viernes, 23 de octubre de 2009

NOSOTROS, LOS PARIAS

Pablo Cingolani (Bolivia)
¡Caleidoscopios del mundo uníos!

a Walter Chávez

Hay una escena de Blade Runner que siempre me incita. Es el final del combate singular entre el policía exterminador que encarna Harrison Ford y el último replicante. Llovía torrencialmente en Los Ángeles, alguna noche del año 2019, y la batalla entre los dos seres era feroz. El “bueno” de Harrison debía terminar de limpiar la Tierra de estos robots “malos” que lo único que deseaban era prolongar el tiempo de vida que la industria les había concedido. Como querían vivir, había que aniquilarlos a todos. Y en eso estaba Mr. Ford cuando el tiempo se le agotaba al replicante. No es que el otro lo mata, casi diríamos –como Vicky le gritó a los genocidas argentinos- que la máquina que se había vuelto humana, prefiere morir, aceptando que ese es el fin inexorable. Pero antes de expirar, le habla a su oponente, le habla a aquel que buscaba acabarlo, y le dice “hermosa y salvajemente” (Charly García) algo así:
―He visto incendiarse las nebulosas X y C; estaba ahí cuando el cometa tal se estrelló contra el planeta zas; he penetrado cien agujeros negros y penetraría cien más pero ahora es tiempo de morir…
Lo mira a los ojos y ¡clac! ¡Corten! muere el personaje que protagonizaba Het Ludger.
Ridley Scott, el director de la cinta, aprovechó el clímax de la tensión dramática para meter en off los pensamientos del guardián del orden, mientras cierra el plano sobre su rostro empapado hasta el diluvio. Y la voz cas-ca-da de Harrison Ford, va diciéndose en inglés, of course, algo por el estilo:
―Finalmente sentí que era igual que yo… finalmente, lo único que se preguntaba era lo que nos preguntamos todos: ¿de dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos?
¿La entendieron? La historia es buena, sobre todo para los que sienten que no vienen de ningún lado y que no van a ninguna parte. ¡Qué problema que tienen esos, no?

* * *

Si se crease una “republiqueta” de los parias- versión Bolivia siglo XXI, digamos una Ayopaya on line, Walter Chávez bien podría ser su Presidente Vitalicio –no perderíamos tiempo en elecciones, desde ya- y quien suscribe podría ocupar el lugar de un Choquehuanca, desde ya con humildad. Walter pudiese arrancar su gestión proclamando a la riña de gallos como el deporte nacional del país virtual; de mi parte, le diría a la prensa que sólo leo a Conrad y a Hugo Pratt. Y Chávez podría apoyarme, declarando a Korzeniowski como gloria nacional de la república paria y al Corto Maltés de lectura obligatoria en las escuelas primarias de nuestros dominios. Pero hay otro problema: no existirían las escuelas primarias. Ni tampoco secundarias. Ni ningún tipo de escuela. Pasolini decía que a las escuelas había que abolirlas porque son la cuna de todos los vicios y todas las delincuencias que nutren al sistema. La República de los Parias carecería de ellos; por ende, de escuelas.

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Hoy, le escribí un correo electrónico a Chávez que terminaba así:

“Sigue escribiendo, viejo, sigue escribiendo sobre los gallos… vos que has nacido en un sitio llamado Tembladera; desde que me lo contaste, sentí por qué estás definitivamente marcado y señalado: no se puede nacer en un lugar con ese nombre y no padecerlo como el extraño influjo de una joya o una piedra, como saberse siempre en el medio de un viento que busque limpiar la maldad del mundo. Nunca te olvides del Cid: “Oh, ¡que buen vasallo fuera, si buen señor tuviera!”. ¡Oh, que buen vasallo fueras, Hijo de Tembladera!”.

De ahí, y no de otro lugar, y no como el replicante, viene el amigo Walter.
De ahí, y no de otro texto, si no de este que escribí en la mañana, vienen estas palabras.

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Antes, él me había enviado otro correo, recordando cuando Mercedes Sosa se había devorado dos empanadas salteñas junto a él (que la entrevistaba o algo así) en el Aeropuerto Internacional de El Alto, diez años y más atrás, la última vez que la Negra vino a cantar a Bolivia. El asunto del e-mail es por demás sugerente y cada uno entienda lo que quiera entender. Decía: noticias ciertas del naufragio del penúltimo transatlántico.
Allí anotó un poema a lo Carver/Cajamarca, bien guarro, ladrado, descortés y absoluta y políticamente incorrecto, como debe ser. Una joya del despojo y el minimalismo andino donde puedes leer, si te animas:

No sé si es una tragedia lo de la Gorda Sosa.
Creo que quizás fuera mejor que ya todos estuviéramos muertos
Y que nos dejáramos de joder.

Si Charlie Parker se hubiese dedicado a la palabra, tal vez hubiese escrito semejantes y memorables cosas. Es be-bop con letras.

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Estar muertos, estar vivos: son categorías a revisar en el futuro Primer Congreso Extraterritorial, Intergaláctico y Ampliado sobre Asuntos a Revisar, convocado en la República de los Parias. Las cigarras también serán invitadas.

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Si alguien no quiere asumir cualquiera de las implicancias de lo que voy diciendo, sólo lo remito a leer el cuento de Drieu de la Rochelle titulado Se prohíbe la salida. O leer al Kusch de Vivir en Maimará. O que, más fácil –eso es indudable- deje de leer este texto. No es vinculante, my friend.

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Como la vida sigue, y tengo que regresar a mis actividades y no tengo un final para estas palabras, lo dejo ahí: palabras parias para nosotros, los parias, ante todo porque no hay final mientras el cuero aguante.
Sabemos de dónde venimos pero es obvio que no sabemos hacia donde vamos.
Una cosa es ser paria, otra cosa bien distinta es ser Dios (que debe saber siempre hacia donde va), y otra cosa más distinta aún es ser lo que ya se imaginará y que no pienso anotar para no escandalizar a las damas.

Río Abajo, 21 de octubre de 2009