jueves, 20 de mayo de 2010

BOLIVIA: EL ZAFARRANCHO MAGISTERIL (FRAGMENTO)

Tito Pedro Reynaga (Bolivia)
Son más de mil millones de dólares que pone el estado y millones más que ponen los padres de familia para sostener a sus hijos en la escuela, recursos valiosos para un pueblo pobre, para tener no más que educadores mediocres (los habrá buenos, con seguridad, pero no se nota), que encima trabajan de mala gana. Profesionales sumidos también en la degradación reinante en el sistema educativo. Hablamos de cosas como: que en cuatro años de escolaridad un niño campesino del Norte de Potosí apenas logra escribir su nombre, balbucear una lectura escolar y hacer sumas de no más de dos dígitos.

Ciertamente, los maestros ganan poco, sueldos que en la mayoría de los casos no pasan de Bs. 1300 ($US.185). Con lo que están orillados a un nivel de vida pobre y una imagen profesional de ínfima categoría --lo dice la percepción popular, lo vi cuando fui profesor del sistema fiscal--.

Una realidad que debe llamarnos a reflexión. Una situación que mantiene a más de 120 mil profesionales en la miseria. Mientras de su trabajo sólo se obtienen resultados penosos, con efectos que pesan definitivamente en el estado de postración de la economía del país y la degradación del sistema democrático. Sin exagerar, así como está, la educación viene a ser una real estafa al estado que invierte recursos, a las familias que con esfuerzo sostienen a sus niños en la escuela y a los mismos niños y jóvenes que insumen su tiempo y energías.

El tener más de 120 mil profesionales sub ocupados –los maestros trabajan sólo media jornada-- con sueldos que más parecen medios sueldos, constituye un evidente absurdo para la economía de la sociedad. Una irracionalidad que además de degradar a estos profesionales, perjudica fatalmente a la población en lo que de más importante tiene: la educación de sus niños y jóvenes.

Impresionante. Pero, a qué puede deberse esto. Cuál su causa. ¿Por qué tanta miseria? Se dirá: es que el trabajo de los maestros no está a la altura de las exigencias (ni en calidad ni en disciplina), que trabajan de mala gana, o que las autoridades no asumen sus responsabilidades, que a los estudiantes no les gusta hacer esfuerzos, que los padres de familia no se interesan en la educación de sus hijos, que los métodos didácticos no son adecuados, que los contenidos y el idioma son enajenantes y no corresponden a nuestras culturas ancestrales, que falta material didáctico, etc. Cierto, todo esto es cierto, y sin embargo, nada de esto es cierto. Porque estos, no son los problemas fundamentales de la educación. Sino, deficiencias derivadas de la pobre racionalidad organizativa y la inadecuada asignación de roles y responsabilidades del sistema. Problemas típicos de empresas en manos del estado, que se hacen más graves en estados como el boliviano, cargado de una fuerte tradición, y práctica, de uso corrupto del poder para beneficio de la autoridad, de espaldas a los intereses de la sociedad. Un estado que arrastra una suerte de colonialismo interno ejercido sobre una sociedad atrasada, pobre y de escasa institucionalidad democrática.

Los problemas de la educación en el país exceden la voluntad de los maestros, padres y estudiantes, y están lejos del interés y la voluntad de las autoridades, siendo asuntos enraizados en la estructura y funcionamiento del sistema. Son problemas, que deben ser encarados en esta dimensión fundamental. Cosa que hasta ahora no se ha intentado siquiera hacer, reforma educativa tras reforma educativa, enfrascados en ideas y criterios que privilegian temas y asuntos superficiales.

Cordialmente,

Tito Pedro Reynaga