miércoles, 13 de abril de 2011

LIBIA: EL VERDADERO PLAN

Por Flavio Dalostto

No es el que la dictadura de Gadafi haya sobrevivido más por la solidaridad de Hugo Chávez, Daniel Ortega o Fidel Castro. Gadafi sobrevive por el manejo discrecional de la fabulosa fortuna amasada con petróleo libio y dinero europeo que le ha permitido armarse hasta los dientes y contratar miles de mercenarios africanos. Al fin y al cabo, el hijo del dictador le ha dicho al presidente venezolano que no se meta con los temas de Libia, porque consideraba que no tenía ni idea donde quedaba el país africano. Pero, el apoyo moral de esos tres líderes de la izquierda latinoamericana, le ha dado al régimen, al menos un poquito de "ánimo", asistencia espiritual y ha provocado una crisis ideológica de las mayoría de los movimientos de izquierda y antiimperialistas en América Latina sobre como posicionarse sobre el tema. En suma, se enojan entre sí por algo que sucede a miles de kilómetros, pero como todos se jactan de ser "internacionalistas", se ven a sí mismos afectados, porque lo "claro" se ha vuelto borroso, y la inmaterial se ha vuelto material.

La primavera árabe y la revuelta de Bengazi en Libia, removieron las bases del régimen de terror de Gadafi, tildado ingenuamente por unos y aviesamente por otros de "socialista", "antiimperialista" y no se cuantas idealizaciones más. A los imperios occidentales, que hacían magníficos negocios multimillonarios con la familia Gadafi, les vino bárbaro, porque tuvieron la excusa de deshacerse de un socio brillante e indeseable a la vez. Es que Gadafi es impredecible. Hoy puede estar aliado con el verdugo de su hija y mañana de los extraterrestres. No tiene principios, solo intereses. En ésto, no tiene diferencias con Estados Unidos, quien como ya sabemos "no tienen amigos permanentes, sino intereses permanentes". La no renuncia de Gadafi ante el levantamiento heterogéneo contra su dictadura y su inexistencia de escrúpulos para bombardear a su propio Pueblo, le dieron a los imperios "morales" la excusa perfecta para invadir el cielo libio. Los Bengazíes, a los que ya les llovían las bombas, no tuvieron más que aceptar la ayuda del Diablo, para defenderse de Satanás. Cualquiera lo hubiera hecho, nosotros también. Solo se trataba de ganar tiempo, de prolongar la Vida un poco más, esperando que Gadafi tenga en el pecho lago similar a un corazón. Pero, como ya se vio, por más que horaden, adentro del pecho, el coronel solo tiene un hueco oscuro.

Tanto Chávez como sus medios de comunicación estatales que reflejan en eco, las ideas del venezolano, intentan presentar a los rebeldes libios como "separatistas"; y acusan a la rebelión de "monárquica" porque utilizan la bandera libia anterior a Gadafi, cuando el país era gobernado por el derrocado rey Idris. En esto, los medios "bolivarianos" no se diferencian de la manipulación mediática de la CNN y otros medios basuras de incomunicación. Ni los seguidores de Gadafi ni los rebeldes al régimen son separatistas. Si esto fuera así, cada fracción se hubiera conformado con una mitad de Libia, pero no resulta así. Los flujos y reflujos continuos del frente de combate nos hablan del deseo de cada uno de los bandos oponentes de ganar "Toda Libia". El sentimiento nacional libio, a pesar de las divisiones tribales y regionales se mantiene a salvo, pese a Gadafi, los imperios y TELESUR. Los rebeldes usan la bandera anterior libia (avisamente calificada de monárquica) para expresar su oposición a Gadafi, nada más.

Los imperios, alterados ya por las caídas de sus aliados "ideológicos" en Túnez y Egipto, a los que habrá de sumarse el dictador de Yemén, se vieron preocupados por la posibilidad que la rebelión libia decante en un nacionalismo islámico y les sea regateado el petróleo que tan bien les proveía Gadafi. Con Gadafi, su aliado ecómico, el flujo estaba más o menos asegurado. Con la rebelión en el gobierno del país, esto no es seguro. Por eso, los imperios vieron la posibilidad de intervenir, con la excusa de proteger a los civiles de Bengazi. En realidad, no les importa quien gobierne, sino que, como Gadafi, les garantice el flujo petrolero. Si Gadafi se hubiese ido, o buscado una renuncia honorable, en las primeras semanas de la rebelión, y se hubiese reorganizado el país hacia una transición, los imperios no hubieran tenido excusa para intervenir, ni hubieran sido avalados por sus Pueblos. Pero, el delirio de grandeza y la demencia de poder de Gadafi les garantizó la participación "humanitaria", promovida desde esa vieja multinacional terrorista que es la ONU. Cuanto más resiste Gadafi, más favorece y es funcional al imperialismo.

Porque los imperios nunca quisieron un triunfo de los rebeldes, los cuales podrían derivar en un gobierno democrática, islámico y nacionalista que exigiera trato de socios y no de peones en las relaciones internacionales. Es por esto, que la coalición imperial que podría haber acabado con el régimen de Gadafi a los 10 días de iniciar su intervención, se cuidó mucho de hacerlo. Ilusionó a los rebeldes con su "apoyo", pero en realidad lo que hacen (y ésto es más que evidente) es mantener lo más estable posible un frente de batalla que divida Libia en dos. Cuando Gadafi avanza demasiado, le ponen freno. Cuando son los rebeldes los que avanzan, se retiran y los dejan a la buena de Dios (o los bombardean con fuego amigo). Los imperios mantienen equilibrio, tratando que ambos bandos se agoten y se replieguen cada uno a sus dominios: Los rebeldes en Oriente (Cirenaica) y los gadafistas en Occidente (Tripolitania y Fezzán). No son los rebeldes los separatistas, sino los imperios para debilitar a Libia, y el propio Gadafi, que quiere aceptar la mitad de la torta, sino se la puede comer entera.

A los imperios les conviene una supervivencia del régimen de Gadafi (los hijos, su entorno) en el occidente libio -con la mitad del petróleo del país y la segunda reserva mundial de agua dulce (Hay un océano de agua fósil bajo el desierto, ¡segunda reserva mundial de agua dulce!)- y la formación de un gobierno rebelde sumamente debilitado y dependiente -con la otra mitad del petróleo y la mayoría de las terminales petroleras- en el oriente libio, controlando solo la mitad o un tercio del país. De la Libia Oriental saldría el petróleo, de la Libia Occidental, el agua dulce. Este gobierno rebelde con sede en Bengazi quedaría encorsetado y controlado entre el régimen militar de Egipto al oriente y un gadafismo superviviente y ávido de revancha al occidente. El gadafismo sobreviviente se vería obligado a entregar su agua y llevar el patróleo a través de la otra Libia para sobrevivir. Los estados del Sur empezarían a morder las fronteras y podrían surgir focos independentistas entre los inestables tuarég (70.000) y tibbúes (500.000) del sur, que son la única presencia humana en el desierto del Sahára.

El régimen gadafista no solo sobreviviría en el occidente libio, sino también en el nuevo gobierno rebelde -no olvidemos que el máximo lider de los rebeldes, fue hasta hace poco el ministro de justicia de Gadafi- Solo el Pueblo libio seguiría perdiendo como hasta ahora. Los imperios ganarían su petróleo y su agua, los lideres rebeldes indulto y negocios, y la familia de Gadafi un exilio o confinamiento de semidioses. El Pueblo Libio seguirá perdiendo.

Hay algo que desbarata el Plan de los imperios y de Gadafi para dividir a Libia en dos mitades exactas. La rebelde ciudad de Misrata (ubicada en el centro del occidente libio), heroico pueblo que resiste solo hace semanas el asedio despiadado de Gadafi está enclavada en el occidente de Libia (en la parte de la torta que los imperios le dejarían al gadafismo). Misrata molesta. Está, digamos, mal ubicada, y el sentimiento nacional libio en Bengazi la reclama como un hermana irrenunciable. Por eso la OTAN y los imperios la dejan a su merced. Se dedican a proteger "Bengazi" pero abandonan Misrata a su suerte.

Pero los Pueblos, lo estamos viendo, les llevan la delantera a sus líderes. Los libios han olido el Plan y se dieron cuenta que el supuesto plan de paz de la Unión Africana fue cocinado en Washington, para justamente, darle respiro a Gadafi y potenciar la ruptura del país. El "arminsticio" es el certificado de que los imperios quieren dos Libias. Una para los sucesores de Gadafi y otra para sus opositores. Los bengazíes rechazaron el Plan afro-norteamericano y lo repudian en las calles. La única garantía para que caiga Gadafi es sostener a Misrata; porque es el grano que arruina los planes de Washington y del entorno de Gadafi. En tanto, el Pueblo Libio, la gente común sigue muriendo y perdiendo.