domingo, 20 de septiembre de 2009

VICTORIA RUSA SOBRE OBAMA EN TEMA MISILES. MEJOR PARA EL MUNDO

PRENSA LATINA
Rusia, una victoria silenciosa
Escrito por Antonio Rondón García

Al evaluar la decisión de Estados Unidos de dejar en suspenso el despliegue del escudo antimisil en Polonia y Chequia, el presidente ruso, Dmitri Medvedev, evitó reconocer lo que todos hoy pueden apreciar: una victoria rusa.

Desde los primeros momentos en que el republicano George W. Bush, cuya administración, como afirmó hace poco Medvedev, llevó los nexos entre Moscú y Washington al nivel de la guerra fría, abogó por desplegar el sistema antimisil en Europa, encontró la oposición rusa.

El Kremlin desdibujó los argumentos presentados por Bush sobre la presunta amenaza de un ataque que provenía de Teherán y Pyongyang, aunque los expertos rusos siempre aseguraron que ninguno de los dos países tenía capacidad para lograr un ataque a Estados Unidos.

Además, si se trataba de evitar un ataque de ese tipo, por qué desplegar los medios para evitarlo tan cerca de Rusia?, de ahí que Moscú en todo momento denunció el verdadero propósito de los planes en Polonia y la República Checa: estrechar el cerco a su alrededor.

Los llamados del Kremlin, tanto en la administración de Vladimir Putin como en la de Medvedev, de cooperar en la esfera de la proliferación coheteríl encontraron oídos sordos en la Casa Blanca.

Rusia insistía en que era posible la cooperación en el aspecto antimisil, mientras demostraba que con la entrada en operaciones de sus sistemas Topol M, la defensa antimisil era inútil porque ese armamento ruso podía superar cualquier escudo coheteril.

Estados Unidos gastó más de 100 mil millones de dólares desde el inicio del llamado programa de Guerra de las Galaxias que ahora se intentaba aplicar en su variante más simple.

Aun así, el despliegue de una decena de baterías antimisiles en Polonia y de un radar de localización lejana en territorio checo -con un costo calculado de cuatro mil millones de dólares- parecía una misión costosa para el Pentágono a riesgo de ser inefectiva.

El propio asunto de la instalación de los elementos del escudo anticoheteril norteamericano se había convertido en una verdadera piedra en el zapato para los gobiernos de Praga y Varsovia.

Durante los últimos años, creció el movimiento de oposición a los planes de Washington, a cambio de los cuales los gobiernos de los referidos países de Europa del este pretendían contar con presencia estadounidense y sacarle dividendo en su diálogo con Moscú.

Por otro lado, en la Casa Blanca, el secretario de Defensa estadounidense, Robert Gates, intenta conservar la cara, después de haber abogado fervientemente por el escudo antimisil en Europa.

Estados Unidos de ninguna forma descarta completamente el despliegue de un sistema para frenar en su fase temprana a posibles lanzamientos de cohetes enemigos, comentó Gates.

De acuerdo con la televisión rusa, el nuevo plan en estudio por el Pentágono pasaría por cuatro etapas.

La primera parte llegaría hasta el 2011 y consistiría en instalar una especie de variante móvil en buques de guerra situados en el Mar Mediterráneo y del Norte para ubicar posibles disparos.

Otra de las etapas introduciría una variante modernizada de las baterías Patriot en el referido sistema y por último, casi dentro de una década, se desplegaría completamente el escudo anticoheteril.

Pero el hecho de que Obama anunciara el suspenso de los planes bélicos en Polonia y la República Checa, sin dudas estuvo muy relacionado con la actitud asumida por el Kremlin, que en todo momento denunció los verdaderos propósitos de la iniciativa antimisil.

Al mismo tiempo, el presidente norteamericano abre las puertas a un diálogo distendido entre Moscú y Washington en vísperas del viaje de Medvedev a Nueva York para asistir a la apertura de las sesiones de la Asamblea General de la ONU.

En más de una ocasión, el gobierno ruso ofreció sus experiencias en el trabajo de su estación de radiolocalización, emplazada en territorio azerí, para evitar, junto a Estados Unidos, un posible ataque con cohetes, pero la Casa Blanca descartó esa posibilidad.

Por otro lado, la iniciativa de Estados Unidos, surgida en los tiempos de George W. Bush, fue recibida con cierto escepticismo por casi todas las naciones del Viejo continente, casi con la excepción de la República Checa y Polonia.

En su momento, en el seno de la Organización del Tratado del Atlántico Norte se desató una polémica sobre la necesidad de que las iniciativas de seguridad abarcaran toda la región en lugar dos países aislados.

Praga y Varsovia se mantuvieron entre los más fieles a Estados Unidos y con las mayores diferencias con Rusia, estiman expertos.

De su lado, Medvedev propuso una iniciativa en el reciente Foro de Yaraslav sobre el papel de estado y la seguridad nacional, para firmar un Acuerdo de Seguridad Europea que parece tener mejor acogida entre los socios europeos, deseosos de evitar un diferendo con Moscú.

Rusia nunca dejó de mostrar firmeza en su oposición frontal al despliegue del escudo anticoheteril estadounidense y siempre denunció el peligro que representaba para su seguridad y parece haber tenido éxito, aunque ello dependió también de otras acciones.