jueves, 15 de octubre de 2009

HONDURAS: LA OLIGARQUÍA GOLPISTA SE REFRIEGA LAS MANOS ANTE LA INMINENTE CASTRACIÓN VOLUNTARIA DE ZELAYA

CLARIN (ARGENTINA)
¿Restitución simbólica?
Por: Pablo Biffi


Tanto desde el bando del derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya, como del gobierno de facto encabezado por Roberto Micheletti se ha hablado ayer de "avances" en las negociaciones en el punto clave de la crisis institucional hondureña producto del golpe de Estado del 28 de junio pasado: el regreso al poder de aquel hombre que un domingo de madrugada fue a dar con sus huesos, apenas en pijama, al aeropuerto de San José de Costa Rica.

A más de 100 días del golpe, es difícil imaginar qué motivos pueden tener los zelayistas -y también la comunidad internacional- para mostrarse optimistas si no tienen la certeza de que "Mel" será restituido de inmediato, con plenos poderes y con todos los honores de un presidente constitucional. Todo hace suponer que nada de eso se discutió por estos días en Tegucigalpa y menos aún se consideró en los conciliábulos de la OEA en Washington, cada día más convencidos de que es necesario salir decorosamente del pantano, aún a costa de los intereses no sólo de Zelaya, sino también del respeto a la institucionalidad en la región.

Cuando todos -o casi todos- festejaban en la OEA la celebración de un acuerdo y en Honduras uno de los voceros de Zelaya anunciaba que las dos comisiones negociadoras habían consensuado un documento único sobre la restitución, Micheletti aclaró que nada se había acordado en ese sentido y que recién hoy se volvería a la mesa de negociación. Sugestivamente, el propio Zelaya dijo que estaba dispuesto discutir "cambios en la propuesta sobre su restitución en el poder acordada en el diálogo con el régimen de facto". Nadie sabe aún qué es lo que dice ese texto acordado, pero resulta evidente que una eventual restitución de Zelaya no será inmediata -ni mucho menos hoy 15 de octubre, cuando vencía el ultimátum que le dio al gobierno de facto- ni que "Mel" se inmolará para lograr ese objetivo, como prometió varias veces tras ser derrocado.

Lo que parece claro es que el único objetivo de los golpistas era y es que Zelaya no regrese y, si lo hace, que sea apenas un simbolismo: unos días antes de que termine su mandato para colocarle la banda presidencial y legitimar al jefe de Estado que surja de las elecciones del 29 de noviembre. Y es claro también, desde el momento del derrocamiento, que Micheletti es apenas un fusible del verdadero poder detrás del golpe, que puede salir de la escena para dar paso a un tercero -lo que en Honduras llaman "la tercería"- que tiña de "institucionalidad" lo que a todas luces es ilegal e ilegítimo. Allí parece estar la razón por la cual Micheletti reclama que sea la Corte Suprema -aliada del golpismo- y no el Congreso la que defina si Zelaya, con escaso apoyo popular, debe volver al poder, cuándo y en qué condiciones. Si esto es así, el golpismo se habrá impuesto y cumplido con su objetivo. Y será un peligroso precedente para la región.