domingo, 27 de diciembre de 2009

ARGENTINA: GRUPO POLICIAL DE ELITE QUE MATÓ A ALBAÑIL BOLIVIANO SERÁ JUZGADO SIN FUEROS ESPECIALES

CAMBIO (BOLIVIA)
Policías argentinos golpearon y acribillaron a boliviano


“Nos vienen a robar”, gritó Juvelio Aguayo, quien impulsado como por un resorte se fue hasta el dormitorio y agarró el revólver calibre 32 que guardaba arriba del ropero. Salió y disparó al aire para espantar a los ladrones que en otras dos oportunidades le habían robado los ahorros de su vida. En tanto, su esposa Nilda Montaño y su madre corrieron a la terraza para pedir ayuda a los vecinos.

Pero de pronto, la puerta saltó por el aire, derrotada por la barreta del brechero, el policía que derriba obstáculos en el Grupo Halcón, el cuerpo de élite de la Policía de Buenos Aires, que había llegado al domicilio de Juvelio en busca de narcotraficantes con una orden de allanamiento expedido por un juez.

La versión oficial señala que el migrante boliviano los recibió a los tiros: una bala impactó contra el escudo que encabezaba el asalto y otra raspó el dedo meñique de un policía. Mientras Juvelio retrocedía por el pasillo de la casa, el teniente Nelson Jurado le respondió con su pistola reglamentaria, pero se le trabó después del segundo disparo. Entonces, como Juvelio no se rendía, el sargento Ricardo Abel Adeldaño largó una ráfaga con su ametralladora MP5.

Pero Nilda tiene una versión distinta de los hechos. “Cuando entraron, lo hirieron, y Juvelio tiró el arma pero le siguieron disparando mientras él iba por el pasillo para el fondo de la casa. Recién ahí vimos que eran policías. El último disparo se lo dieron delante de los niños. A nosotras nos bajaron de la terraza por los pelos”.

Herido de muerte, el hombre se desplomó contra un cajón de naranjas. También había tomates, bananas, una bolsa de papas, que quedaron desparramadas junto al charco de sangre. Después de la balacera, las mujeres y los niños fueron encerrados en uno de los dormitorios. A Juvelio lo esposaron y lo arrastraron hasta el comedor.

“Yo escuchaba que gritaba ‘por favor no me peguen más’. Me desesperaba y quería ir con él, pero no me dejaban salir. A mi hijo de 13 años le dieron un culatazo en la cabeza. Ahora no quiere comer. Está mudo y sordo: mira el techo todo el día, y a veces pregunta cuándo va a volver el papá”, relata la viuda.

Cuando terminaron los golpes, hicieron desnudar a las mujeres delante de los niños, y agacharse para ver si escondían algo.

Luego, un policía leyó la orden de allanamiento. Buscaban a un hombre apodado ‘Chino’ y una cocina de cocaína. Pero en la casa no había nadie con ese nombre y mucho menos una fábrica de drogas. Nilda no lo podía creer: se habían equivocado.

El comisario bajó el papel que estaba leyendo y la miró a los ojos, y le preguntó: “¿dónde está la droga?”.

Nilda se encogió de hombros. “Revisen todo”, le dijo, “pero acá no hay nada: somos una familia trabajadora”. La brutalidad policial segó la vida del albañil boliviano que llegó a la Argentina hace 14 años.

Nilda y Juvelio, unidos por una trágica historia
Nilda Montaño nació hace 32 años en Cochabamba. Al momento de inscribirla, el padre la había abandonado. “Por eso —dice— tengo un solo apellido.” Creció con su abuela, hasta que le pasó una de esas cosas que parecen de novela: un hombre mayor golpeó a su puerta. “Soy tu padre –le anunció–. Nos iremos a la Argentina.”

Corría 1991 y Nilda tenía 14 años. Emigró con él, vivió en Buenos Aires y ni bien pudo formó una familia propia. A los 19 tuvo su primer hijo, pero dos años después, durante un viaje a Bolivia, el marido murió en un accidente de auto. Viuda y madre joven, tardó un tiempo en recomponer su vida. Pero lo logró. Cinco años después, conoció a Aguayo, tres años menor que ella.

La historia de Juvelio Aguayo también era triste: había llegado a la Argentina en 1995, estaba de novio con una mujer y tenía un hijo. Pero su prometida empezó a trabajar en limpieza en una casa de familia, se enamoró del patrón y los abandonó.

Cuando se conocieron, Juvelio y Nilda hicieron un pacto. Cada uno se haría cargo de los hijos del otro. Serían una nueva familia. Se mudaron al barrio Olimpo, en Lomas de Zamora, y empezaron a construir su casa con la esperanza de progresar.

La casa de la familia Aguayo no difiere en nada de las miles de casas que los inmigrantes bolivianos construyen en Buenos Aires. Edificadas en terrenos tan amplios, de techos altos y ambientes grandes, en la losa del techo se ven las columnas con los hierros de construcción que apuntan al cielo, como esperanza de seguir avanzando, señala una crónica del periodista argentino Sebastián Hacher.

Había movimientos sospechosos
Un vocero del juzgado explicó a Miradas al Sur que el allanamiento se ordenó por testimonios de algunos vecinos. Estos decían que en la casa había “movimientos compatibles con la venta de droga”, y que la familia tenía “un nivel económico que no coincide con el trabajo de ellos”.
Miradas al Sur quiso conocer los detalles. Preguntó en qué consistían esos movimientos:
–Entraba y salía gente –respondió el vocero judicial–, se movían bultos. A veces pasaban muchos días sin salir de la casa.
–Pero en el lugar había un taller de costura.
–Sí –continuó el vocero–, pero está desordenado. Y que no se encuentre nada no significa que no sean narcotraficantes. Quizás tenían movimiento sólo algunos días en la semana.

Sin duda, fue una confusión o una mala información que brindaron algunos vecinos que observaron movimientos sospechosos en la casa de una familia trabajadora, que en algunas oportunidades se dedicaba a la costura y en otra a la albañilería.

El grupo táctico Halcón está conformado por 15 miembros de élite: dos francotiradores, un médico, un negociador, un experto en explosivos y desactivación, un especialista en comunicación, un experto en inteligencia y ocho miembros de asalto y tácticas.

Ahora, todos deben enfrentar un proceso en la justicia ordinaria, despojados de todos sus fueros, en virtud a una resolución del juzgado. El delito que pesa contra los uniformados es homicidio, aunque se agrava porque fueron partícipes de un operativo, con sus uniformes de combate.