jueves, 28 de enero de 2010

LA BURKA, EL CORPIÑO, LAS MUJERES Y LAS PAPAS FRITAS

por Flavio Dalostto

Pienso que la Burka en sí misma, no es ni buena ni mala. Es solo una ropa; como las de las monjas católicas, que en el fondo son sus primas. Es el significado de la Burka o de la ropa beduina de las monjitas, lo que determina de que lado se encuentra, si el de la Liberación o el de la Opresión. Un mismo elemento cultural, puede significar, según el contexto político en que se manifiesta, un elemento alienante o liberador. Si hablásemos de idiomas, por ejemplo, el Castellano, en un contexto de liberación indígena, podría significar un retroceso; mientras que en Puerto Rico, el Castellano, constituye un elemento liberador, frente al colonialismo norteamericano. Cuando en Bolivia se habla de la "pollera", no se están refiriendo a cualquier pollera, sino a "esa" pollera indígena, cuyo origen no es indígena, sino español (al igual que el sombrerito que usan esas mujeres). En tiempos coloniales, es probable que esa pollera fuese un instrumento de la moda colonial española para exterminar las vestimentas del Tawantinsuyo. Sin embargo, Hoy, las mujeres bolivianas que la usan, incluso en la nueva legislatura plurinacional, lo toman como reivindicación indígena. Un mismo elemento, en diferentes contextos, puede representar valores diferentes, e incluso, antagónicos. Son los ambientes políticos los que clasifican a los objetos culturales. Una mujer no puede, en nuestras sociedades occidentales, andar con las tetas al aire; pero si esa misma mujer está dando de mamar a su guagua, en el bus, nadie lo desaprobará. Una chica que camine con el torso descubierto, por la calle principal atraerá todas las miradas admiradoras o desaprobadoras de la multitud; pero todos rehuirán, con pudor, sus miradas, de los mismos pechos de la amamantadora.
Muchas veces, las ONG de la socialdemocracia europea en América Latina, traen sus modas "liberadoras", y termina logrando efectos contrarios. En Argentina, por ejemplo, cuando "aterrizan" las ONG sobre una comunidad indígena, lo primero que hacen es crear una "Comisión de Mujeres", proveyéndole dinero, subsidios o algún apoyo económico a la "jefa" más dispuesta. Nunca hubo Comisiones de Mujeres en los pueblos indios, pero de la mano de las modernas ONG, terminan, con ese invento, fragmentando aún más esas comunidades. En las comunidades indígenas actuales se han ido dando ciertos procesos, creo que por evolución, y el "Poder" no es tan visible como parece. Lo que no ven algunos paracaidistas, es que el poder varonil se apoya en otro poder mujeril, menos publicitado. He visto más de una vez, al "cacique" caerse políticamente, al abandonarlo su mujer (por infidelidad), y padecer el abandono político de todos sus cuñados. El tipo pasa de reyezuelo a paria, en horas. El problema, creo, no son los roles, porque ciertas culturas asignan roles diferentes a mujeres y a hombres, y también, como es el caso de varias comunidades indígenas de México, a hombres que prefieren hombres y a mujeres que prefieren mujeres. Son roles asignados por tradición.

El tema acá, volviendo a la Burka, es que no creo que se deba combatir a la Burka, sino al contexto que la convierte en elemento de opresión. No se termina la opresión islámica prohibiendo la Burka, como no se termina la opresión occidental prohibiendo el corpiño o fomentando playas nudistas. La opresión se termina, cuando las personas adquieren Conciencia y pueden decidir libremente, con cuales elementos culturales adornar su personalidad. No son malos los roles en si mismos, cuando los involucrados los aceptan como parte de un acuerdo matrimonial o social. Eso también se debe respetar. Recuerdo un programa en el que le hacían un reportaje a unas mujeres sudafricanas todas casadas con el mismo fulano. Cuando a las mujeres les dijeron que en América, la costumbre era un hombre-una mujer, las negras se indignaron ante ¡tamaña injusticia y opresión occidental! Ellas no entendían la crueldad de estas sociedades latinoamericanas, donde una sola mujer se hacía cargo de las labores de toda la casa. Ellas manifestaron que eran muy felices, repartiéndose las tareas, cuidándose los hijos entre todas y afirmaban tener vidas descansadas. Así que, de la misma manera que nosotros vemos opresiones en otros, ellos ven opresiones en nosotros.

La desocupación generalizada argentina, tuvo en otras épocas de desocupación varonil (años 70' 80' y 90') un efecto inesperado, podría decirse "positivo" para cierto sector femenino, porque mientras muchos maridos desocupados, refugiaban su depresión, en el alcohol, ellas lograban conseguir un trabajo doméstico. Estos trabajos domésticos para mujeres, son especiales, porque los patrones son mujeres y no hombres. Se dieron muchos casos de patronas que ayudaron a sus empleadas domésticas, e incluso las hicieron estudiar, y en algunos casos las defendieron frente a la violencia familiar, proveyéndolas de sus abogados o acompañándolas por primera vez a una comisaría a formular la denuncia. Mientras la mujer no tenia independencia económica, se aguantaba la golpiza; pero cuando empezó a tener su propio dinero, adquirió conciencia, y rodeada de la gente apropiada, puso fin a los golpes con una denuncia. Esa clase de tipos, que eran muy guapos mientras sus mujeres eran unas boludas, se quedaron traquilitos cuando les cayó la cana y le pintaron los dedos. A veces, esas mujeres siguieron viviendo con esos maridos, porque los querían; pero la relación de poder se reformuló a favor de ellas y para bien de todos. No quiero generalizar. Hablo, porque conozco muchas historias parecidas. En ese momento argentino, la nueva "empleada doméstica", constituyó una situación liberadora para muchas mujeres. Recuerdo la historia de una maestra, recién recibida a la que golpeaba el marido. A veces, me contáron, la pobre mujer iba con moretones en la cara. Sucedió varias veces. La directora de la escuela, la contuvo lo que pudo. Pero, cuando una mañana, la maestra llegó con el pelo tapándose la mitad de la cara, la directora la cazó del brazo, la arrastró hasta el auto y la llevó a la comisaría. Resultado: divorcio, pero la maestra jamás volvió a cubrirse la cara.

A veces, un poco por chiste se dice que "la liberación femenina cagó a las mujeres"; porque antes no trabajaban afuera y tenían que trabajar deslomándose en la propia casa. Hoy parece que salen a trabajar afuera, pero igual siguen haciendo todo lo de la casa. El otro día, una muy querida amiga, una compañera de trabajo, que vive con el marido y dos hijas menores, hablando del desorden casero, me dijo "no admito que haya desorden en casa, ¡habiendo 3 mujeres!". Yo no voy a cuestionar a mi amiga, es su libre acuerdo familiar de las cosas. Lo que pienso es que el problema no son los roles, sino el grado de opresión que representan. Si, por ejemplo, el marido se desloma afuera de casa y la mujer que no trabaja afuera, hace las tareas hogareñas, y ambos, de alguna manera, realizan el mismo esfuerzo, adquieren el mismo cansancio, y pueden disfrutar los mismos tiempos de recreación o de disfrute cultural, no creo que haya nada de malo. Es un arreglo familiar, libre y consentido. Pero cuando, la mujer se ocupa de TODO en la casa, y el mayor esfuerzo que realiza el fulano es un curso prolongado de rascada en todas las partes de su cuerpo, hay una opresión evidente y lastimosa. Y lo mismo vale si fueran al revés los roles. Creo que no hay opresión cuando los cansancios, los gozos y las decisiones son compartidas, aunque los roles y los elementos culturales, difieran. Las estructuras de la opresión a los pueblos en general y a las mujeres en particular, son profundas e invisibles. Lo que nos indigna de lo que le toca al mundo islámico, son sus manifestaciones exteriores, sus síntomas evidentes: lapidaciones, amputaciones, anfibulaciones, prohibiciones de estudiar, matrimonios arreglados, etc. Pero todo esto es posible, porque detrás hay más que una Burka, hay una estructura mental que permite la existencia del opresor y del oprimido. Sé que el capitalismo es la Madre contemporánea de los males del mundo, pero es solo una manifestación de la dominación, no es la única. Dominación siempre ha existido en el Mundo, con los asirios, con los romanos, con los incas. Creo que hay que apuntar a la raíz de la desigualdad, que es el desamor; y como impedir legalmente que ese desamor se manifieste en violencia y subestimación. No puede amar a su pareja o a sus hijos, aquel o aquella, que no desea que lo bueno que él o ella disfrutan, no lo disfruten las otras personas de su familia. Cuando amamos, queremos que los amados, sean felices. No podemos decir que amamos a un cónyuge, cuando permitimos que haga TODO y nosotros nos reservamos mezquinamente, los disfrutes de la vida. La opresión a la mujer se ataca reconociéndole posibilidades para que elija, y compensándola económica y socialmente a través del Estado, sobre todo por su rol de madre. Me vienen a la cabeza, los concursos "de belleza" (física). En sí mismos, no son malos, porque es su derecho, si alguna quiere vivir de la belleza de su culo. Lo peligroso, es cuando, en una sociedad, esos concursos de belleza, son uno de los escasos caminos que tienen las pibas para zafar. Tiene que haber condiciones sociales, para que la gente pueda elegir como vivir, vivir de sus ojos, de su cerebro, de su destreza manual, de su voz; y que la "oportunidad" no se vuelva un embudo donde todos terminan resbalando hacia el mismo sitio.
Hace unos años, en el gobierno de Duhalde se implementaron unos cientos de miles de "planes", subsidios para los desocupados, que representaban casi un tercio del sueldo de un maestro. La mayoría de los beneficiarios fueron mujeres, que, en una gran proporción se separaron de sus parejas. ¿Qué había pasado? Muchas soportaban violencia moral o física de sus maridos; pero, no tenían la menor posibilidad de irse, sobre todo por una cuestión económica. Así que esas mujeres agobiadas, con esos pesitos, se alejaron de los golpes, y con mucho esfuerzo y con sus hijos a cuestas, trataron de iniciar una nueva historia. Creo que la asignación universal familiar por hijo, de $180 por mes, sancionada hace semanas, en Argentina (que cobran en un 90%, las mamás), provocará algunos divorcios. En realidad, no los provocará, sino que les dará a algunas mujeres y madres, hartas de golpes o de menosprecio, la posibilidad de una nueva vida. Este hecho concreto y estructural, formará conciencia. Tal vez, no modifique roles culturales, aceptados por buena parte de la población argentina; pero dará autoestima a las mujeres y voluntad para defender su derecho al buentrato y al disfrute de la vida, sin vivir en el miedo y en el menosprecio familiar.
Hoy, por ejemplo, mi novia hizo milanesas. fue al Super y las cocinó. Si yo las hubiera hecho, habría sido un crimen culinario. En cambio, hice mis famosas papas fritas personalizadas (las doy vuelta de a una, vigilando su cocción perfecta). Al final, lavé los platos, y todos felices, porque solo se trata de compartir, que es la esencia del verdadero Socialismo.

1 comentario:

Jotax dijo...

Me parece una excelente nota porque plantea el romper esquemas que, como sociedades, hemos dado por normales. El romper nuestros esquemas y replantear nuestras formas de organización social es lo que nos llevará a sociedades mas justas, equilibradas y ambientalmente sostenibles. Felicidades y gracias por compartir estas ideas.

José
http://evolucion-bolivia.blogspot.com/