viernes, 5 de marzo de 2010

ARGENTINA: MEDIOS CREAN CLIMA DE GOLPE Y ENARBOLAN DISCURSO GOLPISTA DE ELISA CARRIÓ

APP (ARGENTINA)
Los 'medios' quieren imponer un clima de destitución

Por Claudio García

A veces las visiones conspirativas sobre hechos de la realidad son simples delirios, especulaciones sin ningún fundamento, pero otras no, y así lo demuestra la historia. Acaba de editarse el libro “La caída de Illia” de Miguel Taroncher que demuestra que el ‘poder mediático’ fue la clave del golpe militar del ’66 que derrocó al expresidente radical Arturo Illia. Fue una campaña “masiva y orquestada” que tuvo el impulso y la anuencia de un sector de las Fuerzas Armadas, dirigentes empresariales, sindicales y políticos. Ahora la presidente Cristina Fernández de Kirchner denuncia, como ya lo hizo en dos o tres oportunidades anteriormente, sobre todo cuando se dio la ofensiva de las organizaciones agropecuarias contra el gobierno, que “hay intentos de destitución evidentes”.

Los tiempos han cambiado y de hecho no hay márgenes para los ‘golpes militares’ clásicos, pero sí similares como lo demuestra Honduras. De hecho, del ’83 a la fecha hemos vivido ‘golpes de mercado’ que, como aquellos directamente militares, buscaron cambios institucionales para imponer a la vez determinada política económica, como el sufrido por el expresidente Alfonsín. Ahora los golpes se disfrazan con el eufemismo de ‘salidas institucionales’ y tiene bastante de razón la presidenta cuando denuncia que se está generando un clima que apunta en esa dirección. La punta de lanza de esto vuelve a ser el ‘poder mediático’ con el respaldo de un gran abanico de partidos opositores, aunque en este campo hay de todo, hay quienes trabajan objetiva y concientemente en ese rumbo y otros lo hacen de forma involuntaria e inconciente, aunque sin dejar de ser responsables también, idiotas útiles. No es casual que haya editoriales y artículos, como el del diario Río Negro de hoy, firmado por James Neilson –quien habitualmente escribe sin firma los editoriales de ese medio propiedad de Julio Rajneri-, que alimenta este tipo de avances antidemocráticos. Ya el título lo dice todo: “Por favor, destitúyanme”. Y hay párrafos tan peligrosos como éste: “…a menos que, para asombro de todos, los Kirchner se resignen por fin a cohabitar amablemente con un Congreso dominado por la oposición y con un Poder Judicial que ha elegido hacer gala de su independencia, los conflictos políticos se intensificarán tanto que el país no tardará en volverse ingobernable. En tal caso, a la oposición no le quedaría otra alternativa que la de intentar ‘destituir’ a Cristina mediante un juicio político…”. Cuestiones similares sugieren periodistas de Clarín y La Nación. Julio Blanck de La Nación dice en la edición de hoy que: “…en más de una cabeza empezó a rondar el adelantamiento de los tiempos institucionales”. Se replicaron en los grandes medios declaraciones de Elisa Carrió, como no podía ser de otra manera, donde la dirigente –ya sin ningún rastro de progresismo y en verdad con un evidente desequilibrio mental- afirma que la presidenta: "Se está poniendo definitivamente al margen de la ley y de la Constitución y por eso es una Presidente de facto, una Presidente de hecho”. En esa línea el PRO, a través del presidente del bloque de ese partido la Legislatura porteña, Cristian Ritondo, dijo este tipo de cosas: “…estamos ante un Gobierno desbordado, incapaz (…) la señora Presidenta es la segunda patagónica que hace la gran Robin Hood. (Horacio) Massachesi (sic), el ex gobernador de Río Negro, por mucho menos, fue condenado a 3 años de prisión e inhabilitado por perpetuidad a ocupar cargos públicos (…) nos pone al borde del vacío institucional…”. En un país que salió de la crisis financiera mundial del año pasado muchísimo mejor que otros, que tiene indicadores macro envidiables, sin antecedentes en los gobiernos democráticos anteriores, que con la reciente asignatura universal por hijo se ha reafirmado como el país más igualitario de Latinoamérica –mucho mejor que los ‘modelos’ de Chile y Brasil de los que contínuamente habla la oposición-, entre otras cosas, habría que analizar un poco por qué el gobierno enfrenta una guerra a muerte de los medios con el respaldo de gran parte de la oposición. Que el país tiene problemas, que el gobierno comete errores, nadie lo duda, pero en verdad no justifican tamaño nivel de hostigamiento mediático y opositor, más si tenemos en cuenta los pobres y hasta nefastos resultados de gestiones anteriores, como los dos mandatos de Menem, el breve lapso de la Alianza y la seguidilla de presidentes hasta Néstor Kirchner.

Hace poco esta agencia le preguntó al dirigente radical Oscar Machado sobre el tema de la encuestas al hablar de los posibles candidatos a gobernador para el 2011 en la provincia, y respondió algo muy interesante: “La dictadura mundial de los medios de comunicación y de los medios informáticos, no me refiero solamente a los canales, han generado una práctica de clavar una tendencia y después que lo que se clava como tendencia resulte cierto; pareciera que el fenómeno es la inversa, primero hay que decir que fulano de tal tiene que ser el candidato, hay que alimentarlo con los medios y después la gente acompaña, adhiere a este tema. Es una técnica lamentable porque genera volatilidad política como la que hemos vivido en los últimos años”. Hay dos cuestiones aquí que son reales. Primero, que es verdad esto de la ‘dictadura’, el peso que tienen los grandes medios de comunicación que pasaron de ser el cuarto poder al primer poder, y “en un acuerdo impresionante con el poder económico”, como sentenció Noam Chomsky, manejan, concentran y hacen circular la información. Esto se da a nivel mundial y a nivel nacional. Se imponen contenidos informativos y culturales de arriba a hacia abajo. En segundo lugar la cuestión del marketing, propio de estas sociedades cada vez más mediáticas, donde la información es una mercancía, no sólo con valor de uso, sino con un valor expansivo de cambio. Si se ‘clavan’ candidatos es porque se utilizan las técnicas del marketing, publicitarias, donde no importa el qué decir sino el cómo decir. Por eso se miente y se manipula; tal o cual candidato no se impone por sus ideas, por sus méritos y capacidades intelectuales, sino porque el medio ‘lo clava’ en la conciencia de la gente. Pero en realidad utilicé estos dichos de Machado para expresar otra cosa. Creo que los grandes medios en la Argentina (el grupo Clarín -y aquí hablamos no sólo del diario, sino de TN, Radio Mitre, DyN, Supercanal, etc.-, La Nación, el grupo Vila-Manzano, es decir, los que controlan el flujo informativo en el país, le han declarado hace ya tiempo, como ya dije, una guerra a muerte al gobierno nacional. Fundamentalmente por respuesta a algunas de las medidas más progresistas y estructurales que impulsó con valentía el ‘kirchnerismo’. Estamos hablando especialmente de las retenciones agropecuarias, la reestatización del sistema jubilatorio y la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Ésta última es la que más les duele porque apunta al corazón de sus intereses económicos basados en el manejo monopólico de la información. Pero los otros dos también, no sólo porque expresan a sectores importantes del poder económico sino porque ellos mismos tienen sus negocios entrelazados con otras actividades, como la agropecuaria en los casos de La Nación y Clarín. Lo cierto es que cuesta encontrar otra etapa de la historia argentina donde se distorsiona, se miente y se manipula la información en contra de un gobierno como pasa en la actualidad. Días atrás en un artículo de Página 12 el periodista Eduardo Aliverti escribió: “El firmante confiesa sólo la obligación profesional lo mueve a continuar prestando atención puntillosa a la mayoría de los diarios, programas radiofónicos, noticieros televisivos. No es ya una cuestión de intolerancia ideológica sino de repugnancia, literalmente, por la impudicia con que se tergiversa la información, con que se inventa, con que se apela a cualquier recurso, con que se bastardea a la actividad periodística hasta el punto de sentir vergüenza ajena. Todo abonado, claro está, por el hecho de que uno pertenece a este ambiente hace ya muchos años, y entonces conoce los bueyes y no puede creer, no quiere creer, que caigan tan bajo colegas que hasta ayer nomás abrevaban en el ideario de la rigurosidad profesional”. Y sí. Habría que acudir a los antecedentes de Yrigoyen, Perón e Illia para encontrar una situación parecida. También la prensa actuó duramente con Alfonsín (de hecho hay varias similitudes, desde el enfrentamiento gobierno-Clarín hasta la confluencia de sectores agropecuarios más antinacionales y conservadores con una parte de la Unión Industrial, que a finales del alfonsinismo se denominó Grupo de los Siete), pero no llegó a los niveles de los ataques actuales y además había más medios estatales y otros independientes en esos años que defendían o reivindicaban algunas políticas del gobierno. “La caída de Illia” de Miguel Ángel Taroncher describe claramente que el poder mediático de la época fue esencial para generar el golpe de Onganía del ’66. Cuando el autor del libro describe cómo actuaban los principales medios escritos para generar el clima destituyente –hay que recordar que le televisión en esa época no ejercía su primado- escribe : “…encontramos, de forma general, las siguientes convergencias temáticas: que el presidente carecía de resolución; que el radicalismo en función de gobierno estaba tan concentrado en ‘la lógica electoralista’ que dedicaba insuficiente atención a sus obligaciones administrativas; que el gobierno era lento para resolver los problemas sociales políticos y económicos; que la economía se hallaba estancada, que no había una respuesta firme a las amenazas contra el orden público; que el ejecutivo confundía la nación con su partido y gobernaba en función exclusiva de sus intereses; que era sectario y excluyente; representaba al pasado, a una Argentina agropecuaria arrasada por la crisis de 1930 y que, en resumidas cuentas, se hacía insoslayable un golpe de estado y un líder con autoridad para resolver la crisis argentina”. Palabras más, palabras menos, cambiando radicalismo por kirchnerismo y golpe de estado por ‘salida institucional’ o algo parecido, en el futuro seguramente algún libro describirá de esta forma cómo actuó el ‘poder mediático’ contra el gobierno de Cristina. Hay que recordar además que tanto en aquellos años de Illia como ahora con Cristina uno de los que siguen ‘bajando línea’ es el mismo: Mariano Grondona. No es casualidad que los gobiernos que más ataques recibieron del ‘poder mediático’ son los que llevaron adelante políticas más de fondo para favorecer los intereses populares. Por el contrario, el ‘poder mediático’ fue ‘objetivo’ y concesivo con los gobiernos que tomaron las medidas más antinacionales y antipopulares, como en los años de la dictadura y el Menemismo.

Pero en realidad lo que más preocupa no es esta campaña feroz de los medios, sino cómo gran parte de los partidos de la oposición, incluso algunos de raigambre popular y que se consideran progresistas, hayan resignado su rol, su ideología, sus programas, y repitan la bajada de línea de los medios. ¿Cómo se explica sino que actúe ‘unida’ una oposición con partidos que por historia y programa son tan distintos? Porque no es que actúan juntos una vez, lo hacen casi siempre. La consigna es el antikirchnerismo, oponerse a todo lo que saca el gobierno, utilizando los argumentos casi siempre mentirosos de Clarín, La Nación y compañía. Bajo esa regla sin dudas es ‘fácil’ que exista, como existe hoy, una oposición unida. Y por eso me permito hacer una paráfrasis de lo que dijo Machado: así como se ‘clava’ un candidato se ‘clava’ una consigna que la oposición toma y la transforma ‘en verdad’ política. Aclarando que sé que a Machado no le va a gustar mucho que se utilice lo que dijo para defender al gobierno, ya que también él es antikirchnerista y está orgánicamente encolumnado con la línea del comité nacional de la UCR. Los medios han ‘clavado’ que el país está muy mal y que ‘la pareja ‘presidencial’ o directamente Néstor Kirchner se llevan todo por delante, cuando no hay ningún indicador real que de sustento a esas afirmaciones. No se les perdona los avances contra los poderes económicos y el desarrollo de políticas más redistributivas e igualitarias. Se muestran como ‘atropellos contra la república’ medidas constitucionales y legales que lleva adelante la presidenta. Se quiere el cogobierno del parlamento en un país presidencialista, donde el manejo de las finanzas es de responsabilidad única del Poder Ejecutivo nacional. Se quiere voltear un manejo más progresivo de la deuda –en línea con la política de desendeudamiento que se ha llevado adelante- por otra basada en el ajuste o el nuevo endeudamiento o las dos cosas juntas. No se dice cuáles son los planes alternativos a los que se rechaza del gobierno. Ayer un periodista de TN, quizás por error, le preguntó a Federico Pinedo del PRO qué política llevaría adelante respecto a la deuda si fuera gobierno y el dirigente se excusó diciendo que ‘yo no soy gobierno, es el gobierno nacional el que debe saber qué hacer con la deuda’. Curiosa respuesta de alguien que precisamente es uno de los principales actores de la oposición que traba la política del gobierno nacional sobre la deuda. Uno espera que la sangre no llegue al río, a esta altura ningún dirigente serio puede decir que el gobierno nacional busque intencionadamente esta situación de ‘crispación’, porque si se habla de respeto de las instituciones hay grandes faltas desde el lado de la oposición, primero al permitir que siga como vicepresidente Julio Cobos, porque ese rol no puede ser ocupado por un representante opositor y con aspiraciones desde ese lugar a ser candidato a presidente en el 2011; después al quedarse con mayorías en el Congreso desconociendo la proporcionalidad que le corresponde como primera minoría al Frente para la Victoria , y en tercer lugar al obstruir el accionar del Poder Ejecutivo en cuestiones que le corresponden, como la elección de la presidente del Banco Central (resulta curioso que hayan defendido a Redrado y en menos de media hora rechazan el pliego de Mercedes Marcó del Pont, una economista prestigiada, alejada de las ideas hegemónicas liberales de los años 90’ y que ha dicho con claridad que no existe la posibilidad de una economía beneficiosa sin crecimiento, producción y generación de empleo; y no existe distribución del ingreso si este no está asociado al fortalecimiento del mercado interno. Si la oposición radical, socialista y de las huestes de Solanas rechazan este perfil, ¿qué no están diciendo?, ¿que quieren un economista ortodoxo, de los que siguen creyendo en las recetas del Consenso de Washington?). Creo, sinceramente, que los sectores más lucidos y verdaderamente progresistas del radicalismo, el socialismo y Proyecto Sur deberían empujar a que sus partidos abran alguna puerta de acuerdo con el oficialismo y se separen de la derecha más clara del peronismo disidente, el PRO y la Coalición Cívica. (APP)