enseguida a desmentir las acusaciones de Zelaya sobre el lanzamiento de gases químicos contra la embajada, y negó que el régimen esté pensando en tomar por asalto la sede diplomática.

Mientras tanto, las muestras de solidaridad con el mandatario derrocado continúan. Ayer, la Unión Europea urgió al gobierno de facto a "respetar la integridad física" de Zelaya y anunció que había acordado con la OEA el regreso de sus embajadores a Tegucigalpa con el objetivo de "ayudar en el terreno" al mandatario depuesto.

Ante la constante presión internacional, Micheletti optó por interpretar el anuncio de la UE y la OEA como un triunfo personal y asumió el papel de víctima, en vez del de verdugo. "Estamos solos pero sobreviviendo", dijo a la cadena de televisión norteamericana CNN.