sábado, 19 de marzo de 2011

LIBIA: GENOCIDA GADAFI BOMBARDEA BENGAZI SIN PIEDAD

ABC (ESPAÑA)

Gadafi asalta Bengasi, principal bastión de la resistencia, a sangre y fuego

Decenas de muertos y cientos de heridos tras más de diez horas de durísimos ataques por tierra y mar

Día 20/03/2011
Muamar Gadafi logró su objetivo. Pocas horas después de decretar un alto el fuego unilateral sus fuerzas comenzaron el ataque por tierra y mar sobre Bengasi causando «decenas de muertos y cientos de heridos», según fuentes médicas de unos hospitales en los que las morgues también guardaron cuerpos de los paramilitares enviados por Gadafi abatidos por fuego rebelde. Durante toda la noche y parte de la mañana la artillería libia descargó sus municiones contra la capital rebelde provocando un éxodo masivo de civiles que huyeron en dirección a las ciudades del norte o directamente a la frontera con Egipto. Las 24 horas de desconcierto provocadas por el anuncio del cese de las hostilidades y la invitación a observadores de Naciones Unidas al país sirvieron para infligir el primer gran castigo a la ciudad que se levantó el pasado 17 de febrero contra el régimen y donde tiene su sede el Consejo Nacional rebelde.
Pese a las más de diez horas de ataque, las escaramuzas en los barrios del sur, el espectacular derribo de un avión –que al final resultó ser un aparato rebelde abatido por fuego amigo- y el testimonio de los miles de civiles huyendo, el gobierno de Trípoli siguió manteniendo su guión de mentiras y declaró que «no hay ataques sobre Bengasi porque estamos respetando el alto el fuego», según declaró el portavoz del ejecutivo, Musa Ibrahim, a la agencia Reuters. La misma tesis defendida por el número dos de Exteriores, Khaled Kaim, ante la cadena británica BBC al asegurar que «el alto el fuego es real, creíble y sin fisuras. Esperamos recibir observadores internacionales lo antes posible». Y seguro que no les falta trabajo ya que, además de Bengasi, el líder libio siguió con su intento de reconquistar Ajdabiya, 150 kilómetros al sur de la capital rebelde, y Misrata, el último feudo de los opositores al oeste del país.
El líder rebelde, Mustafá Abdul Jalil, declaró a la cadena Al Yasira que Muamar Gadafi trata de «exterminar a la población de Bengasi» e hizo un llamamiento a la comunidad internacional para una «intervención inmediata». El portavoz militar del Consejo, por su parte, denunció el ataque «premeditado a centros sanitarios» y alabó la actitud de sus fuerzas que «supieron hacer frente a la ofensiva» y lograron «la captura de cinco miembros de sus fuerzas especiales, además de diez vehículos».
El problema del régimen libio es que por primera vez en cuatro décadas no controla del todo los medios de información y decenas de enviados especiales de todo el mundo trabajamos en Bengasi para contar lo que está pasando, no lo que Trípoli quiere mostrar. Los rebeldes tratan de contrarrestar la maquinaria de propaganda oficial difundiendo noticias sobre ataques directos contra el palacio de Gadafi en Trípoli o la liberación de Sirte, la ciudad natal del dictador y su auténtico bastión. La llegada de antiguos militares de la guerra del Chad que por su oposición al régimen tuvieron que huir de Libia y que ahora han vuelto para unirse a la revuelta es uno de los argumentos de peso que utilizan los opositores para fundamentar unas acciones militares espectaculares que elevan el ánimo de la gente, aunque nadie está del todo seguro de su autenticidad.

Calma tensa

Las calles están desiertas. Persianas echadas y un silencio tenso son la estampa de una Bengasi herida por el ataque de Muamar Gadafi. El coronel cumplió su promesa, sus hombres atacaron desde el sur y oeste y algunos de sus paramilitares entraron a pie en los barrios periféricos, sin llegar al centro urbano, pero no ha culminado de momento su amenaza de ir «casa por casa, calle por calle limpiando la zona de terroristas».
Al caer la noche, la euforia provocada por la llegada de los primeros aviones franceses al espacio aéreo libio y sus disparos contra tanques de Gadafi al sur de la ciudad reforzó el ánimo de unos rebeldes cuya única oportunidad en el campo de batalla está en manos de la comunidad internacional. En los puestos de control se podía ver más voluntarios de lo habitual, armados con cualquier tipo de fusil y con prismáticos para el avistamiento de aviones, aunque en los últimos tres días no haya volado un solo aparato de Gadafi. El coronel clama venganza y por eso aquí nadie baja la guardia, todos saben que sus hombres siguen al acecho y que en las próximas horas pueden iniciarse de nuevo las hostilidades.