viernes, 28 de enero de 2011

YEMÉN SE ALZA CONTRA SU CORRUPTO DICTADOR Y AMENAZA DERROCARLO

EL MUNDO (ESPAÑA)

Yemen, la 'revolución rosa'... por el momento

Manifestantes en Saná, con su característico color rosa. | Afp

Manifestantes en Saná, con su característico color rosa. | Afp

  • El color del movimiento que exige el fin de Saleh está lleno de simbolismo

En Yemen no han dado tiempo a que Occidente bautice la revolución en ciernes con olor a flores. Han sido los propios promotores de las protestas quienes han elegido el nombre, y en este caso el color, que caracteriza el movimiento político-social que exige el final del régimen de Ali Abdulá Saleh, en el poder desde 1978, y reformas democráticas que acaben con las desigualdades y la injusticia.

En las marchas masivas vividas ayer en varios puntos de la capital, Saná, el rosa era el color mayoritario con la excepción del rojo, blanco y negro de la bandera yemení. Banderolas, pañuelos, enseñas, cintillos... Todos los participantes unificaron las protestas con el mismo color, en un guiño político doble: por un lado, se intenta simbolizar el carácter pacífico de las mismas, y por otro se destaca así el nivel de las marchas, por el momento de potencia intermedia.

La idea ha sido de la Asamblea Conjunta de Partidos, la organización paraguas formada en 2002 que agrupa a Al Islah, el partido islamista, al Partido Socialista Yemení y a tres formaciones menores, los naseristas, el partido Al Haq y la Unión de Fuerzas Populares. Según uno de sus diputados, el activista Shawki al Qadi, el color rosa corresponde a una escala con la que pretenden mostrar la intensidad de la protesta.

Comenzó con el violeta, cuando los diputados de su coalición comenzaron a acudir al Parlamento con prendas de ese color para manifestar su condena a la política del régimen de Ali Abdulá Saleh y, en concreto, por el proyecto de ley lanzado por el grupo parlamentario del presidente, el Congreso Popular General, para modificar la Constitución despejando la vía para que Saleh se instale en el cargo, en el que lleva 32 años, de forma vitalicia.

Una triste tendencia

Es más: la oposición denuncia los intentos del dictador para entregar en herencia el cargo a su hijo Ahmad, responsable de la Guardia Presidencial, siguiendo una tendencia muy extendida en la zona: el libio Muamar Gadafi y el egipcio Hosni Mubarak preparaban el mismo tipo de sucesión, como viene ocurriendo en Siria, Arabia Saudí o Bahrein entre otros países de la región. Saleh lo desmiente, pero entre las consignas de los manifestantes, que ayer salieron a miles a las calles de la capital, destacaban "No a la renovación del mandato" y "No a la transmisión hereditaria del poder", así como "La hora del cambio ha llegado".

Qadi explicaba en declaraciones recogidas por el New York Times que, en la nueva fase, ha sido elegido el color rosa y que, en la última, el color que teñirá las manifestaciones será el rojo, si bien no ha aclarado qué tipo de acciones se adoptarán en ese periodo. Tampoco está descartado usar algún otro matiz cromático de forma intermedia. Lo cierto es que la unidad de los colores que pueden observarse en las calles yemeníes implica un alto grado de organización, inédito hasta ahora en las marchas opositoras que se habían producido.

Las protestas, que congregaron ayer a 10.000 personas sólo en la capital, vienen a desestabilizar un régimen aliado con Estados Unidos y pro-occidental que mantiene a su población oprimida e inmersa en la pobreza. A la falta de oportunidades -el desempleo alcanza el 35% de la población- y la desigualdad, se suma el hecho de que más del 40% de la población yemení sobreviva con menos de dos dólares al día y la rampante corrupción del Estado, razones más que suficientes para atraer a miles de yemeníes a la calle, máxime en un momento regional en el que las protestas sociales están logrando cambios.

La revuelta viene a sumarse a otros serios problemas del régimen, que combate la rebelión de los huthis -chiíes zaidíes históricamente abandonados por Saná- en el norte del país, al movimiento separatista del sur y la creciente influencia de Al Qaeda. Su rama regional, Al Qaeda en la Península Arábiga (AQPA), tienen en Yemen uno de sus principales socios regionales y el país es considerado por los expertos fértil para el extremismo dada precisamente la precariedad económica y la injusticia del régimen.