jueves, 7 de abril de 2011

LIBIA: REBELDES RECHAZAN A LA OTÁN Y SE MANIFIESTAN FURIOSOS CONTRA LOS EXTRANJEROS OCCIDENTALES

TELAM
Bengazi, una olla a presión tras el ataque de la OTAN a los rebeldes en Libia

por Karen Marón
“OTAN, si no haces el trabajo que prometiste es mejor que dejes de apoyar al Consejo Nacional Libio”. Esa era la consigna que cientos de manifestantes encolerizados coreaban a los gritos frente a la sede de ese órgano de conducción de los insurrectos contra el gobierno de Trípoli.


Esta corresponsal pudo oírla perfectamente porque queda al lado del Centro de Prensa donde trabajan los periodistas extranjeros.

Los gritos, las peleas en la calle, la agresividad contra los periodistas que querían registrar las imágenes, están convirtiendo a esta ciudad en una caldera. Los ánimos están alterados, las emociones exaltadas.

Los manifestantes comenzaron a disparar al aire y los periodistas se retiraron hasta al fondo de la habitación, lo más lejos posible de las ventanas.

Ya ayer, Télam comprobaba que en las calles se producían inexplicables y espontáneas peleas entre personas armadas. Aunque los bengasíes se destacan por su amabilidad y calidez, esta tarde la ira se disparó.

Tras la noticia de que habían muerto rebeldes bajo el fuego de aviones de combate de la OTAN en una zona situada entre Brega y Ajdabiya, las manifestaciones se multiplicaron durante toda la tarde.

El portavoz militar rebelde, Ahmad Bani, manifestó que los bombardeos que se han producido en la carretera que une Brega y Ajdabiya los efectuaron aviones de las tropas gubernamentales de Kaddafi.

Aseguró que pese a la zona de exclusión aérea vigente sobre Libia “las huestes kaddafistas han transportado pequeños aviones hasta el aeropuerto de Brega, con los que han bombardeado posiciones rebeldes antes de que los detectase la Alianza”.

La OTAN está investigando este ataque erróneo de la alianza militar, ya que obligó a los combatientes a replegarse y abrió así una brecha que las tropas del gobierno de Libia aprovecharon para avanzar rápidamente en dirección a Ajdabiya y lanzar una contraofensiva en medio de la confusión.

Este avance ubica a 160 kilómetros de esta ciudad a las tropas del gobierno y está conmoviendo a toda la población. Son menos de dos horas de viaje. El ataque se lanzó desde el Oeste y el Sur. Las fuerzas del líder libio dispararon numerosos obuses y misiles Grad sobre los barrios occidentales.

“No tenemos miedo”, le dice en perfecto inglés a Télam un combatiente de 31 años que antes del inicio de la rebelión trabajaba como camionero. Hatm, como dice llamarse, está probando los dispositivos de un cañón montado sobre una 4x4 Hyundai.

Con Hatm están Ahmed, Kabdi y un grupo de logística que los prepara para un largo viaje... que podría no tener retorno. Todos están dispuestos a luchar en Ajdabiya.

Parten con sus armas y proyectiles, pero una hora después reciben una contraorden y deben retornar. La tercera ciudad libia está en manos del gobierno, y las armas y el entrenamiento no alcanzan para reanudar el combate de inmediato.

“Aquí no está Al Qaeda. Nosotros luchamos por la libertad. Y seguiremos hasta el fin”, reafirma Hatm.

Sin embargo, otra opinión se escucha mientras siguen preparando los pertrechos militares en el medio de una calle de tierra.

“Estos chicos sí tienen miedo. No están entrenados y no tienen armas. Sólo tienen su valor”, dice el profesor Fawzi Eldoumi, oriundo de Bengazi y con un doctorado en química obtenido en la Universidad estatal de Oklahoma.

“No hay punto de retorno. No podemos volver atrás. Si hubo cambios en Túnez y en Egipto, ¿por qué no aquí?", se pregunta este ex funcionario del Centro Internacional de Investigación en Regiones Desérticas con sede en la ciudad siria de Alepo.

Pero el doctor Eldoumi, al contrario de muchos bengasíes, no confía en la intervención humanitaria de la Organización del Tratado del Atlántico Norte. “Los países occidentales no quieren ayudar por razones humanitarias. Ellos quieren controlar toda la región árabe” Al atardecer llegaban a la ciudad familias hacinadas en automóviles y camiones que se unieron a los vehículos de los rebeldes que, cargados con lanzacohetes y ametralladoras, escapaban de la avanzada militar.

Al igual que en la Segunda Guerra Mundial, aquí no hay frentes fijos. El conflicto se convierte en una persecución entre milicias por el desierto. Las amplias llanuras y los terrenos desérticos hacen difícil fijar posiciones defensivas. Es un escenario bélico que permite a las unidades blindadas gozar de gran movilidad y capacidad de maniobra, lo que puede permitirle a las tropas del gobierno que responden a Muamar Kaddafi empujar a los rebeldes hasta esta ciudad.