sábado, 26 de septiembre de 2009

HONDURAS: A SOMBRERAZOS

LA CRÓNICA DE HOY (MÉXICO)
Andrés Pascoe Ripey

¡Qué emocionante lo que pasa en Honduras! Hugo Chávez, según reportes, hizo una maniobra de distracción para engañar al gobierno golpista de Roberto Micheletti. Los hizo creer que llevaría consigo a Manuel Zelaya —el presidente depuesto— a la Cumbre de Naciones Unidas como su protegido. En Honduras pendientes de si intentaría hablar ante el pleno de la ONU y tenían sus esfuerzos orientados a impedirlo.

Pero al hacer escala en El Salvador, Zelaya se bajó a escondidas del avión, se metió en la cajuela de un auto e hizo toda la “hazaña” de meterse de mojado a su propio país.

Una vez ahí, dio una entrevista a una estación de radio —vía telefónica— diciendo que estaba en Tegucigalpa pero que no podía revelar su ubicación. Micheletti mismo salió a desmentirlo, asegurando que Zelaya estaba en “una suite” de un hotel de Managua.

Confusión, desconcierto y agitación en las calles. ¿Había logrado colarse? ¿Dónde estaba? Imagino a Micheletti con sus servicios de seguridad, furioso, dando un fuerte palmetazo en su escritorio: “¡Encuentren a ese desgraciado!”

Los hilos del poder se mueven y los grupos de presión empiezan a despertar: “¡Mel —como le dicen a Zelaya— llegó! ¡Vístete y vamos!”

Poco después, Zelaya vuelve a hablar: “Estoy en la embajada de Brasil, que me ha asilado.” Inacio Lula da Silva —volando hacia Nueva York— habría autorizado a su encargado de negocios (el embajador había sido retirado desde el golpe de Estado) a darle asilo al presidente.

La gente se lanza a la embajada a toda prisa. Los aliados de Mel insisten: ¡Hay que llegar antes que los golpistas! El gobierno envía, sin dudar un segundo, grupos antimotines con la orden de reventar cabezas, declara toque de queda y cierra los aeropuertos. El aire vibra.

Un periodista que está en la embajada transmite las primeras fotos de Zelaya, con su sombrero, feliz de estar en su país y, al tiempo que llama a la “no violencia”, incita a su gente a salir a defender la democracia.

Y se arma la batalla. Usando gases lacrimógenos y bocinas gigantes, la policía se va contra la multitud congregada en torno a la embajada. Según reportes, gases también fueron lanzados al interior del territorio brasileño. Hay heridos.

El presidente Lula exige respeto a su representación y amenaza: No serán toleradas violaciones a la embajada. Pero sigue la violencia. Los manifestantes saquean supermercados y tiendas. Micheletti pide a Lula que le entregue a Mel. Lula lo ignora.

La Unión Europea manda de vuelta a todos sus embajadores retirados, buscando reconstruir el diálogo; Michelle Bachelet llama al cumplimiento de la propuesta de Costa Rica (reinstalación de Zelaya y amnistía para los golpistas) y Chávez compara a Zelaya con Pancho Villa (?).

Desde la embajada denuncian: Nos cortaron el agua y se acaba la comida. El rostro de Zelaya ya no es triunfal, se ve agotado y tenso, pero no suelta su sombrero. ¿Es el que le regaló Calderón?

Micheletti está arrinconado. Los gobiernos del mundo amenazan con no reconocer las elecciones de noviembre ni al nuevo gobierno que de ellas emane. Mel se reúne con cuatro de los seis candidatos a la presidencia para dialogar. El gobierno golpista cede en algo por primera vez y anuncia que un representante se reunirá con el depuesto presidente para negociar. Los equipos de asesores se reúnen y discuten.

Honduras acepta una delegación de la OEA. El Consejo de Seguridad de la ONU anuncia que abordará el tema, aunque no se espera ninguna declaración. Jimmy Carter propone una misión de diálogo compuesta por el presidente de Costa Rica y el vicepresidente de Panamá, lo cual es aceptado por el gobierno golpista, pero le saca provecho: “Esto significa, en términos del derecho y la práctica internacionales, el reconocimiento expreso al gobierno de la República (...) primer paso, desde el punto de vista internacional, del efectivo reconocimiento del proceso electoral”, según reporta BBC.

Corre un rumor en el mundo diplomático: Chávez le puso una trampa a Lula. Fue él quién envió a Zelaya a refugiarse en la embajada sin haberlo negociado ni consultado, sabiendo que Brasil no podría negarle asilo. Hay molestia, dicen. No le saldrá gratis al venezolano la estratagema. Con Lula no se juega.

Micheletti no tiene ninguna intención de devolverle el poder a Zelaya, a quien detesta personal y políticamente. Su sueño es que pasen las elecciones y el nuevo gobierno les dé amnistía, y que con eso acabe la crisis.

Pero hay un problema que el gobierno de facto ha perdido de vista: ya no hay espacio para golpes de Estado en América Latina. Mel será lo torpe que uno quiera, pero es un presidente legal. Micheletti y la clase política que lo acompaña en su apuesta represiva pasarán a la historia de la vergüenza internacional. Su recuerdo será, para siempre, condenado.

¿Volverá Zelaya al poder? ¿Regresará la democracia a Tegucigalpa? ¿Veremos un amanecer de paz? Más que nada, cuando esto se resuelva, ¿volveremos a pensar en Honduras?

Suspenso…

apascoe@ctonica.com.mx