miércoles, 24 de marzo de 2010

ARGENTINA: 24 DE MARZO, DÍA DE LA MEMORIA

INSURRECTASYPUNTO (ARGENTINA)
24 de marzo de 1976 - 24 de marzo de 2010: Cronograma del golpe, fotos y videos Imprimir E-mail

Varias Fuentes / Insurrectasypunto

El 24 de marzo de 1976, los comandantes de las tres armas derrocan al gobierno constitucional de Isabel Martínez de Perón. Videla, Massera y Agosti inician así una época trágica, sin precedentes en la historia argentina.

30,000 desaparecidos, miles de encarcelados, asesinados, exiliados; la impagable deuda externa, la destrucción de la industria nacional, de la educación pública, de los hospitales, son sólo algunos de los hitos del "Proceso de Reorganización Nacional.



24 de marzo de 1976
El Golpe Militar

Todo terminó a la una de la madrugada del 24 de marzo de 1976 cuando el general José Rogelio Villarreal le dijo a Isabel Martínez de Perón: “Señora, las Fuerzas Armadas han decidido tomar el control político del país y usted queda arrestada”. O todo comenzaba. Es cierto: el país no estaba bien. Había inflación, crisis sindical, violencia y una sensación de ingobernabilidad absolutamente real. Pero lo que se iniciaba esa fatídica madrugada sería peor. Asumía el control del país una Junta de Comandantes en Jefe integrada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Agosti. “Control del país” significó, entre otras cosas, disolución de los partidos políticos y del Congreso, anulación de la libertad de prensa y expresión, reemplazo de la Corte Suprema de Justicia, supresión de toda actividad política y sindical, entrega económica. Y, fundamentalmente, muerte. Una pena de muerte disfrazada para “quienes causaren daño a medios de transporte, de comunicaciones, usinas, instalaciones de gas o agua y otros servicios públicos; para los que contaminaren el agua, los alimentos y las medicinas; para los que causaren daños con explosiones o incendios; para los que sean sorprendidos infraganti y no acaten las intimaciones, o se enfrenten con las fuerzas de seguridad", pero en realidad significaba para todo el país que no acatara las órdenes, por más irracionales que fueran.

Comenzaba el mayor genocidio de la historia nacional. El terrorismo de Estado ocupaba los sillones. El plan de exterminio estaba en marcha. La Argentina, los argentinos, nunca más serían los mismos.

Entrega económica
El golpe de marzo del 76 puso en marcha un proceso económico liberal de redistribución del poder y la riqueza. De la mano del Ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, proveniente de la más rancia aristocracia porteña y hombre de confianza de la banca internacional, se implantó la reducción del déficit en base a las privatizaciones y la transferencia de los gastos a las provincias. La economía se “modernizó” abriendo las puertas a la importación, lo que obligó a la industria nacional a competir en un plano de absoluta desigualdad. El modelo de Estado benefactor, que propugnaba el Justicialismo, y las propuestas nacionales y populares cedieron por la fuerza ante la imposición del antecedente inmediato del neo-liberalismo.

La prensa muda
Comunicado N° 19 del 24/03/76

Se comunica a la población que la Junta de Comandantes Generales ha resuelto que sea reprimido con la pena de reclusión por tiempo indeterminado el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare comunicados o imágenes provenientes o atribuidas a asociaciones ilícitas o personas o grupos notoriamente dedicados a actividades subversivas o al terrorismo. Será reprimido con reclusión de hasta diez años, el que por cualquier medio difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes, con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar las actividades de las Fuerzas Armadas, de Seguridad o Policiales”.




25 de marzo de 1976
Represión ilegal

Reclusión de hasta diez años a quien difundiere, divulgare o propagare noticias, comunicados o imágenes con el propósito de perturbar, perjudicar o desprestigiar la actividad de las Fuerzas Armadas, de seguridad o policiales”. El comunicado 19 del autollamado Proceso de Reorganización Nacional no deja lugar a dudas. Silencio ante los camiones militares transportando civiles con los ojos vendados y ante los autos sin patente con hombres armados. Silencio ante el asesinato de dos militantes comunistas cuando comandos del Ejército y la Marina ocupan un local partidario. La represión no hace muchos distingos: son encarcelados el dirigente peronista Raúl Lastiri, su esposa Norma López Rega de Lastiri y el jefe de la UOM Lorenzo Miguel; fallan en el intento de arresto del ex presidente Héctor Cámpora, y secuestran a uno de los máximos líderes del sindicalismo combativo cordobés, René Salamanca.
28 de marzo de 1976

El Fondo Monetario apoya a la Dictadura

A sólo cuatro días del golpe militar que destituyó a María Estela Martínez de Perón, el Fondo Monetario Internacional aprueba un crédito de 127 millones y medio de dólares que poco tiempo le había negado al gobierno constitucional argentino. El apoyo al golpe de Estado es claro, pero el Fondo necesita justificaciones y así lo señalan en un comunicado: “La caída de las exportaciones argentinas se debe principalmente al marcado decaimiento de la venta de carnes, su segundo renglón de exportación, en respuesta a las restricciones que se impusieron en los principales mercados”. Los diarios del día dicen que “el crédito correspondiente a facilidades petroleras ha quedado descartado, pero se abre la posibilidad de otros créditos del Fondo. Entre ellos, el primer tramo de crédito y el acuerdo stand-by, que exigen para su concreción determinados compromisos por parte del gobierno del país receptor”.

29 de marzo de 1976
Jura Videla


el Ejército se queda con el control de la Junta Militar.

30 de marzo de 1976
Universitarios bajo control militar

Demostrando que para todo hace falta la venia, el gobierno de facto autoriza, a partir del 30 de marzo, a que las universidades nacionales inicien sus actividades con total normalidad. Un día antes, la circular de la secretaría de prensa y difusión del régimen se encargaba de mostrar qué era la “normalidad” al señalar que “las universidades nacionales podrán continuar su actividad académica de acuerdo con las previsiones respectivas a partir de mañana, 30 de marzo, siempre que, a juicio de los delegados militares responsables, se hubieran alcanzados las exigencias mínimas en el orden disciplinario interno, clarificación administrativa y regularización de la docencia y del alumnado”. Toda una advertencia.

31 de marzo de 1976
El Estatuto de la dictadura militar

1/2 - El Proceso de Reorganización Nacional suspendió los derechos constitucionales.


02 de abril de 1976
El plan económico de Martínez de Hoz
El plan significó recesión, aumento de la deuda y la destrucción del aparato productivo. El ministro de Economía favoreció a los capitales extranjeros, la especulación financiera y los grandes negociados.

03 de abril de 1976
Respaldo internacional al Golpe de Estado


Casi todos los países del mundo reconocen como autoridad argentina a la Junta Militar. Los Estados Unidos aplican para la Argentina la Doctrina Estrada: “Un país no reconoce ni deja de reconocer ningún gobierno. Continúa las relaciones normales con el que ejerza el dominio efectivo del territorio y declare cumplir los compromisos internacionales contraídos”. Pero a sólo 3 días del golpe, Argentina recibía un crédito del F.M.I. por 127 millones de dólares que había sido negado de manera sistemática durante el gobierno democrático.
Quizás sin saberlo, muchos países apoyan las ordenanzas que dejan bajo control operacional de los comandantes de zonas a la totalidad de las fuerzas de seguridad. El exagerado despliegue militar tiene una razón que Videla se encarga de explicar: "El terrorismo no es sólo considerado tal por matar con un arma o colocar una bomba, sino también por atacar a través de ideas contrarias a nuestra civilización occidental y cristiana".

13 de abril de 1976
Represión ilegal en empresas automotrices

Aparece el verdadero objetivo del golpe y la ferocidad con la que se aplica. Los delegados de distintas empresas, sobre todo industriales, son detenidos o secuestrados con el objetivo de romper con los cuadros de organización de obreros desde las bases. Desaparece Pedro Troiani que llevaba seis años como delegado en la comisión interna de la planta de Pacheco de la automotriz Ford. A este secuestro se suceden otros, siempre del listado de delegados. Un dato curioso: si los detenidos o secuestrados pasaban a engrosar la lista de desaparecidos, las empresas siguen haciendo llegar los sueldos a los familiares. En ese clima de terror se anulan, uno tras otro, los beneficios que habían adquirido los trabajadores. Sin embargo, se desata una importante huelga en las empresas automotrices que finaliza con la imposición de la Ley sobre paros, un eufemismo para decir que “quedaba prohibidas todas las medidas de fuerza en el territorio nacional”.

Unos meses atrás en Mercedes Benz
19 de mayo de 1976
Al Titular de Federación Internacional de Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas.
Señor Eugen Loderer
"Los 115 despidos realizados durante los pasados conflictos de octubre de 1975 fueron pedido urgente del entonces Ministro de Trabajo Carlos Ruckauf y de la dirección de SMATA, que solicitó más despidos todavía. La actuación de la dirección de la empresa Mercedes Benz Argentina aclara que quería apoyar el esfuerzo del ministro y del sindicato para eliminar elementos subversivos de las fábricas".
Hanss-Martin Schleyer
Presidente de Mercedes Benz
Casa matriz. Stuttgart. Alemania.

05 de mayo de 1976
Desaparece Haroldo Conti

La última y mala noticia sobre Haroldo Conti
Por GABRIEL GARCIA MARQUEZ

A Haroldo Conti, que era un escritor argentino de los grandes, le advirtieron en octubre de 1975 que las fuerzas armadas lo tenían en una lista de agentes subversivos. La advertencia se repitió por distintos conductos en las semanas siguientes y, a principios de 1976, era ya de dominio público en Buenos Aires. Por esos días, me escribió una carta a Bogotá, en la cual era evidente su estado de tensión. «Martha y yo vivimos prácticamente como bandoleros», decía, «ocultando nuestros movimientos, nuestros domicilios, hablando en clave». Y terminaba: «Abajo va mi dirección, por si sigo vivo». Esa dirección era la de su casa alquilada en el número 1205 de la calle Fitz Roy, en Villa Crespo, donde siguió viviendo sin precauciones de ninguna clase hasta que un comando de seis hombres armados la asaltó a medianoche, nueve meses después de la primera advertencia, y se lo llevaron vendado y amarrado de pies y manos, y lo hicieron desaparecer para siempre.Haroldo Conti tenía entonces 51 años, había publicado siete libros excelentes y no se avergonzaba de su gran amor a la vida. Su casa urbana tenía un ambiente rural: criaba gatos, criaba palomas, criaba perros, criaba niños y cultivaba en canteros legumbres y flores. Como tantos escritores de nuestra generación, era un lector constante de Hemingway, de quien aprendió además la disciplina de cajero de banco. Su pensamiento político era claro y público, lo expresaba de viva voz y lo exponía en la Prensa, y su identificación con la revolución cubana no era un misterio para nadie.

Desde que recibió las primeras advertencias tenía una invitación para viajar a Ecuador, pero prefirió quedarse en su casa. «Uno elige», me decía en su carta. El pretexto principal para no irse era que Martha estaba encinta de siete meses y no sería aceptada en avión. Pero la verdad es que no quiso irse. «Me quedaré hasta que pueda, y después Dios verá», me decía en su carta, «porque, aparte de escribir, y no muy bien que digamos, no sé hacer otra cosa». En febrero de 1976, Martha dio a luz un varón, a quien pusieron el nombre de Ernesto. Ya para entonces, Haroldo Conti había colgado un letrero frente a su escritorio: «Este es mi lugar de combate, y de aquí no me voy». Pero sus secuestradores no supieron lo que decía ese letrero, porque estaba escrito en latín.

El 4 de mayo de 1976, Haroldo Conti escribió toda la mañana en el estudio y terminó un cuento que había empezado el día anterior: A la diestra. Luego se puso saco y corbata para dictar una clase de rutina en una escuela secundarla del sector, y antes de las seis de la tarde volvió a casa y se cambió de ropa. Al anochecer ayudó a Martha a poner cortinas nuevas en el estudio, jugó con su hijo de tres meses y le echó una in ano en las tareas escolares a una hija del matrimonio anterior de Martha, que vivía con ellos: Myriam. de siete años. A las nueve de la noche, después de comerse un pedazo de carne asada, se fueron a ver El Padrino II Era la primera vez que iban al cine en seis meses. Los dos niños se quedaron al cuidado de un amigo que había llegado esa tarde de Córdoba y lo invitaron a dormir en el sofá del estudio.

Cuando volvieron, a las 12.05 horas de la noche, quien les abrió la puerta de su propia casa fue un civil armado con una ametralladora de guerra. Dentro había otros cinco hombres, con armas semejantes, que los derribaron a culatazos y los aturdieron a patadas.

El amigo estaba inconsciente en el suelo, vendado y amarrado, y con la cara desfigurada a golpes. En su dormitorio, los niños no se dieron cuenta de nada porque habían sido adormecidos con cloroformo.

Haroldo y Martha fueron conducidos a dos habitaciones distintas, mientras el comando saqueaba la casa hasta no dejar ningún objeto de valor. Luego los sometieron a un interrogatorio bárbaro. Martha, que tiene un recuerdo minucioso de aquella noche espantosa, escuchó las preguntas que le hacían a su marido en la habita.ción contigua. Todas se referían a dos viajes que Haroldo Conti había hecho a La Habana. En realidad. había ido dos veces -en 1971 y en 1974-, y en ambas ocasiones como jurado del concurso de La Casa de las Américas. Los interrogadores trataban de establecer por esos dos viajes que Haroldo Conti era un aaente cubano.

A las cuatro de la madrugada, uno de los asaltantes tuvo un gesto humano, y llevó a Martha a la habitación donde estaba Haroldo para que se despidiera de él. Estaba deshecha a golpes, con varios dientes partidos, y el hombre tuvo que llevarla del brazo porque tenía los ojos vendados. Otro que los vio pasar por la sala, se burló: «¿Vas a bailar con la señora?». Haroldo se despidió de Martha con un beso. Ella se dio cuenta entonces de que él no estaba vendado, y esa comprobación la aterrorizó, pues sabía que sólo a los que Iban a morir les permitían ver la cara de sus torturadores. Fue la última vez que estuvieron juntos. Seis meses después del secuestro, habiendo pasado de un escondite a otro con su hijo menor, Martha se asiló en la Embajada de Cuba. Allí estuvo año y medio esperando el salvoconducto, hasta que el general Omar Torrijos intercedió ante el almirante Emilio Massera, que entonces era miembro de la Junta de Gobierno Argentina, y éste le facilitó la salida del país.

Quince días después del secuestro, cuatro escritores argentinos -y entre ellos los dos más grandes- aceptaron una invitación para almorzar en la casa presidencial con el general Jorge Videla. Eran Jorge Luis Borges, Ernesto Sábato, Alberto Ratti, presidente de la Sociedad Argentina de Escritores, v el sacerdote Leonardo Casteílani. Todos habían recibido por distintos conductos la solicitud de plantearle a Videla el drama de Haroldo Conti. Alberto Ratti lo hizo, y entregó además una lista de otros once escritores presos. El padre Castellani, entonces tenía casi ochenta años y había sido maestro de Haroldo Conti, pidió a Videla que le permitiera verlo en la cárcel. Aunque la noticia no se publicó nunca, se supo que, en efecto, el padre Castellani lo vio el 8 de julio de 1976 en la cárcel de Villa Devoto, y que lo encontró en tal estado de postración que no le fue posible conversar con él.

Otros presos, liberados más tarde, estuvieron con Haroldo Conti. Uno de ellos rindió un testimonio escrito, según el cual fue su compañero de presidio en el campo de concentración de la Brigada Goemez, situada en la autopista Richieri, a doce kilómetros de Buenos Aires por el camino de Ezeiza. «En mayo de 1976», dice el testimonio, «Haroldo Conti se encontraba en una celda de dos metros por uno, con piso de cemento y puerta metálica. Llegó el día 20. Dijo haber estado en un lugar del Ejército, donde lo pasó muy mal. Dijo que se había quedado encerrado en un baño, donde se desmayó. Apenas sí podía hablar y no podía comer. El día 21 pudo comer algo. Se ve que andaba muy mal porque le dieron una manta y lo iban a ver con frecuencia. En la madrugada del día 22 lo sacaron de la celda. Parece que lo iban a revisar o algo así. Estaba muy mal y no retenía orines». El testigo no lo volvió a ver en la prisión. No ha habido gestión, ni derecha ni torcida, que la esposa y los amigos de Haroldo Conti no hayamos hecho en el mundo entero para esclarecer su suerte.

Hace unos dos años sostuve una entrevista en México con el almirante Emilio Massera, que ya entonces estaba retirado de las armas y del Gobierno, pero que mantenía buenos contactos con el poder. Me prometió averiguar todo lo que pudiera sobre Haroldo Conti, pero nunca me dio una respuesta definitiva.En junio de 1980, la reina Sofía de España viajó a Argentina al frente de una delegación cultural que asistió al aniversario de Buenos Aires. Un grupo de exiliados le pidió a algunos miembros de la comitiva que intercedieran ante el Gobierno argentino para la liberación de varios presos políticos prominentes. Yo, en nombre de la Fundación Habeas, y como amigo personal de Haroldo Conti, les pedí una gestión muy modesta: establecer de una vez y para siempre cuál era su situación real. La gestión se hizo, pero el Gobierno argentino no dio ninguna respuesta. Sin embargo, en octubre pasado, cuando ya estaba decidido su retiro de la presidencia, el general Jorge Videla concedió una entrevista a una delegación de alto nivel de la agencia Efe, y respondió algunas preguntas sobre los presos políticos. Por primera vez habló entonces de Haroldo Conti. No hizo ninguna precisión de fecha, ni de lugar ni de ninguna otra circunstancia, pero reveló sin ninguna duda que estaba muerto. Fue la primera noticia oficial, y hasta ahora la única. No obstante, el general Videla les pidió a los periodistas españoles que no la publicaran de inmediato, y ellos cumplieron. Yo considero, ahora que el general Videla no está en el poder, y sin haberlo consultado con nadie, que el mundo tiene derecho a conocer esa noticia.

22 de mayo de 1976
El Plan Cóndor: asesinatos sin frontera

El Plan Cóndor se firmó en 1974 por los jefes de Policía del Cono Sur con la intención de combatir a la oposición de las dictaduras de Augusto Pinochet en Chile, Hugo Banzer en Bolivia, Alfredo Stroessner en Paraguay, Joäo Figueredo en Brasil, y de los gobiernos de Isabel Perón en Argentina y Juan María Bordaberry en Uruguay. Pero, con dictaduras en todos los países involucrados, era algo más. Contaba con una perfecta coordinación de todas las fuerzas de seguridad y llevaban a cabo secuestros, detenciones, torturas y asesinatos de opositores, dentro y fuera de sus fronteras nacionales. Para demostrar su efectividad, un comando militar uruguayo asesina a dos legisladores de su país exilados en Buenos Aires: Zelmar Michelini y Héctor Gutiérrez Ruiz. Con total impunidad, dejan los cadáveres maniatados en un auto en la populosa intersección de la avenida Perito Moreno y Dellepiane, en pleno barrio de Flores.

Fuentes: http://www.24demarzo.gov.ar/html1976.htm / Nunca Más/ Agencia Walsh / Recuerdo y Memoria/ You Tube/ Liga Argentina por los derechos del Hombre