jueves, 10 de diciembre de 2009

SOBRE EL SOCIALISMO DEL SIGLO XXI

Jorge Echazú
PCMLM


Es muy cierto y evidente que para la construcción del socialismo nuevo, el socialismo así llamado del Siglo XX, son necesarias e incluso imprescindibles ideas nuevas que tengan la virtud de soslayar los viejos errores y poner de relieve los verdaderos éxitos logrados en la teoría y en la práctica por el socialismo del Siglo XX, o lo que nosotros llamamos la Segunda Ola Revolucionaria. Ahora se trata de la Tercera Ola Revolucionaria (TOR).

Sin embargo, con el propósito preciso de aclarar algunas ideas confusas y ciertos eclecticismos que pueden presentarse en la concepción de un nuevo tipo de socialismo, habría que comenzar diciendo que el socialismo no es ni puede ser precisamente una construcción acabada como Modo de Producción estable y contrapuesto al capitalismo. En rigor el socialismo constituye la fase de "transición" del capitalismo al comunismo, como lo explicara Karl Marx perfectamente en su "Crítica al Programa de Gotha", que no necesario transcribirla porque es ampliamente conocida. El socialismo constituye pues un gran campo de batalla entre el viejo mundo del capitalismo que muere y el nuevo socialismo que nace, donde se suceden los triunfos socialistas y sus fracasos que son triunfos de la restauración, es decir o se avanza o se retrocede en el socialismo.

Cada Formación Social, cada Estado Nacional que juntos conforman el actual sistema mundial del imperialismo, aspira naturalmente a superarlo para construir el mundo nuevo, el mundo socialista y naturalmente debe y tiene que comprender y asimilar profundamente las particularidades y las especificidades de su propia conformación social, política y económica; no pueden existir modelos obligatorios de construcción socialista ni siquiera caminos "correctos" frente a caminos "erróneos". Si tenemos que transitar senderos inéditos, las verdades y las falsedades resultan siendo muy relativas, pues nadie es propietario de la verdad absoluta ni del camino "correcto".

Todos los grandes experimentos sociales del siglo XX, entregaron elementos valiosísimos de ideas y prácticas sumamente originales: luchas abnegadas, guerras mundiales, guerras nacionales, guerras de liberación, insurrecciones campesinos, combates callejeros, discursos teóricos y grandes discusiones ideológicas y políticas. Y no podía ser de otro modo, todos estos grandes combates tuvieron y tienen un carácter profundamente anti-capitalista y anti-imperialista y ahí precisamente se encuentra el bagaje positivo que debe recoger necesariamente el socialismo del Siglo XXI, si pretende ser realmente SOCIALISTA.

No se trata, entonces, de desvalorizar y despreciar todo un siglo de luchas inolvidables creyendo que se trata de buscar un camino "verdadero" frente al "falso" conocido.

En último análisis podemos afirmar que el socialismo como un gran campo de batalla todavía indefinido y prolongado en el sentido de que no sabemos cuál ganará (si la restauración capitalista o la construcción socialista), constituye un verdadero fenómeno procesual bastante largo que pone frente a frente dos tendencias históricas incompatibles una de la otra: o se fortalece una economía planificada inicialmente estatal o se impone la lógica liberal del mercado y, principalmente: o se estimula o se restringe la vigencia de la Ley del Valor.

A propósito, tenemos las luminosas aclaraciones de Che Guevara:

«Entendemos que durante cierto tiempo se mantengan las categorías del capitalismo y que este término no puede determinarse de antemano, pero las características del período de transición (el socialismo) son las de una sociedad que liquida sus viejas ataduras para ingresar rápidamente a la nueva etapa. Le tendencia debe ser, en nuestro concepto, a liquidar lo más vigorosamente posible las categorías antiguas entre las que se incluye el mercado, el dinero y, por tanto, la palanca del interés material o, por mejor decir, las condiciones que provocan la existencia de las mismas…..

Negamos la posibilidad del uso consciente de la ley del valor, basado en la no existencia de un mercado libre que exprese automáticamente la contradicción entre productores y consumidores; negamos la existencia de la categoría mercancía en la relación entre empresas estatales, y consideramos todos los establecimientos como parte de la única gran empresa que el Estado (aunque, en la práctica, no sucede todavía así en nuestro país). La ley del valor y el plan son dos términos ligados por una contradicción y su solución; podemos, pues, decir, que la planificación centralizada es el modo de ser de la sociedad socialista, su categoría definitoria y el punto en que la conciencia del hombre alcanza, por fin, a sintetizar y dirigir la economía hacia su meta, la plena liberación del ser humano en el marco de la sociedad comunista….»
(Ernesto Che Guevara. Obras. Tomo 2. Casa de las Américas. Págs. 272 y 273)

Por otro lado tenemos los criterios de Che analizados por Carlos Tablada Pérez (*) cuando aquel discutía en Cuba sobre la vigencia de la Ley del Valor en el período de transición y que figuran ampliamente en su trabajo:

Sin embargo, Víctor Álvarez, en sus "Claves para la construcción del Socialismo del Siglo XXI", contrariamente nos dice muy sentenciosamente que:

«Ni la planificación centralizada ni las políticas de liberalización de las fuerzas de la oferta y la demanda pueden, por lo tanto, asumirse como opciones antagónicas e irreconciliables. Esto significa reeditar el debate maniqueo que obliga a optar entre Estado o Mercado. Asumir este enfoque dicotómico nos llevaría a otorgarle todo el poder de decisión a la burocracia estatal o a la mano invisible del mercado. Y esto no es más que limitar severamente los márgenes futuros de la participación activa y protagónica de todos los ciudadanos…

No se trata entonces, de sepultar el espíritu emprendedor y la capacidad innovadora de la gente bajo la lápida de la propiedad estatal absoluta…. Ni absolutismo del Estado ni hegemonía del mercado deben ser los extremos en los cuales se debata la construcción del Socialismo del Siglo XXI…Tanto Estado como sea posible y la dosis de mercado que sea necesaria….» (**)

Es realmente sorprendente que un escritor latinoamericano que propugna del socialismo nos aconseje equilibrar el Estado y el Mercado, es decir navegar en dos aguas. Como si precisamente esa política no hubiera llevado directamente al descalabro de la experiencia socialista del siglo XX, cuando se abandonó la construcción socialista en beneficio de la democracia económica de la "capacidad emprendedora e innovadora de la gente" (sic).

Es esta última una prueba más de que la ideología democratizante de la derecha y la reacción puede penetrar también profundamente en la mentalidad de algunos "socialistas". Es pues desconocer las enormes capacidades creativas e innovadoras que puede producir el hombre del socialismo, por una parte y por otra muy importante, pretender que el socialismo del siglo XXI se construya ignorando la teoría marxista de la dictadura del proletariado que en buen romance es precisamente el socialismo, democracia para las masas populares y dictadura para las fuerzas reaccionarias.

Sin embargo estos puntos nos llevarían a extender demasiado este pequeño opúsculo que tiene por objeto visualizar qué será en realidad el Socialismo del Siglo XXI.

Para nosotros, el Socialismo del Siglo XXI, será nuevo, no en el sentido de combinarlo eclécticamente con el capitalismo, sino en el sentido positivo de superar los "errores" o fallas del anterior, respetando y repitiendo todas y cada una de sus innegables virtudes que en su tiempo fueron las esperanzas de todos los pueblos del mundo.

El nuevo mundo, el mundo diferente, se construirá no con los residuos del viejo y destartalado, así como criminal y genocida capitalismo y sus "mercados" de piratas (Galeano), sino con los esfuerzos revolucionarios de todos los pueblos que conocen las entrañas del monstruo (Martí) y que no están dispuestos y dejar que sus secuelas sobrevivan para luego reproducirse dando como resultado restauraciones como las que ya conocemos.

Finalmente, donde discrepamos frontalmente con el Sr. Álvarez son sus conclusiones:

«En conclusión, la dinámica de las relaciones entre mercado y Estado no es un asunto que pueda resolverse de una vez y para siempre, para todas las situaciones y coyunturas con base en supuestos teóricos o políticos generales. La pertinencia de mayores o menores niveles de regulación o intervención estatal, en conjunto con la actuación de las fuerzas del mercado, lejos de ser un anatema, constituye uno de los asuntos claves en la construcción del Socialismo del Siglo XXI….» (Subrayado nuestro)

Definitivamente, en la fase de la economía de transición, como lo sostiene Guevara: o vence la economía de mercado o vence la economía transitoria de la planificación estatal. Sería muy buen también que todos los partidarios del Socialismo del Siglo XXI, leamos los discursos del comandante Hugo Chávez al respecto. Este gran debate debe abrirse en América Latina, o volveremos a sufrir grandes derrotas a pesar de los ingentes sacrificios de las luchas populares. El Socialismo puede ser simplemente revertido cuando se impone un eclecticismo democratizante y conciliador que se constituye en un enemigo sumamente peligroso.

(*) Tablada Pèrez, Carlos. "El pensamiento económico de Ernesto Che Guevara". Premio Casa de las Américas. 1987.
(**) América XXI. "Desde Venezuela para todo el continente". Año IV. No. 21-22. Págs. 15-16.).

La Paz-Bolivia. 18 de mayo 2007.
Jorge Echazú Alvarado PCMLM