viernes, 16 de octubre de 2009

EL AMIGO

por Pablo Cingolani (Bolivia)
a Abraham Cuellar


A uno le duelen ciertas cosas y tal vez por eso lo escribe,
acaso para que duelan menos, y enseñen más

Yo no se pero fuimos un día volando en moto por la laterita
y la casa de don Carlos no desentonaba con la selva

Era el lugar escondido donde lo esperaba su amigo,
tan añejo como él, y más triste por su partida

Dice que una tarde se fue porque algo le dolía y mucho
le dolía en su cuerpo gastado por todas las luchas

Dice que partió a buscar una cura y que cómo
no lo va extrañar para cultivar el chaco

Si no plantamos yuca, dígame
¿de qué comeremos, señor?

Si Carlos no vuelve, dígame
¿con quien hablaré de la lluvia, señor?

Las palabras se le cascaban de los ojos
y brillaban a la luz del amigo, la sombra del compañero

Se le vinieron encima todas las zafras de medio siglo de Amazonía
y en sus pupilas se sublevaban los fuegos de toda la gente pobre

que andan por ahí, por los montes, castañeando
que andan, por allá, por los ríos, en sus vidas

navegando entre víboras y helechos y esos sueños
que va soñando, navegando, la gente del bosque

Dígame, señor, ¿dónde andará Carlos?
¿Dónde penará mi amigo?
El viento y la guacamaya nada me avisan

El cielo se volvió con nosotros
por la laterita hasta el puerto Las Piedras
secretamente
llorando.

Río Abajo, 16 de octubre de 2009