sábado, 14 de noviembre de 2009

OJO CHILE: MARCOS ENRÍQUEZ OMINAMI, SOCIALISTA INDEPENDIENTE LLEGARÍA A SEGUNDA VUELTA CON EL 39% DE LOS VOTOS

EL CORREO DIGITAL
Socialista independiente convulsiona el panorama electoral chileno
La irrupción con fuerza de Marco Enríquez, de 36 años, presagia un mano a mano con el derechista Piñera

MARCELA VALENTE
Un candidato joven e independiente, en rápido ascenso, podría convertirse en la gran sorpresa de las elecciones presidenciales chilenas que se celebran en menos de un mes. Según las últimas encuestas, el diputado Marco Enríquez Ominami, un ex socialista de 36 años que rompió con el oficialismo y se lanzó a la carrera hace unos meses, le gana a sus rivales en «sinceridad», «simpatía» y «cercanía con la gente».

Si se suman los chilenos que tienen decidido votarle y los que «creen» que lo harán, Enríquez, a quien muchos llaman «el Obama chileno», disputará la presidencia en segunda vuelta con el favorito: el empresario derechista Sebastián Piñera. Pero el proceso electoral para llegar a ese escenario es complejo y varía día a día, y está claro que la popularidad de la presidenta, Michelle Bachelet, no se traspasa al candidato del oficialismo, Eduardo Frei.

Esta semana, el Centro de Estudios Públicos de Chile (CEP), indicó que 78% de los ciudadanos aprueba la gestión de Bachelet y 82% confía en ella. Nunca un presidente chileno había culminado su mandato con tan alto nivel de aprobación. No obstante, esa popularidad no se transfiere a Frei, y quizás sea porque el más fiel sucesor de la presidenta no sea él, sino su rival por la izquierda, Enríquez Ominami.

El politólogo Patricio Navia, en su libro 'El díscolo', señala que el joven candidato es políticamente un «hijo ilegítimo» de Bachelet. A diferencia de Frei, que proviene de la democracia cristiana, Bachelet y Enríquez vienen del socialismo, sólo que Enríquez renunció cuando la concertación de partidos, que gobierna Chile desde hace casi dos décadas, le negó su participación en elecciones internas de candidatos. Fue entonces cuando el joven consiguió 70.000 firmas para su postulación independiente.

Lo concreto es que los últimos sondeos indican que el 13 de diciembre, Piñera, de la derechista Coalición por el Cambio, se impondrá con el 36% de los votos. Le sigue Frei, senador y ex presidente (1994-2000), con un nivel de respaldo del 26% y Enríquez con un 19%. Hay además un 14% de indecisos.

Segunda vuelta
Pero cuando la encuesta añade a los que ya tienen decidido su voto con los que creen a quien apoyarán, la competencia se torna más pareja y ahí viene la sorpresa. Piñera queda con el 41% de los votos, Enríquez pasa al segundo lugar con el 39% y Frei con 34%. O sea que la victoria final se dirimiría entre Piñera y Enríquez.

En cuanto a la segunda vuelta, el más competitivo para rivalizar con Piñera es Enríquez. En ese escenario -que se realizaría si ninguno logra el 50% de los votos-, Piñera le ganaría a Frei 43 a 37, pero vencería a Enríquez 40 a 37, un margen que coincide con el error que se reservan habitualmente las encuestas.

«Hace diez años decían que un socialista no podía gobernar Chile. Hace cinco decían que una mujer no podía gobernar Chile. Pero Chile cambió», porfía Enríquez, que apoya el matrimonio homosexual, la despenalización del aborto y del consumo de marihuana, entre otras medidas de corte progresista. Para el joven candidato, Piñera y Frei son políticos «conservadores» pese a sus diferencias.

Decidido y muy preparado, filósofo y cineasta, casado con una popular animadora de televisión y padre de dos hijos, Enríquez tiene una biografía marcada por la historia política chilena. Su padre Miguel Enríquez, fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), fue asesinado en 1974 por orden del dictador Augusto Pinochet cuando Marco tenía apenas cinco meses de edad.

Su madre se exilió con el pequeño en Francia y formó una nueva pareja con el ex senador socialista Carlos Ominami. Por eso es que Marco recogió los dos apellidos: el de quien le dio la vida y el de quien se la salvó, según explica siempre él mismo.

Enríquez fue elegido diputado por el socialismo en 2005, pero fue siempre crítico de la concertación gobernante, integrada por socialistas y democristianos. Por eso, a su grupo se lo identificó como los 'díscolos' y cuando no se le permitió competir por la presidencia renunció al socialismo, y creó una agrupación que hoy amenaza quebrar el duopolio imperante en la escena política chilena desde el fin de la era Pinochet.