viernes, 18 de junio de 2010

HONDURAS: DICTADOR LOBO ACOSADO POR EL GOLPISMO IMPUNE

TIEMPO (HONDURAS)
La denuncia del Presidente
(OSCAR MONACADA BUEZO)

Las recientes y reiteradas declaraciones del presidente de Honduras, Porfirio Lobo Sosa, en el sentido de que un grupo de hondureños conspira para derrocarlo, evidencian que en nuestro país desapareció – absolutamente - la institucionalidad, a raíz del golpe de Estado militar del 28/junio/2009. Ya antes de esa fecha, nuestra sociedad vivía, irrebatiblemente, en total precariedad democrática, toda vez que el sistema político local había implantado un bipartidismo electorero y corrupto, cuya única función era avalar y justificar el secuestro del Estado como fuente de negocios, y la captura de nuestros recursos naturales, ambas para beneficio exclusivo de una oligarquía criolla, donde predomina lo antinacional, la ambición desmedida y la carencia de imaginación y talento. No obstante, ahora, y en virtud de la impunidad, parecen decididos a darle el tiro de gracia al país, al intentar repetir su demencial delito, o al menos, al amenazar y coaccionar a la sociedad y sus líderes, ya que ven amenazados sus privilegios.

El Presidente, con su coloquial estilo, ha puesto los puntos sobre las íes, de lo cual podemos inferir que el tejido social, que mantenía artificiosamente unidos a los hondureños, está roto de muerte. Antes, había aceptado en forma expresa que lo ocurrido aquí fue un vergonzoso golpe de Estado, con lo que reconocía oficialmente la ilegalidad cometida. Además; hace semanas había criticado las insensatas decisiones de la CSJ al despedir a jueces disidentes, y, meses atrás, había clamado por justicia social, manifestando un sutil coqueteo con la posibilidad de una Asamblea Nacional Constituyente. Estos son, en suma, los “errores” cometidos por la figura presidencial, que originan las intrigas y conspiraciones delatadas. No obstante, debe recordarse, que nuestro Presidente guardó silencio cómplice antes, durante y después del golpe; craso error, por cierto, ya que un acto firme de su parte – en aquel momento - podría haber evitado el semejante conflicto social y la terrible crisis económica que nos destruyen; le habría llevado de todas formas a la presidencia, con posibilidades reales de reconocimiento y legitimidad, dado el descrédito del candidato liberal; habría ralentizado la insolencia y avaricia de los golpistas, pero especialmente la de sus patrocinadores, forzándoles a reflexionar mejor sus acciones, y en el mejor de los casos – quizá - a largarse con el rabo entre las piernas.

Pero no podemos conceptualizar con base en los “hubiera”, la realidad de hoy es diferente. Al tenor de sus mensajes, quisiéramos creer que Dn. Porfirio ha entendido que ya no es el líder del Partido Nacional, sino el Presidente de todos los hondureños y por ello deviene en la obligación de escuchar a las mayorías, dando pasos firmes y positivos para iniciar la solución de la crisis. Él no tiene otro camino, ya que se encuentra en una disyuntiva histórica, y debe por tanto hacer acopio del liderazgo e iniciativa de Ley que posee. O se acomoda, miserablemente, como los demás, prolongando nuestra agonía, o actúa con valentía e inteligencia, en consonancia con el momento, trascendiendo así en el tiempo y el espacio. Por ello, los hondureños esperamos que lo acontecido no sea un nuevo juego político, ni una improductiva medición de fuerzas o exaltación de egos, mucho menos un intento de victimizarse en busca de reconocimiento y legitimidad.

Es tan grave y espantoso el daño provocado a nuestra economía por los traidores que ejecutaron el golpe, que una nueva asonada nos hundiría en el cieno y la porquería por décadas, de allí lo insólito y descabellado de repetir la conjura. Infelizmente para Honduras, el cártel golpista continúa utilizando sus medios de prensa, escritos, radiales y televisivos, cuyos “periodistas y analistas” perdieron todo decoro, tornándose venales; por ello manipulan y mienten al pueblo, especialmente a un amplio sector de clase media, que permanece inconmovible e imperturbable, sucumbiendo al consumo desenfrenado de bienes que el sistema le impone, creyendo todavía - por su candidez y falta de estudio - en “sucesiones constitucionales”, cuando el mundo entero, más experimentado y culto, aisló y condenó al país por la barbarie cometida. Además, los conspiradores todavía reciben apoyo del fundamentalismo religioso, - católico y protestante - quienes recién se atrevieron a criticar al presidente Lobo por denunciar la trama en su contra.

Pero lo trágico es que el golpismo sigue amparándose en la impunidad y plena ausencia del Estado de Derecho, resultantes de tener instituciones como el Ministerio Público, el Comisionado de Derechos Humanos y una Corte Suprema de Justicia, - en opinión de muchos - totalmente desprestigiadas y contaminadas, por su participación en el golpe, lo que mantiene a la sociedad en total indefensión, y cuyo único medio para ponerlas al servicio del pueblo es la destitución o renuncia inmediata de todos sus miembros. Siendo de paso, estas acciones, – en conjunto con la remoción de los militares que hoy usufructúan la dirección de instituciones públicas dependientes del poder ejecutivo - las únicas que pueden generar el reconocimiento internacional, la reconciliación nacional y la desmilitarización de la sociedad hondureña, cuyas consecuencias serán funestas en el cercano futuro.

Las cartas están servidas y los escenarios planteados; es un asunto de dialéctica social. Lo bueno de estas tensiones es que producen cambios en el equilibrio de fuerzas, los que se espera sean de beneficio colectivo. El perdedor de siempre ha sido el ciudadano común. Por ello debe dársele escape a la enorme presión social que se ha desatado, y que a fin de cuentas es justísima porque al abrigo de una democracia de mentiritas, la miseria, la inequidad, el delito y la impunidad son la moneda corriente de la que el pueblo disfruta, y lo que nos mantiene divididos desde siempre, y no recientemente como algunos aseguran.