viernes, 12 de febrero de 2010

URGENTE GUATEMALA: ORDENAN CAPTURA DE 17 MILITARES Y CIVILES GENOCIDAS QUE ASESINARON A 250 INDIOS EN 1982

RADIO NEDERLAND
La Corte Suprema de Guatemala ordenó continuar el proceso contra 17 sindicados en la masacre de más de 250 indígenas, perpetrada el 7 de diciembre de 1982 en el noreste del país.

La decisión se tomó después de que la Corte Interamericana de Derechos Humanos fallara contra Guatemala el pasado mes de diciembre.

Parece que la justicia comienza a moverse en Guatemala. La Corte Suprema de Justicia, CSJ, ordenó, por fin, continuar el procesamiento de los militares sindicados en el caso de la masacre de las Dos Erres, además del de algunos civiles involucrados en los hechos en que perdieron la vida 252 personas. La decisión de la CSJ responde a una sentencia dictada por la Corte Interamericana de Derechos Humanos, CIDH, en contra el Estado de Guatemala.

Si todo transcurre como debería ser, esta resolución de la Corte podría poner en marcha un proceso que, hasta el momento, ha sido sistemáticamente obstaculizado por los abogados de los responsables de la masacre a través de recursos de amparo, lo que les permitió gozar, hasta el momento por lo menos, de completa impunidad. Ahora, después de más de una década, se reabren diecisiete órdenes de captura contra militares y ex militares involucrados en los crímenes.

CIDH
De acuerdo a la argumentación de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la investigación realizada por el parte del Estado ‘’no ha constituido un recurso efectivo para garantizar un verdadero acceso a la justicia en un plazo razonable, que abarque el esclarecimiento de los hechos, la investigación, persecución, captura y el enjuiciamiento a todos los presuntos responsables materiales e intelectuales de los hechos."

Esta lectura fortalece las exigencias de las organizaciones de DDHH de Guatemala y en especial las de Famdegua, la asociación de familiares de desaparecidos, que ahora exigen a, tanto al Ministerio Público como a la Policía Nacional Civil y a los Jueces, acatar la resolución.

Pero eso deberá comenzar con la captura y aprehensión de los 17 sindicados de la masacre de las Dos Erres. "Veintisiete años hemos esperado la justicia, no queremos esperar más. Queremos la verdad, que nuestro país recupere su memoria histórica, y que los delitos que han lastimado la dignidad de la humanidad entera, sean juzgados para que nunca más se repitan," dice Famdegua en un comunicado emitido este 10 de febrero.

La masacre
La historia es macabra, pero no es única en la larga lista de capítulos
sangrientos del genocidio perpetrado en Guatemala a finales de los años 70 y comienzos de los 80. Por entonces, la actividad guerrillera en el país se había intensificado, y con ella también la represión. Ante el acoso guerrillero y su avance hacia el noroeste, cerca de la frontera con México, el Ejército estableció una estrategia de acercamiento (léase adoctrinamiento) de la población predominantemente indígena. El plan militar incluía, entre otras cosas, un juramento de fidelidad a la bandera, que debía cumplirse obligatoriamente por los civiles, y quienes la incumplían eran acusados de pertenecer a la guerrilla. A partir de ese momento, se multiplicaron los secuestros y asesinatos entre la población campesina y de las áreas rurales.

Más tarde, aparecería en escena el brazo paramilitar que ayudaba en estas tareas de limpieza étnica. Eran las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC), formadas en 1982 para hacer cumplir la estrategia contrainsurgente del Ejército. El objetivo era claro, enfrentar entre sí a las poblaciones de las comunidades rurales, para contrarrestar el apoyo social que estaban recibiendo las organizaciones ligadas a la insurgencia.

En febrero de1982, el general José Efraín Ríos Montt, a quien la justicia de Guatemala le ha dotado de un aura de impunidad permanente, dio un golpe de Estado e inició una sangrienta campaña contrainsurgente en las comunidades indígenas donde la guerrilla, presuntamente, tenía presencia. De nada sirvieron las denuncias acerca de las masacres de campesinos que, apenas dos meses después del golpe, empezó a presentar la jerarquía de la Iglesia Guatemalteca. En un documento de la Iglesia consta que ‘’... han aparecido numerosas familias vilmente asesinadas. Ni siquiera se ha respetado la vida de ancianos, mujeres encinta y niños inocentes. Jamás en nuestra historia nacional se ha llegado a extremos tan graves ’’.

Las Dos Erres
En ese marco se produce la masacre de las Dos Erres, denominada así por haberse llevado a cabo en el parcelamiento que lleva ese nombre y está ubicado en el Petén.

En el informe forense presentado entonces se relataba que "la noche del 6 de diciembre de 1982, un grupo de hombres fuertemente armados ingresó a la aldea y sacó de sus hogares a hombres, mujeres y niños. Los caminos fueron cerrados y todo aquel poblador que transitara por los mismos, también pasó a ser capturado. La comunidad entera fue masacrada. No se sabe con exactitud cuántas personas
perecieron, pero en la exhumación de un pozo de 12 metros, realizada entre 1994 y 1995 se recuperaron 162 esqueletos, entre hombres, mujeres y niños".

En una entrevista con Radio Nederland, Aura Helena Farfán, coordinadora de Famdegua, aseguró que "17 kaibiles (soldados de elite del Ejército de
Guatemala. red.) fueron los autores de la matanza de por lo menos 250
Personas, entre hombres mujeres y niños". Según documentos consultados para este artículo, algunos testigos de la época afirmaron que “los miembros de la patrulla iban vestidos de ropa de civil, posiblemente para que la guerrilla no los detectara y para confundir a la población. (La misma táctica utilizan actualmente los policías guatemaltecos que, por las noches, hacen el trabajo de
limpieza social en calidad de sicarios).

Uno de los relatos sobre esa trágica noche y que fue dado a conocer por
Famdegua y otras organizaciones de derechos humanos, le revuelve las tripas a cualquier ser normal, "Todos se pusieron un listón de color rojo en el brazo derecho, con el objeto de no confundirse a la hora del ataque. Llegaron a la aldea a las dos de la mañana. Lo primero, sacar a la gente de sus casas, luego se procedió a torturar a los hombres. Un oficial violó a una niña. Ya eran las tres y media de la madrugada. A eso de las ocho de la mañana los militares dieron la orden de ejecutar a toda la población. La ejecución en sí, sin embargo, empezó a las catorce horas: un bebé de tres o cuatro meses fue lanzado vivo dentro del pozo. Entre las mujeres, había niñas de doce y trece años, algunas de ellas fueron violadas ....A las victimas se las paraba a la orilla del pozo, con los ojos
vendados, y se les daba un garrotazo en la cabeza. Después de los niños se fueron las mujeres, luego los hombres. Mucha gente todavía estaba viva. Una vez lleno el pozo se procedió a cubrirlo con tierra”.

Como responsable de esta masacre se señaló al oficial del Ejército Carlos
Carías López, por entonces comandante del destacamento militar de la aldea Las Cruces.

Impunidad
Sin embargo, debido a la inoperancia de la justicia, después de 28 años de ocurrida la masacre, este oficial y los demás responsables aún permanecen en la más absoluta impunidad. "La esperanza es lo último que se pierde," dice Aura Helena Farfán, quien aboga porque el Estado guatemalteco cumpla esta vez con el compromiso que tiene de investigar los hechos ocurridos entre el 6 y 7 de diciembre de 1982.

Algunos de los perpetradores ya estarán muertos pero queda la mayoría. No obstante, si después de casi quince años de la firma de los Acuerdos de Paz, no se han cumplido las recomendaciones para fortalecer la administración de justicia en Guatemala, no es de extrañar que se vierta una tenue capa de pesimismo sobre el juicio que deberán enfrentar los responsables de ésta y otras viles masacres cometidas bajo el Gobierno de Efraín Ríos Montt.

Por lo pronto, parece que ya se han producido dos detenciones. Algo es algo.