miércoles, 23 de febrero de 2011

LIBIA: GADAFI SE HUNDE Y ENCHARCA DE SANGRE A LA NACIÓN

EL PAÍS (ESPAÑA)

El régimen libio se resquebraja

Gadafi promueve un clima de guerra civil en las calles para sofocar la revuelta y mostrar fuerza pese a la cascada de dimisiones en el Ejército y el Gobierno.- Las ciudades del este celebran su liberación

AGENCIAS / IGNACIO CEMBRERO - Trípoli / Rabat - 23/02/2011

El régimen libio se resquebraja, pese al durísimo discurso que ayer pronunció el líder del país, Muamar el Gadafi. Cada hora se alarga la lista de militares, embajadores y altos funcionarios libios que dimiten, encabezados por el destinado en Washington, Ali Aujali, que sigue los pasos de los miembros de la representación libia en la ONU (salvo el titular). Los diplomáticos en Francia y ante la Unesco expresaron su respaldo "al pueblo en esta revuelta contra la máquina de la opresión", si bien no renunciaron. Sí lo hicieron los embajadores libios en Bangladesh e India. Las legaciones en Malasia y Australia emitieron comunicados de condena de la represión.

Cabeza de la revolución

Manifestantes y soldados lanzan consignas contra Gadafi en Tobruk.- REUTERS

A última hora, hasta el ministro del Interior libio y camarada de Gadafi desde los tiempos de la revolución de 1969, Abdulá Yunis, anunció su dimisión y su adhesión a la denominada Revolución del 17 de Febrero, que reclama la salida del dictador. El ministro pidió al Ejército que se sume a los manifestantes y respalde sus demandas "legítimas".

En las calles, la mejor imagen de este desmoronamiento se reflejaba anoche en la región oriental del país. La ciudad de Tobruk, una de las que han logrado ya escapar al control del Gobierno, celebraba su liberación con ráfagas de metralleta y manifestaciones de júbilo en las calles, según el enviado especial de la agencia Reuters. La alegría se desbordó en algunos momentos: mientras un grupo de manifestantes derribaron el monumento al dictador, otros rasgaban sus retratos y otros quemaban el Libro Verde, manifiesto político de Gadafi.

Testigos y periodistas que han logrado entrar en el país a través de la frontera terrestre por Egipto confirman que la segunda ciudad más importante del este, Musaid, está también en manos de los manifestantes. La prensa aún no ha llegado a Musratha, la siguiente localidad en importancia, pero varios testimonios aseguran que el Ejército se pasó ayer al lado de los rebeldes.

Mercenarios contra las "ratas"

Consciente de su debilidad, Gadafi intentó ayer crear un clima de guerra civil para sofocar la revuelta. El dictador compareció en televisión para amenazar con más muerte y destrucción y animó a sus leales a buscar "casa por casa" a los opositores: "ratas" y "drogadictos" a los que auguró "la pena de muerte". El régimen, además, está recurriendo a mercenarios de Níger, Ghana o Sudán para cubrir la escalada de deserciones en el Ejército: "Durante los últimos 10 días varios aviones han aterrizado en la capital libia con cientos de mercenarios de varios países africanos a bordo", aseguraba al diario The New York Times un vecino de la capital.

Anoche, el Gobierno ofreció su primer balance oficial de víctimas desde que comenzaron las protestas, hace una semana. El responsable de relaciones generales del Ministerio de Interior libio, Naji Abu Hrus, que se ha hecho cargo de la cartera tras la dimisión del titular ayer, informó anoche en una conferencia de prensa ofrecida por la televisión estatal de que los muertos por los disturbios son 300, de los que 189 son civiles y 111 pertenecen a las fuerzas de seguridad.

Una cifra que contrasta con la recabada por Human Rights Watch, que calcula unos 300 muertos civiles. Aunque la organización no ha ofrecido un balance global, ayer informó de que al menos 62 personas han fallecido en Trípoli desde el domingo, y hasta ese día había sumado alrededor de 223 fallecidos en todo el país.

Gadafi promete morir matando

Muamar el Gadafi se aferra rabioso al poder. "Nunca me iré, moriré como un mártir", espetó ayer el dictador en un discurso interminable (75 minutos) en su primera intervención pública en directo desde que, el 15 de febrero, estalló la revuelta en Bengasi, a unos 1.000 kilómetros al este de Trípoli, y que el dictador ya tiene a las puertas de su palacio. Gadafi, de 68 años, instó a los libios a que "le amen" y a hacer frente a "las ratas que siembran los disturbios" en el país. E insistió, colérico: "Si yo fuera presidente os tiraría mi dimisión a la cara, pero yo soy el líder de la revolución, cogeré mi fusil, permaneceré en Libia y derramaré hasta la última gota de mi sangre".

Lleva 41 años, 5 meses y 22 días al frente de Libia y aún se agarra a ese título de "líder de la revolución" que no figura en el protocolo del Estado, pero que, en realidad, le otorga todo el poder. Por eso anunció ayer que "no se retirará como hicieron otros presidentes" árabes, porque él es "el líder de la revolución" y para seguir siéndolo "está dispuesto a purgar casa por casa". Sus palabras, desconectadas de la realidad, recuerdan aquellas pronunciadas por los presidentes tunecino, Zine el Abidine Ben Ali, y egipcio, Hosni Mubarak, días antes de abandonar el poder.

Vestido con una túnica marrón, Gadafi apareció ante las cámaras en un marco cargado de símbolos. Llevaba en una mano su Libro Verde, publicado en los setenta con algunas de sus reflexiones "revolucionarias". A sus espaldas estaba la que fue su residencia, que la aviación norteamericana bombardeó en 1986. Nunca la reconstruyó.

Gadafi advirtió que las personas que se paseen armadas "son susceptibles de ser condenadas a muerte". Anticipando la virulencia de lo que podría ser la próxima ola de represión invitó a los libios "a sacar a los niños de las calles". "Vuestros hijos morirían sin motivo, mientras que los de los líderes del movimiento están bien escondidos en Europa y en Estados Unidos".

A diferencia de los otros jefes de Estado destronados, en su discurso Gadafi apenas hizo concesiones y sí profirió múltiples amenazas contra su pueblo. Reiteró hasta la saciedad que no dimitirá. "No tengo poder", afirmó contra toda evidencia. "El poder está en manos de los comités del pueblo". "¿Queréis que Libia sea como Somalia?", preguntó aludiendo al país más caótico del mundo. Y se contestó a sí mismo anunciando una represión similar a la de la plaza de Tiananmen, en Pekín, que en 1989 costó la vida a cientos de manifestantes. El líder también denostó a sus adversarios. Los jóvenes de Bengasi que convocaron en Facebook el Día de la Ira fueron "engañados", sostuvo. "Son unos jóvenes de 16 a 17 años que se drogan, se emborrachan, y que están manipulados por los agentes de los servicios secretos extranjeros".

Su único gesto apaciguador consistió en anunciar una vaga descentralización del poder, cuyas líneas maestras, precisó, serán explicadas por su hijo, Saif el Islam. Las palabras de Gadafi fueron acogidas con la misma ira que las del hijo, en su discurso televisado del domingo. En Bengasi la imagen del líder, en directo en la televisión, fue proyectada sobre la pared sin ventanas de un edificio, y una multitud la seguía mientras le tiraba piedras, según varios vídeos en Youtube.