miércoles, 28 de octubre de 2009

EL ÚLTIMO APAGA LA LUZ (SOBRE EL PASE MASIVO DE CRUCEÑISTAS AL MAS EN BOLIVIA)

FOROBOLIVIA
Soledad Antelo, periodista

Unos días atrás, escribí sobre la decisión de ex unionistas y barras bravas de Santa Cruz de apoyar la candidatura de Evo Morales – Álvaro García Linera, pasándose de la vereda opuesta a las filas del cambio. Desde entonces, muchas voces se han alzado condenando esta actitud, dándole al grupo de recientes conversos un valor político que, en rigor, no lo tienen.

Hoy, los periódicos conservadores dan una nueva noticia, referida a la triste situación de la Unión Juvenil Cruceñista, calificada por los cívicos como su brazo operativo. El Deber se refiere al tema de la siguiente manera:

Toda la directiva de la Unión Juvenil Cruceñista (UJC) anunció su renuncia ayer por falta de apoyo cívico. La UJC, presidida por Ariel Rivera, dijo que esta decisión no es “por un tema político” sino por una crisis interna dentro de la institución cívica.

Por supuesto que, a despecho de tal declaración, la situación crítica reconocida es un tema político. El fondo de la cuestión es el proceso de resquebrajamiento de un bloque político opositor que articuló a esas huestes juveniles como grupos de choque para convencer a la ciudadanía de que no sólo querían ser el “gobierno moral de los cruceños”, sino el gobierno de facto de una propuesta secesionista.

No se trata tampoco de una situación coyuntural, emergente de una desigual correlación de fuerzas con vistas a los comicios de diciembre próximo, en la que paulatinamente el gobierno y el proceso de cambio van ensanchando sus bases de sustentación, restándole base social a una oposición de derecha cuyo principal pecado electoral es haber elegido al peor de los candidatos.

A medio día, un nuevo sacudón remese el viejo árbol logiero de Santa Cruz; aunque poco numeroso, un grupo de funcionarios de la Prefectura, ha manifestado su deseo de apoyar también a los candidatos del cambio. Hace un año, aquello simplemente habría sido calificado de alucinación; como no ha mucho, imaginar una casa de campaña del MAS en el exclusivo barrio de Equipetrol habría sido considerado un suicidio premeditado.

Son tiempos de crisis, en la acepción primera del diccionario [1. f. Cambio brusco en el curso de una enfermedad, ya sea para mejorarse, ya para agravarse el paciente].

El rigor, la crisis comienza a carcomer las raíces mismas de una institucionalidad que, en determinado momento histórico, tuvo un innegable papel progresista y de defensa de los intereses regionales y populares. Nadie puede desconocer la lucha por las regalías (aquel 11% hoy plenamente reconocido) ni el papel que jugó el Comité Cívico en aquellas décadas (aunque se olvida a propósito el nombre del colla –un egregio orureño– que fue, en realidad, el artífice de esa propuesta).

Por eso mismo, resultaría un monumento a la vanidad por quienes somos parte de este proceso de cambio, confundir esas señales con la atomización de un sentimiento autonómico genuino. Si las logias escupieron para arriba gritando autonomía, hoy el proceso de cambio debe entender que este momento histórico debe tener un desenlace positivo.

Y ese desenlace no es otro que la construcción de una nueva institucionalidad, basada en lo que la mayoría del pueblo boliviano ha votado de manera consciente en enero pasado. Es una tarea que importa y pertenece a todos, salvo aquellos que por propia tozudez se muestren partidarios de reciclar la violencia y ejercer una ciega oposición sin propuestas alternativas.

El vicepresidente García Linera reflexiona que ya pasó el tiempo de la confrontación. Que los tiempos que se avecinan son de diálogo fecundo, de elaboración de un cuerpo de leyes que den viabilidad a la nueva Constitución Política del Estado. Pero no puede confundirse la hospitalidad con que se aprecia la modificación de conducta de quienes se pasan a la vereda del cambio, con debilidad ni con asomos de negociar la voluntad popular.

La soberanía, esa legítima autoridad que reside en el pueblo y se ejerce por medio de sus órganos constitucionales representativos, no puede negociarse hoy, ni mañana. La votación multitudinaria que reeligirá a Evo Morales es la luz más diáfana que alumbra el camino a seguir.

Que ni unos ni otros se equivoquen.