martes, 29 de septiembre de 2009

HONDURAS: POR PRIMERA VEZ SE FISURA EL GOLPISMO: CONGRESO CONTRA MICHELETTI. YA ES UNA DICTADURA MILITAR. MICHELETTI SUFRIRÍA DESQUICIO MENTAL

LA NACION (ARGENTINA)
Un régimen cada vez más aislado

Atrincherado en la Casa Presidencial de Tegucigalpa, Roberto Micheletti parece tener una doble personalidad. Cuando saluda a la prensa extranjera, muestra siempre su mejor sonrisa, una mueca impostada: "Me llamo Roberto, pero todos me llaman Micheletti", suele comentar mientras extiende la mano. Pero luego, en la soledad de su despacho, no le tiembla el pulso para decretar un estado de sitio de 45 días digno de un régimen totalitario.

La estrategia diseñada por el régimen de facto con la aprobación del estado de sitio logró ayer sus primeros resultados. Tras el cierre de los medios afines a Mel Zelaya, ya no hay ningún periodista local que pueda criticar los excesos de Micheletti en la prensa, radio o televisión. Tampoco hay nadie que pueda manifestarse en contra de los golpistas en la calle.

La conculcación de cinco derechos básicos de la Constitución ha llevado al gobierno a su máximo nivel de represión, según el analista político hondureño Manuel Torres: "La suspensión del artículo 72 de la Constitución (que garantiza la libertad de expresión) supone la caída total de la máscara del régimen. Cuando se suspende el derecho a la libertad de expresión, se llega a la etapa brutal en la que un golpe de Estado se muestra ya sin ambages como una dictadura, porque si se anula ese derecho sólo queda un eclipse total de la realidad".

Pero Micheletti se habría guardado una carta bajo la manga. Según las fuentes zelayistas consultadas por LA NACION, el gesto de Micheletti al aceptar estudiar la solicitud del Congreso para derogar el estado de sitio pretende ofrecer de nuevo la sensación de normalidad constitucional que vienen pregonando los golpistas desde hace tres meses. "Se quiere dar la imagen de que los poderes públicos son independientes, y por eso Micheletti hace la pantomima de aparecer junto con el presidente del Congreso [José Alfredo Saavedra] y dice que será la Corte Suprema de Justicia la que decida. Resulta muy extraño que piensen revisar el estado de sitio un día después de que entre en vigor", afirman.

No está de más recordar que la "solución hondureña" al conflicto, como llaman los golpistas a su negativa a que entre en juego la comunidad internacional, se está gestando por actores que han defendido el golpe de Estado sin ambigüedades. Saavedra, sustituto de Micheletti en el Congreso, fue uno de los funcionarios a los que Washington suspendió la visa diplomática en julio. Y el presidente de la Corte Suprema, Jorge Rivera, fue quien ordenó allanar la casa de Zelaya el 28 de junio para detenerlo.

Rivera justificó el golpe de Estado con el argumento de que el "estado de necesidad" estaba por encima de cualquier otro derecho constitucional a la hora de expulsar a Zelaya del país.

Pero el endurecimiento del régimen ha provocado al mismo tiempo fisuras imprevistas hace unas semanas entre algunos sectores políticos y empresariales que apoyaron el golpe o simplemente no lo denunciaron en su momento.

Entre el remolino de reuniones que se llevan a cabo estos días en Tegucigalpa hubo una que resultó muy reveladora. La cita fue anteayer, en la residencia del embajador estadounidense en Honduras, Hugo Llorens. Acudieron, entre otros, los principales candidatos presidenciales a las elecciones, el obispo auxiliar de La Habana, Juan José Pineda (que ha visitado a Zelaya en dos ocasiones en esta última semana), John Biehl, el funcionario chileno de la OEA que llegó anteayer a Tegucigalpa, varios destacados empresarios y algún que otro asesor de Micheletti.

Según revelaron a LA NACION algunos de los participantes en la reunión, el tono de Llorens hacia alguno de los presentes fue "grosero". El embajador estadounidense amonestó a los presentes por el estancamiento del diálogo y les recordó que la vía para solucionar la crisis tiene nombre y apellido: "Acuerdos de San José", el plan impulsado por el presidente costarricense, Oscar Arias, que establece, entre otros puntos, la restitución de Zelaya en el poder.

Un relevante empresario hondureño presente en esa reunión le reconoció a Llorens que el proceso electoral es "inviable" en la situación actual que vive el país. La opinión de ese empresario es compartida por una parte del sector empresarial que apoyó el golpe y que ahora estaría tratando de desmarcarse del régimen ante lo que consideran "un callejón sin salida" al conflicto.

Campaña militarizada

Otro actor fundamental en la crisis, Porfirio Lobo, el candidato del opositor Partido Nacional, se distanció también del régimen al condenar el estado de sitio. A Lobo, favorito en las encuestas para ganar los comicios, no le conviene que la campaña electoral se desarrolle con los militares en la calle. De ahí que en los últimos días busque con afán salidas negociadas a la crisis que no le pongan piedras en el camino.

Pero si el régimen comienza a notar síntomas de agotamiento, a Zelaya tampoco le va muy bien. El optimismo inicial por haber ridiculizado a Micheletti, plantándose con su sombrero texano en las mismas narices de los golpistas, se va desvaneciendo conforme pasan los días y se prolonga el encierro en la embajada de Brasil.

Nadie pone en duda su audacia, su arrojo, esa obstinación que, dicen, tienen todos los hijos de Olancho, la violenta región hondureña en la que nació el presidente derrocado. Pero sigue sin rematar la faena. Los que lo conocen bien temen que Zelaya no tenga más plan que esperar a ver qué pasa. Ya está cerca de la Casa Presidencial, pero todavía muy lejos de volver al poder.